La casa

La casa tiene un valor que va más allá de lo que contiene,  del refugio que proporciona y de la historia que arrastra. Una casa nos ancla en la tierra y la convierte en una patria. Para una familia una casa es un nexo de unión e incluso de desunión, pero nexo al fin.Rosa Regás

En estos últimos meses hemos visto y revisto en familia la serie "Una abuela de verano", protagonizada por Rosa María Sardá, con dirección y guión de Joaquín Onistrell y basada en la novela autobiográfica de Rosa Regás "Diario de una abuela de verano". Una serie de producción catalana, protagonizada por catalanes, cuyo escenario principal es una masía catalana. Genial! En el centro del ciclón generado en la casa por la confluencia de 12 nietos, una abuela, madres, padres y personas de confianza, está la Sardá, metida en un personaje que es difícil disociar de la actriz, inteligente, irónica, mordaz a veces, con dudas, pero decidida a meterse en charcos dialécticos con sus nietos y con sus nietas, tratando cualquier asunto que se nos pase por la cabeza, por espinoso que nos parezca.

La serie bien podría ser el temario de una clase de alternativa a la religión o de educación para la ciudadanía o como queramos llamar a esa asignatura imprescindible en la que nuestros hijos deberían tener el refuerzo de los aprendizajes que reciben en casa. Del respeto al prójimo, a la diversidad, a las otras creencias o a las otras opciones sexuales, del trabajo en equipo y del compañerismo, del compromiso y del esfuerzo. Además, aborda asuntos que nos atañen como personas o como grupo de forma brillante, tales como la contaminación ambiental, el maltrato o las crisis de pareja, sin olvidar la política o las relaciones con la iglesia.

Con perlas como: "Los valientes son cobardes que huyen hacia adelante" se intenta convencer a un nieto de que su temor a afrontar una determinada acción no es algo extraordinario, por que todos tememos a algo y todos nos sentimos fuertes en algo, en algo en lo que además somos buenos, solo hay que descubrir en qué.

Volviendo al principio, hemos pasado por pocas casas en nuestra vida en las que hayamos podido percibir el peso de esa definición primera. La mayoría de las casas no pasan de ser pisos, en bloque o en el campo, con más o menos gusto en la decoración, con más o menos calidad en la distribución de sus espacios, pero no dejan de ser cuatro paredes y un techo. Solo algunas trascienden esa cualidad formal y se convierten en algo más, en lugares capaces de hacernos sentir bien, de restañar heridas y de albergar vivencias compartidas memorables, solo algunas son auténticas patrias, lugares que no olvidamos y a los que ansiamos volver.

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21 de noviembre de 2013 - 05:00 h