Lo que admita

-Me ha dicho tres paladas de arcilla, una de arena... y ¿de agua? -preguntó el doctorando- ¿que cantidad incorpora en el amasado?

-Agua, la que admita -dijo el ladrillero.

-¿Pero cuantos litros?

-Los que admita, unos días más y otros menos. Voy viendo la pasta, la voy moviendo y cuando está en su punto dejo de añadir agua.

Fácil para el experto, inasible para el científico.

En una digresión programada, el profesor Diéguez nos contó esta anécdota de un doctorando que estuvo bajo su amparo. El alumno en cuestión, un estudioso de las técnicas ancestrales de fabricación de cerámica, decidió hacer una tesis relacionada con las fábricas de ladrillo artesano de la provincia de Sevilla, los llamados ladrillos de tejar. Este elemento constructivo se estuvo fabricando en localizaciones rurales aisladas, incluso apartadas varios kilómetros de aldeas y pueblos, allá donde se encontrara la materia prima de la que se componía, fundamentalmente arcilla y agua.  En una de las recogidas de datos preceptivas, comenzó a visitar metódicamente esos lugares remotos, donde ladrilleros de cuello cuadriculado, le iban contando los pormenores de la manufactura a la que llevaban entregados toda una vida, continuando una tradición que se remontaba a época romana. Los datos los recopilaba en una completa tabla en la que iba anotando meticulosamente las proporciones de cada uno de los componentes, fundamentalmente arcilla, arena y agua. Y aquí llegó el drama para el investigador en ciernes, pues la humedad con la que la arcilla y la arena llegaban al tejar era determinante para calcular la cantidad de agua que había que añadir... y desconocida en términos cuantificables a simple vista.

Este trío desestabilizador "lo-que-admita", es aplicable fundamentalmente a dos disciplinas: la construcción y la cocina. Y si no, recuerden la primera vez que su madre les relató la receta de, pongamos, el salmorejo, el arroz, la masa para unos roscos... Al llegar a la cantidad de aceite que había que añadir, ellas decían tan sobradas, -Lo que admita. -Mama por dios!!... lo que admita ¡¿cuanto es?!... Un drama doméstico, la constatación de que los saberes ancestrales necesitan de la experiencia para ser dominados.

Pero hay más ejemplos a nuestros alrededor, y si no, aquí van solo algunos:

-Agua a la masa de los ladrillos: la que admita -dijo el ladrillero.

-Aceite al salmorejo: el que admita -dijo mi madre.

-Harina a la besamel: la que admita -dijo la abuela.

-Bajada de sueldo a los funcionarios: lo que admitan -dijo el político economista.

-Rebaja del presupuesto en investigación: lo que admitan -dijo el político miope.

-Recortes en educación: lo que admitan -dijo el político esclavista.

-Mentiras y sandeces de nuestros gobernantes: las que admitamos... Esa es la verdad.

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3 de octubre de 2013 - 06:00 h