Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Shakira, Piqué... y el pasado

Shakira, Piqué y el pasado.

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Algo en mi cerebro tiene un extraño resorte. De repente, una imagen, una canción, o la frase que suelta el personaje en una película, dispara ese resorte provocando un chispazo que me lleva a unir ideas que estaban deslavazadas. 

¿Cómo pudo pensar Piqué que la colombiana, reina de las caderas, iba a quedarse “muda, absorta y de rodillas”, como diría Bécquer, ante una traición semejante? ¿Cuernos con una nenita con cara angelical y look de estudiante que a los dos días ya se paseaba con la suegra, esa vecina incómoda guardiana de su vida? ¿Y todo esto en silencio? 

En Navidades, huyendo de la telebasura adictiva de la que ya les hablé, me refugié en las series de Netflix. Volví a ver Miércoles, la que les recomiendo con entusiasmo, porque no se pueden decir cosas más brillantes y divertidas, a la par que reales, desde un feminismo sin tonterías, ni falsos postulados, como las que dice Miércoles. Y también cayó la segunda parte de Sky Rojo, una serie durísima sobre el mundo desgarrador de la esclavitud sexual, ese ante el que giramos la cabeza. Pero también una serie sobre el deseo de luchar, incluso hasta la muerte, para escapar de quien te trata peor que a un animal. A veces pienso que le reconocemos más derechos a mi perro que a muchas mujeres.

Y de repente escuché la frase: “El pasado es una puta ancla de 10.000 toneladas. Podrás ir a terapia, pero lo que uno es, no se borra”. Y saltó el chispazo, el que me hizo pensar en mi pasado, en el de tantos pasados que conozco en una vida dedicada a escuchar pasados, de explotados y de explotadores, de agresores y víctimas, de los que creen haber alcanzado la gloria y de los que sienten que su vida es pura miseria y entonces comprendí que Wendy, esa esclava sexual de Sky Rojo, llevaba razón.

El pasado es esa ancla que nos hace ser como somos y Piqué debió prever qué Shakira, su otrora diosa, la que tiene su propia ancla en forma de canciones, aquellas llenas de amor que en el pasado le dedicó, sigue siendo la misma que necesita expresar lo que siente cantándolo al mundo entre notas musicales. 

Pero Sky Rojo es una serie también llena de esperanza y de la fuerza que el pasado al que estamos anclados nos da para librar cada batalla. Porque la vida son batallas, las batallas infinitas de cada día.

“Perdimos una batalla, pero no la guerra”. Le dice en la serie un proxeneta a otro cuando las chicas escapan. Y es que hasta cuando se es malo, la condición humana mantiene la esperanza de seguir siéndolo. Hasta el mismo instante de la muerte hay esperanza y todas esas batallas que libramos cada día. Se ganen o se pierdan. Ni siquiera importa. Porque el día que no las haya, no habrá nada. 

Sí, el pasado es un ancla para todos. También para Capitulares, donde parece que se nos viene el lado oscuro. ¡Darth Vader te esperamos! 

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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