Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

El serbio y la soberbia

Djokovic

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Un cuadrado no podrá entrar nunca en un círculo. Así lo dice el narrador al principio en la película “ El gran baño”, un “Full Monty” a la francesa con muchas nominaciones y un trasfondo que te reconcilia con la vida. Una película de perdedores que se encuentran en el peor momento de sus vidas y juntos consiguen salir a flote de sus hondas miserias. 

Son lo contrario a la soberbia. A los poseídos por el sentimiento de superioridad, a los que se sobrevaloran, que no admiten la corrección de nadie, que exigen admiración y sumisión a su voluntad. Que dispensan al resto un trato distante y hasta despreciativo. Son lo contrario a los Djokovic de la vida. 

Cuando escribo esto al serbio le han cancelado nuevamente la visa, ha sido detenido, está reunido con sus abogados y pendiente del nuevo juicio en el que se determinará si es deportado, o puede permanecer en Australia y jugar el Open. Ese que él da por ganado y con el que ya se cree el tenista con más títulos Grand Slam de todos los tiempos.

Lo peor de todo no es tener que soportar una vez más la soberbia del serbio, esa con la que rompe raquetas, las tira al público, vocifera a jueces, protesta la bola y trata al resto de mortales con la punta, sino que haya quien le aplauda y lo quiera convertir en estos tiempos en el “símbolo del mundo libre”… ¿de qué mundo? ¿qué libertad? ¿la de mentir? ¿la de ocultar datos? ¿la de falsificar documentos? ¿la de despreciar la salud de los demás?

El tenis no es mi pasión y a Rafalín Nadal lo admiro más por su sencillez y humildad que por sus 20 títulos de gran slam, esos que hacen que este Open sea el momento en que el serbio y su soberbia y el español y su humildad se iban a jugar, además, entrar en el olimpo de los dioses sumando uno más a los 20 títulos que cada uno tiene.

Pero no podemos caer en el juego sucio del otro serbio soberbio, el Presidente, que vocifera que se trata de un “acoso” del gobierno de Australia y del mundo para “prohibir a Novak ganar el trofeo por décima vez”. No, perdone, se trata de impedir que un caradura, fullero, rompe raquetas, prepotente, mentiroso y falseador de datos oficiales, se salte las normas y sea ejemplo de algo y menos de libertad y juego limpio. 

La medicina contra los soberbios son las reglas y su imposición. Poner límite a esa superioridad con la que se creen intocables. Exigirles el cumplimiento estricto de las normas. Exactamente igual que al resto de los mortales. 

Espero no equivocarme y que el serbio soberbio no juegue el Open de Australia. Y luego celebrar la victoria del que gane y lo haya merecido. Sentir, como los hombres de esa película de perdedores, que a veces la justicia existe más allá incluso de una sala de vistas. Y que de vez en cuando, solo de vez en cuando, hasta es posible que un círculo pueda entrar en un cuadrado. 

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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