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Sobre este blog

Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

Traumas que supero al contarlos - Parte I

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Ese es el mueble de mi cocina, separado en dos partes. Una es un módulo con dos puertas y otra es una estantería. Los dos pesan un quintal. Debajo del módulo de dos puertas hay dos estanterías de ikea que lo alzan, porque me pillaba bajo, y entre uno y otro hay otra estantería larga, donde aprovecho pa poner un calentador de agua y las medicinas.

Visualizad...

¿Ya?. 

Ea... pues ahora imaginad que anoche a las dos y pico llegué de currar sin sueño... Vamos, que eran las seis de la mañana y tenía la música del circo en la cabeza. 

Coño, que tiré hasta de un vídeo -de esos que te mandó una amiga un día y nunca viste- de meditación ( 50 minutos) y na más que me daba por lloriquear.

La cosa es que consigo dormirme con 827362782 valerianas y escucho un ruido en la cocina. Como de cristal roto.

La cosa es que me levanto zombie y veo que la gatilla chica ha estado enredando con los cables del calentador de agua y ha tirao un bote de nocilla enterito y la cocina está llenita de cristales con crema de cacao.

A todo esto yo estoy descalza, en bragas, y dormida.

No sé qué coño hago pero se ve que doy un golpecito al mueble y se desliza unos centímetros de las dos estanterías de abajo y se cae pal lao. 

Imaginad. Yo en un lao sujetando los dos módulos llenitos de cosas. Que pesan a morir.

Medio sopa y sin haber dormido, me da un ataque de histeria. Todo está lleno de comida y, ni puedo levantarlo porque pesa como su puta madre, ni puedo vaciarlo porque no tengo manos. 

A todo esto recuerdo que voy descalza y en bragas y todo está lleno de cristales con nocilla.

Por suerte tengo el teléfono al lado y mando un mensaje a mi compi de piso pa que baje a ayudarme. Y, mala suerte, ella no está en casa y está trabajando en un bar a 30 metros. Pero está sola y no puede venir.

La gatilla chica de repente entra a la cocina por una rajilla de la puerta y grito como una posesa (por miedo a que se corte con los cristales) un "¡SAL DE AQUÍ AHORA MISMO!" con el temor de que, viviendo en un bajo, un vecino me grabe un "¡ANDREA, CÓMETE EL POLLO!" y acabe con mi carrera.

Mi compi de piso que no sabe mi situación, me dice: "pero ¿qué te ha pasao? Mándame una foto"...Pero es tarde.No tengo manos y el tfn se me ha caído.

Toda mi fuerza anda atrapada en que no se me caiga el mueble lleniiiiito de cosas. 

No puedo vaciarlo porque no tengo manos. Intento ponerme enfrente y comienzan a caérseme encima kilos de garbanzos, botes de cinco kilos de arroz partido pa guisar a los perros, latas...

Lloro.

Acierto a ver un whatssap de mi compi de piso que dice algo como que "si viene alguien de confianza al bar, que estoy sola, voy a ayudarte". Claro que ella no sabe que intento agarrar dos módulos de madera llenos de cosas que pesan 73637282 quintales.

El último bote de 5 kgs de arroz partido para guisar a los perros se me cae en la cabeza y entonces sé que puedo morir.

Pero claro, llevo unas bragas de los chinos mu feas y el pelo recogido en una coleta mu mal hecha. Qué menos que una muerte digna.

Un mechón de pelo de flequillo sobresale, que me queda mono, pero es que llevo una coleta tirante ¡Y UNA OREJA FUERA!. ¡No puedo morir así!. 

Mientras latas de tomate de kilo me llueven sobre la espalda, intento al menos meterme la oreja por el pelo de la coleta, llorando como una magdalena... pero, no, no solo no lo consigo sino que con el esfuerzo de sujetar el mueblaco con una sola mano... ¡ME HAGO UN POCO DE PIPÍ!. 

¡No puede ser! Voy a morir en bragas de los chinos, con coleta, con una oreja fuera y ¡MEADA!! ¡Qué coño dirá el forense!

Como puedo, intento asegurarme de lo de si me he meao o no, agarro los dos módulos con un brazo y con la mano libre, megallorando, agacho la cabeza y pego un pellizco a la parte de la toallita de las bragas mientras kilos de garbanzos y latas de atún aporrean mi cerebro ...Y... ¡ME HE MEAO UN POCO!. 

No te puedes morir, Rakel!!! Eres una artista!!!

NO PUEDES MORIR EN BRAGAS DE LOS CHINOS, CON UNA COLETA Y UNA OREJA FUERA, MEADA.....

No quiero ni contar como ese argumento me ha dado fuerzas para ir tirando todo lo de las estanterías al suelo, sacar a la Hulk que llevo dentro para volver a subir el módulo de abajo a las dos estanterías de ikea, barrer y fregar la cocina llorando como una loca... E irme a currar a las ocho en punto.  

Y ahora voy a llorar lo que no me ha dado tiempo... Juro. 

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Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

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Publicado el
13 de marzo de 2021 - 07:00 h
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