Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Lee ya las noticias de mañana
Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

De Torre Pacheco a Ceuta: la datificación del cuerpo como arma de guerra

Concentración en apoyo a Ceuta

Sergio Gracia

11 de octubre de 2026 19:54 h

0

Hay episodios que no se entiende únicamente por lo que ocurre en la calle, en una frontera o en una pantalla. Se entienden también por el modo en que determinados cuerpos son leídos, clasificados y convertidos en una amenaza. Torre Pacheco y Ceuta, aunque responden a contextos distintos, muestran un mismo mecanismo, como es la transformación de personas concretas en perfiles sospechosos, donde vecinos, jóvenes o migrantes han dejado de ser personas, y se han convertido en cifras, etiquetas u objetos de vigilancia.

No es una novedad que sectores de la extrema derecha conviertan la inseguridad en herramienta política. Lo novedoso es la velocidad y la precisión con la que hoy pueden hacerlo. Cada vídeo descontextualizado, cada bulo difundido en un canal de mensajería, cada imagen repetida hasta el agotamiento o cada etiqueta convertida en tendencia alimentan una arquitectura de sospecha. El cuerpo deja de ser una biografía y pasa a ser un dato, donde la edad, el origen, la religión, el barrio, la vestimenta o el acento, mezclados sin rigor, se venden como “prueba” de peligrosidad.

Del vecino al perfil

La datificación del cuerpo consiste precisamente en eso, en reducir a una persona a información susceptible de ser clasificada, vigilada, compartida y explotada políticamente, no se trata sólo de las bases de datos institucionales o de las tecnologías de reconocimiento; también actúan las bases de datos informales que construyen las redes sociales. Capturas de pantalla, vídeos cortos, mapas improvisados, listados, rostros señalados y comentarios que identifican a alguien como “uno de ellos” producen una frontera simbólica incluso allí donde no la había.

En Torre Pacheco, la tensión social y la circulación de mensajes racistas evidenciaron cómo un hecho concreto puede ser empleado para construir un relato totalizador. El problema deja de ser un delito, una agresión o una responsabilidad, convirtiéndose, a ojos de quienes agitan el miedo, en la confirmación de que existe un grupo entero que debe ser controlado, expulsado o castigado. La excepción se vuelve identidad; la sospecha, una forma de pertenencia. 

Esa operación tiene consecuencias materiales. Cuando una comunidad es presentada como un bloque homogéneo y amenazante, aumentan la exposición al señalamiento de quienes padecen discriminación. La víctima potencial deja de acudir a denunciar porque anticipa que su palabra valdrá menos que el prejuicio acumulado sobre su cuerpo. Así, la infradenuncia no es un efecto colateral, es una victoria de ese sistema de estigmatización.

Ceuta: el espectáculo televisado

Ceuta representa, un espacio donde el cuerpo del migrante ha sido leído durante años como instrumento de presión, crisis de seguridad o amenaza demográfica. La frontera no se limita a separar territorios, organiza jerarquías entre vidas que merecen protección y vidas que pueden ser reducidas a flujo, avalancha o problema de orden público. 

En este marco, las imágenes de personas llegando, esperando o siendo contenidas adquieren una enorme potencia política. Se recortan, se viralizan y se insertan en narrativas sobre “invasión”, “colapso” o “sustitución”. El resultado es una deshumanización de doble capa. Primero, porque invisibiliza las trayectorias personales, las causas del desplazamiento y los derechos de quienes aparecen en la imagen. Después, porque esos cuerpos se convierten en combustible para una batalla cultural que busca movilizar el miedo, hostilidad y castigo.

Hablar de “invasión” no describe, dirige. Activa una lógica bélica en la que el otro deja de ser persona y pasa a ser enemigo. Y cuando el cuerpo es enmarcado como enemigo, la vigilancia extrema, la expulsión sumaria, la humillación o la violencia encuentran mayor tolerancia social. El lenguaje prepara el terreno para la política; la política prepara el terreno para el daño. 

La guerra de los datos y de las emociones

La datificación contemporánea no funciona sólo mediante números. Funciona a través de emociones cuantificadas como clics, compartidos, comentarios, reacciones y reproducciones. Las plataformas premian aquello que provoca indignación inmediata y las redes de odio han aprendido a explotar esa economía de la atención. Una escena aislada puede convertirse en un relato nacional antes de que existan datos contrastados, donde una cuenta anónima puede instalar sospechas que después replican perfiles con mayor audiencia.

Este es el punto de encuentro entre Torre Pacheco y Ceuta. En ambos casos, el cuerpo racializado se convierte en pantalla sobre la que se proyectan frustraciones económicas, miedos identitarios y estrategias de rentabilidad política. No importa tanto quién es la persona retratada como la función que se le asigna en el relato, ya sea este invasor, delincuente, amenaza cultural o enemigo interno. La etiqueta simplifica una realidad y ofrece un culpable fácilmente identificable.

La guerra, en ese sentido, no siempre requiere armas convencionales. Puede desplegarse mediante campañas coordinadas de desinformación, acoso digital, señalamiento comunitario y producción de pánico moral. Esta estrategia de la extrema derecha apunta quién pertenece al grupo dominante o señalado, quién merece ser escuchado o qué cuerpos pueden ser tratados como sospechosos de entrada.

Recuperar el cuerpo, recuperar la democracia

Frente a esa maquinaria, la respuesta no puede limitarse a desmentir bulos uno por uno, aunque sea imprescindible hacerlo. Además, hace falta disputar el marco. Recuperar el cuerpo como sujeto de derechos, historia y dignidad; no como expediente, estadística o amenaza prefabricada. Eso exige instituciones más transparentes, políticas públicas que no confundan seguridad con exclusión, protocolos eficaces contra odio y una ciudadanía capaz de reconocer cuándo una imagen está siendo utilizada para fabricar un enemigo.

También exige una mirada crítica sobre las plataformas. La moderación no puede ser una coartada opaca ni una respuesta exclusivamente reactiva. Debe acompañarse de alfabetización digital, apoyo a las victimas y responsabilidades claras para quienes monetizan la violencia simbólica. No es neutral amplificar sin contexto discursos que convierten a colectivos enteros en objetivos.

De Torre Pacheco a Ceuta se dibuja una misma advertencia, cuando el cuerpo se convierte en dato y el dato en prejuicio, la democracia se debilita. Porque una sociedad que acepta que algunos cuerpos sean leídos sólo como riego terminan aceptando que sus derechos sean condicionales. Y cuando los derechos se vuelven condicionales para unos, dejan de ser plenamente garantizados para todos.

La batalla decisiva no es sólo territorial ni tecnológica. Es profundamente humana, impedir que el miedo convierta al vecino en enemigo y que una vida, reducida a una etiqueta, pueda ser tratada como material de guerra.

Sobre este blog

Sergio Gracia Montes es graduado en Derecho por la Universidad de Córdoba. En 2018 impulsa desde Córdoba el Centro de Investigación de la Extrema Derecha (Cinved), con el que analiza y estudia los movimientos populistas y extremistas en España y a nivel internacional. Gracia cuenta con amplia formación en materia religiosa, política y de derechos humanos, e interviene en medios nacionales (Cuatro, La Sexta, Huffington Post, El Independiente, El Confidencial o El Temps) como experto en fanatismos y movimientos de ultraderecha.

Autores

Etiquetas
stats