Trazos de emoción

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El calor vuelve a estar presente en un especial Miércoles Santo en el que la hermandad de la Paz realiza por vez primera estación en la Mezquita-Catedral

La luna atiende y el Cristo de los Faroles custodia. Atrás queda el Miércoles Santo, si bien todavía debe de terminar. Suave es el paso de los costaleros. Entre los muros de está recogido el sentimiento, más vivo que nunca o quizá tanto como siempre. Poco a poco, de manera casi imperceptible se despide. La voz del capataz, Rafael Muñoz, es el único sonido en Capuchinos, por mucho que sean numerosos los cordobeses que allí resisten tras una intensa jornada. Quieren ver los últimos instantes de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza en la calle. Acaba una estación de penitencia especial, la del 75 aniversario fundacional; la de su llegada a la Mezquita-Catedral por primera vez. Son las 2:20 de la madrugada y la imagen de Martínez Cerrillo se adentra en el local anexo a la iglesia conventual del Santo Ángel. En su interior, aguarda el Señor de la Humildad y Paciencia. Tanto el misterio como el palio de la corporación vienen de realizar trazos de emoción en la ciudad. Los trazos de lo imposible hecho realidad. Los pasos vencen la estrechez de Conde y Luque y Deanes, donde una multitud espera el momento. Como lo esperan quienes se mantienen en los Jardines de Colón. La noche es agradable y está cargada de devoción.

Precisamente con la noche a punto de caer, con el tono azul del cielo en proceso de cambio, sale de la Basílica de San Pedro el Cristo de la Misericordia. El crucificado, en su majestuoso paso, comienza a las 21:00 su recorrido por las calles de Córdoba. En la plaza, una vez más, son numerosos los cofrades que se reúnen. La marea humana, que son varias, continúa presente en Córdoba. La Semana Santa de 2015 quiere ser la del recuerdo, la de las estampas inolvidables. En ese momento, la Paz comienza su trayecto hacia Carrera Oficial. Tras ésta, cierra en ese sentido el Miércoles Santo la hermandad de la Misericordia, con el palio de María Santísima de las Lágrimas en su Desamparo. La noche sigue el paso de una tarde en la que de nuevo la Mezquita-Catedral es escenario central de una jornada con sentimientos a flor de piel y horarios tempraneros.

A primera hora de la tarde inicia su estación de penitencia desde San Lorenzo la cofradía del Calvario, que busca también llegar al primer templo de la ciudad. Recorre las calles con estricta puntualidad y por el camino regala estampas de bella factura. Lo es el instante en el que el Señor del Calvario cruza la Puerta del Puente. El pómulo amoratado de su rostro refleja el sufrimiento, como el de Nuestra Señora del Mayor Dolor, que camina tras el Hijo. La pesada Cruz, sobre el hombro, se dibuja ante el Triunfo de San Rafael. El entorno es único, tanto como los instantes que bajo un sol radiante se producen en él. Cuatro hermandades acarician entonces la Mezquita-Catedral.

El paso del Señor del Calvario por Torrijos viene precedido de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión. La emoción del Alcázar Viejo vuelve a recorrer las calles del casco histórico y el centro de una ciudad que vive una Semana Santa espléndida. Y también llena de vida. Una multitud acompaña a cada una de las cofradías. Avanza a ritmo ligero el Señor de San Basilio. Lo hace tras él María Santísima del Amor, que recibe el consuelo de San Juan bajo su palio. El morado del hábito de los nazarenos de la corporación colorea cada rincón en su camino a Carrera Oficial, después de la que la cofradía realiza estación de penitencia en el interior del templo mayor cordobés.

Los naranjos tienen protagonismo en la tarde del Miércoles Santo. Son los árboles del Patio de los Naranjos y de San Fernando. La calle siempre permite una instantánea ideal en tiempos de Pasión. Tiempos en que es importante el Perdón, que concede el Señor de la Judería. Recibe una vez más el insulto de la bofetada, que acepta. Duele al cordobés el golpe en su rostro. El misterio vence otro año la dificultad de su salida desde una iglesia de San Roque de renovada y bella imagen. Es éste un día donde el patrimonio restaurado luce a la altura de los sentimientos que se derraman en toda la ciudad. Al igual que lo realiza el primero de los pasos, el palio de María Santísima del Rocío y Lágrimas ofrece a la multitud congregada muy cerca de la Cruz del Rastro un cuidado giro de Cardenal González a San Fernando.

Es la tarde de ilusión. La ilusión de un barrio que olvida la dificultad de su llegada al centro de Córdoba. Desde lejos viene la hermandad de las Palmeras, que es ejemplo de sacrificio y devoción. Todo es en honor a sus titulares el Santísimo Cristo de la Piedad y María Santísima de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra. El cortejo gana la partida al peso de la distancia y del tiempo. Y la advocación de esta talla de Virgen es definición perfecta para el Miércoles Santo que comienza a las 14:30 en San Antonio María Claret. Porque el día está lleno de vida. Porque dulcemente los costaleros llevan a las imágenes de sus cofradías. Porque la esperanza hace posible lo que pareciera no lo es. Trazos de emoción se dan desde las lejanas afueras al corazón mismo de la ciudad.

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2 de abril de 2015 - 12:33 h