La imaginación en las empresas

Cansados de oír expresiones como "qué monto, si está todo inventado, eso no tendrá futuro, siempre se ha hecho de esa manera y seguiré haciéndolo así, es lo único que sé hacer…" es la justificación del porqué de este artículo. Estando rodeados de tantos estándares y de tantas instrucciones iguales por doquier, empresas, productos, precios, todo prácticamente similar, surge la curiosidad, o más bien, la necesidad de preguntarse dónde está la imaginación. El fracaso de muchas empresas no siempre radica en factores económicos, la crisis, la concesión de créditos, el margen de beneficio, entre otros, porque no obviamos que son excusas reales pero en muchas ocasiones echar el cierre tiene su origen en un conformismo que va de la mano de una monótona imitación de lo que vemos y de un continuo proceso de copy and

paste de lo que hace la competencia, un proceso erróneo y lamentablemente más frecuente de lo que podemos llegar a pensar.

La idea más ingenua, la más simple y sencilla, aquella que ha salido de la nada y en la que se ha invertido un "ridículo" presupuesto, puede llevarnos a la puerta del éxito. Nada nos asegura que el tamaño de su inversión sea el billete para un resultado alentador; o dicho de otra manera, su pequeño coste no es sinónimo de derrota. Si no premiamos la equivocación, nunca nos diferenciaremos, seguiremos siendo una empresa más. Los principios económicos, como el de crear valor, no están ahí para rellenar páginas de libros de economía, sino para llevarlos a la práctica y ser conscientes que el que innova, manda y, quien improvisa, también puede mandar.

Es muy importante la figura de ese empresario que inspira, que crea un margen de libertad creativa a sus propios trabajadores, e igual de valioso es saber cuándo desligarse un poco de esos patrones estrictos de estrategia y planificación que cortan las alas a lo nuevo. No es una idea descabellada pensar que una empresa puede tener muchas similitudes con un videojuego. Cuando un niño estrena uno en su videoconsola, está entusiasmado, sólo tiene ojos para eso que le han regalado, porque es novedoso y desconocido, tiene curiosidad por descubrirlo y mientras tanto le entretiene. Pasado un tiempo el juego se convierte en repetitivo, dejan de tener impacto las sorpresas, y por tanto, se aburre. Finalmente deja de jugar y lo coloca en la estantería para llenarse de polvo. Con las empresas sucede igual, si no crean la necesidad al cliente, si no innovan, si siguen ofreciendo lo mismo que el vecino de la nave de atrás, se convierten en igual de aburridas que el juego, y más pronto que tarde aparecerá GAME OVER.

Al igual de fortalezas, si tenemos el mismo presupuesto que nuestro rival, las mismas infraestructuras y similares profesionales, sólo nos queda la imaginación para distinguirnos en el producto, que es lo que vende.

Si has leído hasta aquí deducirás que esto es más de lo mismo, pero también más de lo mismo es lo que sigue haciéndose y poco cambia. El objetivo es inventar tú mismo, buscar

y no esperar a que vengan otros. Qué piensas de Córdoba ¿crea o imita?

JOSÉ ANTONIO LEÓN LLORENTE

Diplomado en Relaciones Laborales

@vistadpajaro

Villa del Río – Córdoba –

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Publicado el
3 de noviembre de 2013 - 10:43 h
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