Veraneos, 15: Princesa

Se podía transitar en coche por el Puente Romano. Al menos con el Ford Escort de mi padre (CO 3547 K). Me detuve junto al Sanrafael y le robé un cirio. Lo puse sobre el salpicadero. Quien dejó esa vela encendida en la hornacina del Custodio nunca sospechó que acabaría dentro de un coche de segunda mano. Supongo que le daría igual. Ponerle una vela a un arcángel es un fin en sí mismo. Lo que pase después no es relevante.

El radiocasete del Ford decía que la princesa Diana había muerto en París en un accidente de tráfico. Alguien dentro del radiocasete hablaba no se qué de un Puente del Alma. Sonaba bonito.

Yo había bailado y bebido con una amiga en un bar oscuro de El Arenal hasta el amanecer. Mi amiga dormitaba ahora en el asiento de al lado. Tenía el rímel corrido. Veinte años no es nada, dice el tango.

La princesa del pueblo, decía el radiocasete. Cambié de emisora. Ahora sonaba música clásica, el miserere de Palestrina, creo.

Era el final del verano en todas las ciudades del hemisferio norte. En la puerta de todos sus bares.

Dejé a mi amiga en su casa, conduje hasta la mía. El coche no chocó con nada ni contra nadie. Por eso lo cuento.

Subí el cirio a mi habitación. Aún lo conservo.

Mi amiga se ha casado dos veces. Una después de otra.

El corrector de Word no subraya "radiocasete". Digo esto por si

le interesa a alguien.

Etiquetas
Publicado el
3 de septiembre de 2017 - 03:00 h
stats