Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Receta

Julianne Moore en 'Las horas'.

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Vamos a hacer un brownie, mi amor, un bizcocho de chocolate para cenar cuando venga papá.

Primero vamos a tamizar la harina: mira, gira este bote y sacúdelo con golpecitos por arriba ¿ves? Es como si cayesen copos de nieve desde el cielo, suaves, ligeros hasta el bol. Verlos da fresquito.

Ahora casco dos huevos, pon las manos en cuenco, así, te los voy a pasar. Eso es, ya los tienes, quizá no lo sepas pero eso redondo y amarillo es como el sol, es la vida. Ahora los echas sobre el llano de nieve de la harina y hará un ruido sordo: puff. Se levantará un ligero polvo como si un hombre hubiera pisado la luna por primera vez (si es que esto ocurrió). El suelo de la luna es de harina, por si no lo sabías.

Ponle algo de bicarbonato (el bicarbonato suena a cosa de astronautas y boticarios; a bata blanca).

Lo movemos todo. Llevamos un montón de tiempo moviéndolo todo por alguna razón e incluso sin razón.

Ponle mantequilla al molde, abajo y por los lados, hunde las uñas en la mantequilla, no temas, yo te las lameré después y besaré tus diez dedos sagrados.

Mezcla más mantequilla con chocolate en el microondas, ese cacharro retro futurista que está en todos los pisos de alquiler piratas y aquí también.

Reúnelo todo, ponlo en el molde, mételo en el horno. Antes calienta el horno un rato (como dicen que se hace en los bares o en la cola de los tickects de la verbena).

Siéntate en cuclillas y mira la puerta del horno. Es una pantalla. Salen cosas ahí, pasan cosas. Espera un rato, media hora, tal vez un poco más. Disfruta de la pantalla.

Oirás un click o un tilk. Ya está.

Saca el pastel. Vuélcalo sobre una bandeja con la ayuda de un cuchillo (deja ya para siempre la ayuda de los cuchillos).

Déjalo enfriar.

Cuando esté frío, arroja el pastel a la basura.

Papá no va a volver.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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