Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Qatar 2022 (III). La calle Melilla

Inmigrantes en la valla de Melilla | RTVE

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“Los presos ven la libertad a la parrilla”. Esto es una gran greguería de Ramón Gómez de la Serna, uno de los mejores hombres españoles que he conocido. Leyéndolo.

Mis amigos y yo hemos decidido que vamos a ver el próximo partido España-Marruecos en un bar de Kebabs en la calle Melilla, cerca del barrio de Fátima. Será a las cuatro de la tarde del Día de La Constitución (que ya tiene cachondeo la cosa). Luego, tomaremos cocacolas de medio litro en botellas de cristal con mucho azúcar y nos fumaremos unos porros y nos reiremos porque la sobredosis de cocacola con azúcar da mucha risa. Y seremos felices y el resultado nos dará igual.

Dientes blancos, blanquísimos, muerden la valla de Melilla después de dejar atrás los pedregales. Son la puñetera verdad que encarna la greguería de Ramón.

Mis amigos y yo queremos darle la bienvenida a todos los llegados al bar de la calle Melilla. Desconocemos si en el barrio hay un centro de acogida. Ojalá, estaría bien. Que les diesen un rato libre a los menores no acompañados, los menas, para ver el partido con nosotros.

Los menas son, como todo el mundo sabe, pequeños delincuentes, llevan navajas en los bolsillos y se dedican al tráfico de hachís en pequeñas cantidades. “Menudeo”, se llama: porque tal vez tenga una etimología emparentada con mena. Puede ser.

Y como somos ecuménicamente futboleros, mis amigos y yo hemos decidido invitar al Ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska al bar de la calle Melilla para ver todos juntos el partido.

Al parecer, el ministro Marlaska no tiene ni pajolera idea de fútbol, pero tiene mala leche. Y eso es bueno para jugar al fútbol. De hecho, si Luis Enrique hubiese previsto este cruce con Marruecos hubiera llamado a la selección a Grande-Marlaska para jugar de medio centro defensivo.

“Que no pasen, Fernando”, le diría el entrenador. “No se preocupe, míster”, diría el jugador botando en la banda con las pulsaciones arrebatadas.

El España-Marruecos debería jugarse sin cámaras y sin teléfonos móviles. Y lo que pase en el bar de la calle Melilla debería de quedarse ahí, en el bar de la calle Melilla.

Pero eso es imposible.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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