El Otoño y la Hispanidad
Parecía que no se acababa nunca el verano. Ese es el sueño de todo niño. Ahora parece que ese sueño por fin se cumple. Pero, cuidado con los sueños. Con los sueños de los niños. Cuidado también con los niños.
El verano ha sido un incendio interminable que ni lo ha sofocado el equinoccio. Las llamas asolaron los pinares y hasta el mar sigue despidiendo el fuego fatuo de los cadáveres.
No creáis en ningún tránsito. Llega el otoño antes a los calendarios que a las cosechas. Todo es un continuum.
No sabemos si la fruta sigue en los árboles o en un contenedor refrigerado en el atasco de un estrecho entre mares, entre tierras, entre guerras.
Ya no queda ni espacio para la melancolía en los otoños de nuestro tiempo. Los cisnes de Coole a los que cantaba Yeats flotan bocabajo cerca del espigón.
El Día de Acción de Gracias será abolido, no se indultará ningún pavo y Halloween será cada vez un peor chiste.
Acabó el verano y querrás ir al gimnasio en coche para ponerte a caminar sobre una cinta. Así es tu condición.
Decidiste ahora ir al dentista como una tarea en el otoño de tus días. Te recibirán con un escáner maxilofacial y en la pantalla verás el futuro; es decir, tu rostro deforme y descarnado.
Ahora saca la bandera de España al balcón, como recomienda tu alcalde, y celebra tu decrepitud y la de tu patria porque eso es el otoño: la caída, lo ya caduco.
Colón descubrió América en otoño y se jodió todo. Podría haberlo hecho en primavera, pero optó, como navegante, por otra opción.
Antes sabíamos que los hijos que nacen en otoño habían sido concebidos por parejas vestidas con franela bajo las mantas.
Ahora ni siquiera eso es una certeza.
Para muchos, el descubrimiento de América es una semana en un resort de la Rivera Maya con una pulserita en la mano que sostiene un daikiri.
Luna de miel y de ron (todo incluido). La Hispanidad.
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
0