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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Odiadores

Fotograma de 'Alien, el octavo pasajero'.

Juan José Fernández Palomo

3 de octubre de 2026 19:44 h

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El odiador, odia. Así de sencillo y de perfecto. Se trata de una persona que “practica” el odio; es decir, una aversión y antipatía hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.

Es como aborrecer, abominar o tener desprecio o fobia o coraje o tirria o rabia… cosas todas chungas, pero bastante sencillas, si nos paramos a reflexionar un poco.

Al que odia (ahora también se le puede decir “jéiter”, o algo así), le puede dar corajito que desahucien a una anciana de la casa en la que lleva viviendo décadas, pero va más allá y le molesta aún más que la gente se movilice en contra de eso.

Como el odiador es insaciable, odia que la gente acampe en las calles y en las plazas, da igual el motivo, y pide su desalojo, el desmantelamiento de sus tiendas de campaña y la limpieza y fumigación de la vía pública (que, como es “pública”, curiosamente no se puede ocupar“ (excepto si sacas a un santo).

El odiador no tiene nada en contra del cine de verano, qué va. Ha disfrutado de él, seguramente, alguna noche que otra, aunque sea viendo una insulsa comedieta española (género que odia). Pero odia a todos aquellos que deciden movilizarse para que no desaparezcan los cines de verano del casco histórico de una ciudad Patrimonio de la Humanidad que llevaba décadas disfrutando de ellos.

Los odia porque son unos “culturetas wokes” de medio pelo que se convocan y protestan desde las redes sociales que es, justamente, por donde el odiador odia más.

El odiador es perfecto, insisto.

“Admiro su pureza. Un superviviente no limitado por la conciencia, los remordimientos ni ilusiones de moralidad”, como decía el médico humanoide de la tripulación de la nave comercial Nostromo, en la película Alien, el octavo pasajero, que alguien habrá visto alguna vez en un cine de verano.

Se dedica a odiar. Nada más. Y no se cansa. Es, pues, jéiter y jartible a la par.

Y sí, ya lo decía la canción: “es la falta de amor la que llena los bares” (y peta tu teléfono móvil).

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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