Aquí, un español

Qué fea es España; y mira que no me importaría casarme con ella. Pero es que es muy fea.

("Listen to me", Manuel Vilas. La Bella Varsovia, 2013, recién salido del horno)

Yo soy español. La cigüeña me soltó en una calle del Sector Sur de Córdoba (España). Podría no haberlo hecho ahí, podría haber pasado de largo en su migración al sur y podría haberme depositado en Chaouen, podría haberse cansado antes y dejarme en Andorra la Vella. O romper el GPS y bombardear con su hatillo la isla de Madeira. Pero no: soy español.

Me gustan las costas de España y sus peces, sus dehesas y los cochinos que retozan en ellas, sus pinares con sus níscalos, sus huertas y sus tomates. Disfruto cuando la selección de fútbol gana y me da un poco igual lo que hagan Nadal o Fernando Alonso. Me gusta que Cernuda fuese un poeta español y, luego, un exiliado español y, después, el mejor poeta en español.

Como español que soy estoy gobernado por un gobierno español. Con su presidente galaico-español y sus ministros para cada cosa de importancia. Por ejemplo, para la educación que recorta becas y premia a los coles que segregan a los niños de las niñas; o con su responsable de sanidad, que se llama Mato y ella no tiene culpa de eso, pero no me dirán que no da un poco de susto para encargarse de lo que se encarga. Y también tiene ministros para las cosas de economía alemana y de asuntos exteriores y hasta de las cosas de interior, que coloca cuchillas en las vallas de la frontera para que no nos invada gente rara. Porque el gobierno español quiere y cuida a los españoles como yo.

Yo soy español; pero no un español como Pérez Reverte que a veces se enfada porque su España soñada no es la de este mundo.

A diferencia de Unamuno, a mí no me duele España; ya puestos, me duele más Yemen, Lampedusa o Sudán, por ejemplo. Pero reconozco que muchas veces me pica. Y algunas hasta me escuece. Pero no es grave, me puedo curar... ¿me puedo curar, me puedo curar?

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10 de noviembre de 2013 - 02:00 h
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