El Círculo del Atún

Les ofrezco una receta para cocinar una novela negra:

Como dicen los que saben del género, esos que se reúnen en los coloquios de las ferias de libros, en los ciclos institucionales, en los suplementos de cultura de periódicos de empresas que también engloban editoriales y en las compañías de distribución que le plantan al librero un póster y unos cuantos ejemplares en el escaparate, la novela negra actual debe tener una buena dosis de realismo social, corrupción política, localizaciones cercanas al lector y vasos comunicantes entre el periodismo de sucesos, la subdelegación de los gobiernos y confidentes entre los funcionarios de la judicatura (si es que aún quedan).

En siete sencillos pasos, la receta es, más o menos, así (se puede improvisar; es lo que hago cuando leo instrucciones culinarias):

1.- Se acaba de abrir la temporada de captura del atún de almadraba en el tubo que desagua el Atlántico en el Mediterráneo, es decir en las costas de Cádiz: Conil, Barbate, Zahara. Es un arte de pesca ancestral, una labor trabajosa y peligrosa que quien la practica se siente heredero de una tradición milenaria, parecida a la minería o a la construcción -ojo, no al diseño- de rascacielos.

2.- Hace unos días, los diferentes medios de comunicación contaron, de manera más o menos folclórica o turística, que se había producido la primera "levantá" del atún en las puertas de la lonja de Barbate y que empezaban así las mejores semanas del año para comercializar y consumir ese preciado manjar.

Bien, la lonja de Barbate no hay quien la gobierne, no quieren ser ni cooperativa, ni sociedad limitada, ni servicio público. No hay generaciones nuevas que le den un impulso, que mantengan diálogo con las administraciones o que tengan visión de futuro. Los mayores están muy mayores y los jóvenes, como suele pasar, lo quieren todo y lo quieren ya.

3.- Por las mismas fechas, unas millas mar adentro, se aposta una flota de grandes cargueros de bandera japonesa que no pescan, pero tienen unos contenedores congeladores cojonudos. Gracias a sus frescos euros, que antes fueron yenes, se llevan los atunes despiezados. Negocio redondo: los revenderán a precio de oro y dejarán esquilmada la costa de Barbate, cuyos habitantes habrán hecho el trabajo sucio, se quedarán sin atún pero tendrán pasta fresca para sus cosas.

4.- Entre esas cosas, esos lugareños invertirán el dinero en recoger y distribuir fardos de cannabis que las mareas envían desde eso de ahí enfrente que se llama norte de África. Consumirán una parte y el excedente lo mandarán para arriba en camiones de tomates con doble fondo.

5.- Camiones que, en su ruta hacia Europa, hacen escalas técnicas en las afueras de ciudades estratégicamente comunicadas (como diría un alcalde). A esa Europa que, con sus políticas económicas extrañas, ha dejado a Barbate como está.

6.-

Luego, cualquier empresario de ciudad de interior, enchaquetado y con gomina (esto es accesorio), puede utilizar su negocio hostelero como tapadera para seguir empujando los fardos de chocolate hasta las fronteras del tratado. Mientras, compartirá contigo en su local un tartar de atún rojo de almadraba y una botella de vino. Atún que le ha comprado a unos japoneses. Y tú, como eres buena persona, pagarás la cuenta de la cena.

7.- Como en toda buena novela negra actual, nadie resuelve nada y el regusto que le queda al lector es que "las cosas son así".

Nota: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. No se han maltratado animales en esta producción. Los personajes son ficticios.

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12 de mayo de 2013 - 03:00 h
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