Categorías

Hay películas malas, buenas y películas de mierda. Son tres categorías canónicas.

Las películas malas están mal rodadas, mal escritas, mal interpretadas. No cuentan nada, no dejan recuerdo, ni siquiera te aburren.

Con las buenas sueñas días y años después de haberlas visto, te llevaron a un mundo ignoto para ti o te leyeron el tuyo propio como ninguna otra cosa te lo ha explicado, ni tú mismo ni quien tienes alrededor. Se llenan de personajes cuyos nombres no se te olvidarán jamás, secuencias que te harán mirar la vida de una nueva manera, un plano que te cambiará la manera de ver.

Las películas de mierda no son ni malas ni buenas ni todo lo contrario. No quiero caer en redundancias, pero, resumiendo, son de mierda. Casi siempre tienen que ver con la pretenciosidad, con eso de querer abarcar a manos llenas lo que, en definitiva, simplemente se acaricia con la yema de un dedo. Y ya está. Por ejemplo, existe un director español de larga y afamada trayectoria que ha rodado un par de películas buenas, una mala y un montón de películas de mierda (es sólo un ejemplo basado en hechos reales).

Esta categorización en tres escalas vale también, claro, para otros hechos artísticos, como la plástica o la poesía.

Un verso bueno te agarra de las solapas y no te suelta, uno malo vuela sobre tu hombro hacia un sitio que no te pertenece y un verso de mierda se va por la cloaca.

Una vez me quedé mudo tres días después de ver un cuadro de Caravaggio, otra vez entré en un museo y tardé lo justo en salir y tomarme una cerveza. Otra, quise tener una lata de gasolina y un mechero zippo.

Pero lo que nos interesa es que, como toda creación humana, esas manifestaciones hablan de nosotros mismos y así reflejan la obstinada realidad de que existen buenas personas, malas personas y tíos –y tías- mierda.

Y, con un poco de bagaje y de experiencia, cualquiera de nosotros está capacitado para, al enfrentarse a un cuadro, una canción, un poema, una película o una persona, puede distinguir si es buena, mala o de mierda.

Saberlo es buena cosa.

Ignorarlo es dejar crecer el fenómeno y eso no pinta bien.

Les pido un poco de atención, distingan, es fácil. Tal vez sean cosas de la edad; pero se puede.

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15 de julio de 2018 - 03:00 h