Hoy no...¡Mañana!

En esta semana he sufrido, por razones varias, la postergación de asuntos que además han sido aplazados sine die. Como es una época revuelta en lo que ha enfermedades estacionales se refiere, he pensado que debe estar haciendo su especial agosto el virus de la Procrastinación. Estaréis de acuerdo conmigo que sólo con escuchar el nombre ya preocupa, y es para estarlo, su impacto es demoledor en el ser humano.

La procrastinación tiene su origen en la raíz latina procrastinus (pro, adelante, y crastinus, relacionado con el futuro), y se refiere al hábito que tenemos los seres humanos de retrasar, postergar o posponer tareas, sustituyéndolas por otras más agradables (en la mayoría de casos irrelevantes y poco necesarias).

Si nos cuestionamos quién puede tener la culpa de este comportamiento, tratándose de procesos mentales la respuesta está clara, el culpable es  nuestro cerebro, y en concreto de nuestro sistema límbico la parte del mismo que gestiona las emociones, las respuestas instintivas, los impulsos, y que en el caso que nos ocupa, gana la batalla a nuestra parte más racional, planificadora, la corteza prefrontal. El sistema límbico consigue desactivar la planificación a medio y largo plazo de la corteza prefrontal y toma partido por lo inmediato, por lo que puede hacer ahora, placentero a corto plazo (ejemplo: en lugar de ponerme a preparar una propuesta para un cliente, me levanto a picar algo, y luego entro en Internet a revisar el email, o ver las entradas nuevas del Facebook). 

Las razones por la que procrastinamos son muy diversas: miedo, aburrimiento, prioridades, perfeccionismo, mala planificación, cansancio, nuestras creencias respecto a lo que queremos hacer, mala gestión del tiempo. El enfoque que debemos plantear no tiene que estar centrado en el por qué ocurre y sí en cómo superar este mal hábito, en este sentido recomiendo 3 estrategias:

1. Reconocer que somos procrastinadores e identificar cómo lo hacemos (tareas inútiles que realizas, autojustificación que te das, excusas)

2. Crea tu propio sistema de planificación y realización de tareas, personalizado, adaptado a ti.

3. Busca la motivación, cuánto más motivación menos procrastinación.

Pero como para empezar a veces necesitamos un empujoncito, te ofrezco algún truquillo para empezar a instaurar hábitos de acción:

- Regla de los 2 minutos: Si puedes hacer algo en 2 minutos hazlo, no esperes. Si lo que vas a hacer te lleva más tiempo, hazlo durante 2 minutos. Nuestro cerebro es vago en comenzar pero terco para abandonar.

- Evita tentaciones: Entrar en Facebook no es sólo 1 minuto; ver el whataspp igual; los vídeos de youtube ni te cuento; evita las tentaciones, así no procrastinarás.

- Rompe el límite del momento justo antes de poner a realizar la tarea, tu cerebro pondrá todas las excusas, te mostrará opciones y alternativas muy atrayentes, muy placenteras, !NO LE HAGAS CASO!... como diría el slogan de la conocida marca deportiva Just Do It.

Francisco Cambó decía que ""hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra,retrasar lo inevitable". Puede que no siempre hagamos lo que queremos, pero si depende de nosotros querer lo que hacemos.  Te propongo cambiar el título del post por otro anti-procrastinación: "HOY NO....¡AHORA!". BE TIM.

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15 de mayo de 2014 - 12:12 h