A propósito de Bankia

 

"Seguiré con mi cruz"

(Miguel Castillejo. Ex presidente de Cajasur)

A propósito de la banda de Blesa y la estafa multimillonaria de las tarjetas black, se nos ha venido esta frase como caída del cielo. Corría el año 2002 y el régimen celestial de don Miguel Castillejo, cura y banquero a partes iguales, empezaba a resquebrajarse después de 30 años de impunidad democrática. Nos enteramos, por ejemplo, de que el sacerdote de la Iglesia de la Merced se había autoadjudicado una póliza de 4,3 millones de euros y otras canonjías que no nos caben en este pequeño papel.

No fue fácil levantar aquella alfombra. De hecho, aún queda mucha pelusa por limpiar debajo de aquel escándalo financiero que secuestró la ciudad durante décadas. Entre otras cosas porque de su consejo de administración y de su obra social (es una forma de hablar) bebieron y comieron todas las fuerzas vivas de Córdoba. Las que se sientan a la diestra y a la siniestra del padre. Absolutamente todas, queremos decir.

Ahora sabemos con claridad cristalina que usted puede ser de izquierdas o de derechas, de la patronal o del sindicato, pero que una tarjeta de crédito opaca al fisco y sin límites de gasto lo iguala a sus hermanos consejeros. La pasta confraterniza a los hombres. Lo hemos visto con una precisión hiriente en el caso de Bankia. Ese lodazal que nos desayunamos cada mañana. Y no hay nada mejor (o peor) que mirarse en el espejo para ver la propia basura.

¿Y Cajasur? ¿Sabe usted algo de Cajasur? ¿De aquellas dietas que el señor presidente repartía a los señores consejeros por asistencia a misas, entierros, conciertos, exposiciones de pintura y otros eventos domésticos? ¿Y de los sobrecitos sin factura en el consejo, los gastos sin justificar, las prebendas a tutiplén? ¿Sabe algo de los créditos discrecionales? ¿De sus beneficiarios? ¿De las contrataciones clientelares?

Corría el año 2002, decimos, y el señor Castillejo estaba acorralado por la evidencia de una gestión inenarrable. De un régimen inenarrable, para ser más concretos. Entonces, pronunció esa frase doliente que con la perspectiva del tiempo y la pensión multimillonaria cobra cierto aire cínico.

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11 de octubre de 2014 - 02:49 h
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