Efecto 'Memento' e IA: cuando el enemigo somos nosotros
El otro día, navegando por la web y conversando con distintas herramientas de IA, me encontré con una frase que, de repente, comenzó a ordenar muchas ideas que llevaba tiempo rondando. Una frase sencilla, pero demoledora. Es de Walt Kelly, dibujante y creador de la tira cómica Pogo, publicada en Estados Unidos entre 1948 y 1975: “Hemos conocido al enemigo y somos nosotros.”
La frase, escrita en un contexto completamente distinto, parece describir con precisión , al menos así lo entendí yo, uno de los grandes problemas actuales de las organizaciones frente a la inteligencia artificial. Porque muchas veces el verdadero obstáculo para aplicar la IA no está en la tecnología, ni en los datos, ni siquiera en los recursos. ¡¡Está en nosotros mismos!!
La inteligencia artificial tiene una dualidad incómoda en su núcleo, muy incómoda. Solo puede aplicarse bien desde una mentalidad humana y, al mismo tiempo, el mayor obstáculo para su implantación profunda es humano. La IA no se implanta sola, ni redefine sola modelos por sí misma. Necesita intención, dirección, criterio, comprensión del negocio, del contexto, de la cultura organizativa. Necesita personas. Y ahí está el problema.
Porque muchas de las personas que deben liderar esa implantación viven atrapadas en un efecto Memento. O peor aún, en un “día de la marmota” corporativo. Cada año se habla de transformación, todos los trimestres se lanza una iniciativa, luego aparecen una nueva prioridad y , encima, cada semana surge una herramienta que “lo cambia todo”. Pero el patrón de fondo no cambia.
Se reacciona, se prueba o se intenta probar rápido, se comenta, se posterga la decisión y, al día siguiente, se empieza de nuevo. La IA exige profundidad y el gestor medio trabaja en la urgencia . La IA exige rediseñar modelo y muchas organizaciones protege margen. Y, sí, la IA exige cuestionar estructura y el directivo protege estabilidad.
El ser humano es imprescindible para que la IA funcione. Porque sin interpretación humana, la IA es “solo” cálculo. Pero también es intrínseco al ser humano arrastrar inercias, miedos, desconocimiento y una tendencia natural a proteger lo que ya funciona.
Y ahí aparece la contradicción central: la IA necesita humanidad para desplegar su potencial, pero la humanidad que la aplica está condicionada por sus propios límites cognitivos y emocionales.
El éxito de la IA depende del factor humano: visión, memoria estratégica, capacidad de aprendizaje acumulativo, valentía para rediseñar. Pero el fracaso de su implantación también depende del factor humano: miedo a perder control, miedo a canibalizar ingresos, desconocimiento real de lo que implica, resistencia cultural al cambio profundo.
La tecnología no tiene miedo, pero las organizaciones sí. La IA es inagotable, algunas personas si lo son; la IA no se aferra al pasado pero en muchos casos, las estructuras humanas sí. Por eso, veo una incoherencia constante: discursos avanzados sobre IA conviven con modelos intactos. Se proclama la automatización, pero se mantienen los procesos del pasado, aplaudimos los pilotos, mientras los incentivos que sostienen el modelo antiguo no cambian. Una buena paradoja laboral…
El ser humano es la solución porque solo desde su comprensión se puede integrar la IA con sentido, pero también es el problema cuando esa comprensión es superficial, fragmentada o dominada por la inercia. La pregunta entonces no es tecnológica:
¿Cómo diseñamos organizaciones donde lo humano sea la palanca y no el freno?
¿Cómo evitamos el efecto Memento (reiniciar cada día sin aprendizaje acumulado) cuando precisamente necesitamos continuidad estratégica para aplicar bien la IA? La respuesta no está en más herramientas, sino en trabajo en compresión de la estructura, más memoria estratégica, más coherencia en el modelo, mucha más valentía para alterar incentivos y, desde luego y sobre todo, más arquitectura. La IA no funciona bien en organizaciones mal diseñadas. Por eso, el verdadero reto no es tecnológico. Es organizativo. Cambiar procesos, revisar incentivos y construir una arquitectura que permita que el conocimiento se acumule y se convierta en ventaja competitiva. Sin eso, la IA se queda en experimentos.
La IA amplifica lo que somos, lo bueno y , sobre todo, lo malo. Si somos estratégicos, la potencia se multiplica y si somos incoherentes, la incoherencia se acelera. El ser humano no es prescindible en la era de la IA; es y debe ser el núcleo. Pero, precisamente por eso, es también el punto crítico. La IA no fracasará por falta de capacidad técnica, sino por incapacidad humana para sostener el cambio que ella misma exige. Y ahí está la verdadera paradoja:
La solución y el problema son la misma especie.
Sobre este blog
Raúl Ruiz Rodríguez es uno de los profesionales pioneros de la transformación digital en España. Con más de 25 años de experiencia en medios de comunicación, marketing, estrategia e innovación comercial, ha desarrollado su carrera ayudando a empresas y grupos editoriales a reinventar sus modelos de ingresos, modernizar sus estructuras comerciales y aprovechar las tecnologías emergentes para crecer.
Comenzó su trayectoria en los primeros años de Internet en España, allá por 1998. Posteriormente, consolidó su experiencia en el sector de medios, ocupando puestos directivos en Vocento, PRISA, Vozpópuli, Secuoya Nexus o Zinet Media Group, donde dirigió equipos de ventas/Marketing, expansión , desarrollo de negocio gestionando carteras de grandes clientes y proyectos con marcas como Kia, Movistar, BBVA, Endesa, Heineken o Repsol.
En 2021 fundó Relevado4 para ayudar a los medios de comunicación a redefinir sus modelos de ingresos y sus estructuras comerciales. Esta experiencia, basada en transformación, innovación y optimización de ventas, es totalmente aplicable a cualquier sector que necesite modernizar sus procesos comerciales, incorporar nuevas tecnologías y mejorar su rendimiento.
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