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ENTREVISTA

José Mª Casado Raigón: “Hay una parte de inflación autoconstruida, de oportunistas que se aprovechan para subir los precios”

Entrevista a José Mª Casado Raigón

La fecha de esta entrevista se marcó hace unas semanas en agenda para hacerla coincidir con el 13 de julio, día en el que se conocería el último dato del IPC y que ha vuelto a mostrar cómo la subida de precios de los bienes de consumo sigue disparada, con la inflación más alta en España desde hace 37 años. Para desentrañar la situación que está atravesando la economía y tratar de entender lo que está ocurriendo, Cordópolis se cita con José María Casado Raigón (Baena, Córdoba, 1945), doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, decano del Colegio de Economistas de Córdoba y catedrático de Economía Aplicada.

Puntual a la cita y rodeado de informes, documentos y anotaciones, quien fuera también presidente de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba durante un lustro en los años 80, no duda en hablar largo y tendido sobre los distintos aspectos de la realidad económica del mundo, de España y de Córdoba. Sin cortapisas, ahonda en el origen de la actual situación y da cuenta de la actuación de todos los agentes, desde las administraciones a las claves sociales. Y, por supuesto, de las consecuencias que la mayoría de la población está sufriendo, con el aumento de precios para llenar la cesta de la compra o el depósito de gasolina, para pagar el alquiler o la compra de una vivienda, o para hacer frente a la factura eléctrica y poder encender el aire acondicionado durante la ola de calor que azota en estos días.

Casado Raigón habla de economía con mayúsculas y su teoría, de conceptos como el equilibrio que debe reinar en ella, de la productividad y la competitividad, también de la fragilidad de la que adolece el sistema económico y ciertos sectores. O de cómo influye en la economía el cambio climático o la revolución tecnológica y digital, en el presente y en el futuro. Pero también de la economía aplicada, de la que vive cada ciudadano en la práctica, del mercado laboral, del desempleo, de los salarios bajos y de la precariedad. Dice que no quiere ser agorero, pero su diagnóstico de la situación, como él mismo afirma, “no pinta bien”.

PREGUNTA. Lo primero que le quería preguntar es, como economista, ¿cómo le explicaría a cualquier persona de a pie la situación económica que estamos atravesando?

RESPUESTA. Yo creo que la situación actual es una situación difícil y además compleja, en el sentido de que hay toda una serie de variables que vienen siendo tradicionales y otras que son nuevas, que vienen apareciendo que se van presentando en la realidad, tanto a nivel nacional como internacional.

Todo eso hace que la situación actual sea una situación que plantea una cierta incertidumbre de futuro. Incertidumbre en el sentido de que están pasando tantas cosas y al mismo tiempo que es difícil ver claramente el camino que habría que elegir entre ese maremágnum de circunstancias superpuestas, repito, tanto a nivel nacional como internacional.

P. La inflación está disparada, hoy (13 de julio) conocíamos el último dato, un 10,2% a nivel nacional, la más alta en los últimos 37 años. ¿Por qué ocurre? ¿Qué está ocurriendo?

R. La inflación no es un fenómeno simple, es complejo, que se interrelaciona con otros elementos y que al final da lugar a una subida de precios. Pero la subida de precios no es solo consecuencia de la presión de la demanda o de la presión del consumo, es una cosa mucho más compleja. Y, luego además, dentro de la inflación, pues hay medidas que pueden ser acertadas y otras que no lo son, y al final es como el chocolate del loro, no resuelven nada.

Es verdad que la inflación es una consecuencia de dos factores: uno, la debilidad estructural de la economía, la escasa solidez de muchas economías; y otra, de una serie de circunstancias de dificultad, de escasez de abastecimiento, de materias primas, de fuentes de energía, etcétera.

En el caso de España, yo creo que se une el hambre con las ganas de comer. La economía española es una economía pendular, muy dependiente, muy vulnerable y, al final, cuando las cosas van mal, es peor aún para la economía española porque no tiene resortes estructurales capaces de dar salida a una situación difícil. Esa situación difícil solo se mejora evidentemente con reformas estructurales, medidas estructurales, medidas sobre la economía real.

La escalada de precios de la energía se debe afrontar con energías alternativas

La economía real aquí se ignora. Aquí vivimos en un mundo fantástico y fantasioso, un mundo superficial, en el terreno económico, que hace que no se toque de verdad lo que en el fondo pudiera dar lugar a mejoras en la realidad, sino que son medidas quirúrgicas, parches, situaciones sin ninguna profundidad y más bien escaparatistas y oportunistas. Desde el punto de vista político, además.

En un momento en el que yo creo que los responsables de la economía, y me parece especialmente la más responsable dentro de ella, la vicepresidenta primera del Gobierno (Nadia Calviño), es una persona que a pesar de ser economista, pues yo creo que no entiende la economía o no quiere entenderla. Y todas las medidas son de parche o de oportunista. Por ejemplo: el negar la veracidad de los datos del INE me parece gravísimo para una responsable económica de la que depende además el propio Instituto Nacional de Estadística, que para la Unión Europea y para los que nos dedicamos un poco al tema, sabemos que es un instituto responsable, profesional y competente. Poner en duda esa realidad o las cifras del Banco de España, que me parece una institución absolutamente independiente y que está dando muestras de esa independencia, capacidad y competencia… pues me parece que es que las cosas no le van mal a los que no saben resolverlo. Hay una serie de circunstancias que hace que el mundo económico en España siga hacia una situación penosa, de verdad, en la que no sabemos ni a dónde vamos.

Y las medidas que se adoptan, son medidas muy superficiales, medidas sin alcance. Por ejemplo, las que se tomaron ayer (se refiere a los anuncios de Pedro Sánchez en el Debate del Estado de la Nación). Son una muestra de una situación muy superficial, que no se quiere llegar al fondo de la cuestión y así, difícilmente, sin ese cambio estructural que la economía española necesita -desde hace tiempo, no es que sea de ayer-, pues es difícil mejorar la situación a medio y largo plazo. Si acaso a corto plazo, pero es que se está viendo que ni a corto plazo se mejora nada.

P. La consecuencia de esa inflación por la que le preguntaba es que al final, la gente tiene menos poder adquisitivo y que somos más pobres.

R. Claro, claro. Somos más pobres, perdemos ahorros, nos cuesta más la vivienda… Toda una serie de elementos que ciertamente hacen que estemos atravesando una situación difícil. El ahorro familiar está descendiendo porque está habiendo un desahorro, las pobres familias que vivían al límite pues ahora… incluso hasta los pensionistas con la congelación próxima de las pensiones. El precio del combustible es otra situación que empobrece. Y todo eso se hace en un contexto que yo calificaría, con una cierta dureza, como un contexto de una inflación generada por los propios agentes económicos y sociales, oportunistas en muchos casos, que están aprovechando la situación para subir los precios sin que muchos de ellos tengan motivo por el lado de los costes que justifiquen esa subida.

Al empresario le corresponde hacer un esfuerzo porque si no la economía se viene abajo

P. ¿Podríamos hablar de una inflación inflada?

R. Eso es. Una inflación autoconstruida, por los propios agentes que por la vía real o la vía monetaria, es decir, reduciendo la cantidad del bien o aumentando el precio, están llegando a alimentar la propia inflación. Es decir, la inflación se está retroalimentando, con lo que se llega a una situación de gran dificultad. Esto genera al final un círculo vicioso que, al final, lo que da lugar es a que no podamos salir de esta situación.

Hay elementos que evidentemente, de una manera objetiva, están dando lugar a la inflación. Pero yo entiendo, y eso trato de matizar, que hay otros elementos que no son objetivos, son subjetivos, y que dan lugar yo diría que a un comportamiento inmoral y poco ético, por parte de muchos agentes sociales que contribuyen a ese círculo vicioso, a esas expectativas de inflación, a esa inflación autoconstruida.

P. ¿Puede poner algún ejemplo?

R. Sí, pues por ejemplo estamos hartos de ver y oír la denuncia que se está produciendo en los supermercados de que, sin subir claramente los precios, muchos oferentes están reduciendo la cantidad de producto ofrecida. Eso es una inflación autoconstruida y una situación falsa, que no se corresponde a variables reales sino a variables monetarias que al final dan lugar a esa subida de precios sin justificación ninguna. Ese sería un ejemplo.

Hay bienes que están más afectados que otros por la propia inflación, hay algunos que, sin estar afectados, el empresario aprovecha para subir esos precios. No tiene sentido. En esto habría que ser muy honrado y tendríamos que darnos en este país un baño de moral y de esfuerzo laboral. Creo que son los dos elementos que en términos reales necesita esta sociedad y esta economía, un baño de moral y de esfuerzo laboral, que se está abandonando porque, las oportunidades que se ofrecen son miles y claro, la gente, dentro de una sociedad con unos niveles de picaresca bastante aceptables, pues aprovecha.

P. El precio de la energía, de la electricidad, de los carburantes se ha multiplicado. ¿Todas las causas son reales para que se haya elevado tanto el precio o también forman parte de ese aprovechamiento?

R. Bueno, hay elementos reales y elementos que no son reales. En el precio de los carburantes, la medida es consecuencia yo creo que también de un oportunismo de los elementos que intervienen ahí, básicamente del Gobierno y las grandes empresas de suministro de combustible. Entre unos y otros, yo creo que están aprovechando esta situación. Porque es un mercado muy complicado, del que se sabe poco y se informa menos.

Pero tengo la impresión de que es verdad que hay elementos reales como es la crisis de suministro que se está produciendo desde el Este hacia una Europa que no se ha dado cuenta y, posiblemente por ahí le venga el árbol del ahorcado, de que es muy dependiente. La UE no tendría que haber pasado como ha pasado 70 años ya, o 72 exactamente desde 1950, no se ha dado cuenta hasta ahora de que era una economía absolutamente dependiente de un bien que es fundamental para el funcionamiento de la economía y cada vez más.

Mientras no se suba la productividad, no se pueden subir los salarios

Y luego cuando ha llegado el momento de dar un paso atrás no por la energía de autoabastecimiento sino por la energía de sostenibilidad de la propia naturaleza. Pues se ha dado cuenta de que ahí se va muy lento y que hay muchos intereses creados que van a da lugar a que se haga a un ritmo muy lento. Pero lo que sí es increíble y yo soy un europeísta convencido y el primer catedrático de economía de la UE en España -aprovecho para decirlo también y por tanto creo firmemente en la UE-, lo que no se ha dado cuenta es que esta crisis tenía que haber sido prevista.

Esta dependencia energética de Rusia, que es un permanente conflicto y lo será siempre toda la vida. Rusia es un conflicto muy complejo y muy difícil, que lleva muy mal la UE, lleva muy mal la OTAN y lleva muy mal cualquier cosa que sea hacerle frente a su condición de gran potencia, que ha dejado de serlo. Porque estamos en un mundo bipolar, chinoamericano o americanochino. Rusia ha dejado de pertenecer a ese mundo bipolar y está permanentemente en una actitud muy agresiva, muy hiriente en todo lo que toca.

Resumiendo, me parece que a la UE esto le va a suponer una fuerte merma de su impulso. Yo creo que la UE ha sido el proyecto más apasionante de cuantos han vivido los pueblos de Europa a lo largo de su historia, estoy convencido. Y ahora por culpa de la energía, por culpa de otras cosas no ya solo del populismo y de esas cosas que también tienen su papel, esa debilidad energética de Europa le puede costar cara. 

P. ¿Cómo se puede hacer frente, como se puede parar esa escalada de precios en la energía?

R. Yo creo que, lógicamente, con energías alternativas que provienen de materiales sostenibles y de recursos naturales. La verdad es que ese es un camino muy, muy lento, se está viendo que es muy lento, pero desde luego hay que pasar de una economía basada en el carbono a una energía natural.

Y eso lleva mucho tiempo, y los esfuerzos en algunos países se están dando con mayor decisión y mayor celeridad, pero esos esfuerzos hay que hacerlos. No queda otra, no queda otra que salir de una situación de dependencia del carbono porque ya estamos viendo.

Yo creo firmemente en el cambio climático y además lo padezco como todos los ciudadanos, porque no solamente se produce aquí en España, en Córdoba, sino en todo el mundo. Hay un cambio climático evidente que irá a más e incidirá sobre esos lugares del mundo que están más afectados por los grandes movimientos naturales.

Una economía con baja productividad y baja competitividad lo que crea es un mercado laboral precario

P. ¿Qué parte de culpa de esa escalada de precios tiene la invasión rusa en Ucrania?

R. La invasión de Ucrania nadie la esperaba y ahí Rusia lo que hace es poner una vez más el freno a dos cuestiones: una a la militar y otra a la económica. Ucrania es un país importante, un país grande, por donde atraviesan casi todos los suministros, tiene una gran superficie y ocupa casi toda la frontera rusoeuropea.

Claro, el poner ahí una pica, el decir ‘no por aquí no se pasa’, para Rusia y los intereses rusos ha sido decisivo. Rusia es un país muy agresivo, siempre lo ha sido, y le molesta que además su antiguo ‘imperio’ se haya incorporado al eje americano, al gendarme mundial que son los EEUU. Y entonces, claro, el estar ahí habiendo perdido toda esa influencia y cada vez más en esa zona, pues la tiene muy soliviantada. Esta es la realidad. 

P. ¿A quién beneficia, a quién le interesa esta situación económica?

R. Sí, yo creo que vivimos un mundo dual a todos los niveles, a niveles altos y a niveles bajos. Este mundo convulso beneficia a los países que no tienen una democracia profunda y no tienen un equilibrio económico que viene demostrando que es la única solución para el progreso. Yo creo que sin equilibrio no hay progreso. El capitalismo y la dualidad benefician a toda una serie de sectores y de capitalistas, por decirlo de una manera clara, con unos intereses que no tienen nada que ver con la mayoría de la población, una población modesta, cada vez con mayor desequilibrio, una mayor inestabilidad, una necesidad permanente de cambiar su modo de vida, del mundo rural al mundo urbano. Esto está produciendo una despoblación creciente y una acumulación que al capitalismo le viene bien.

P. Hablaba antes de la fragilidad de la economía española. ¿Esta situación especialmente azota a España por esa fragilidad?

R. Sí, yo creo que en España el término dual tiene una validez evidente. La economía española es una economía dual y cada vez más. Yo creo que es un país que lleva mucho tiempo sin estar bien dirigido y sin hacer frente a las necesidades estructurales, a la situación de debilidad estructural que padece. Este es un país que últimamente no tiene más que ocurrencias, improvisaciones y situaciones que no dan en el clavo de los problemas que hay planteados, básicamente, como el paro. La precariedad y la temporalidad en el paro, a pesar de esta reforma digamos quirúrgica que se hace poco efectiva, está ahí y sigue estando ahí. Hay una situación de fragilidad. Si uno lee la prensa o está al día, se da cuenta de que aquí los únicos empleos que se están creando son de camareros, peones agrícolas y limpiadores. Es decir, estamos en un mundo laboral en donde hay mucha deficiencia, de calidad de trabajo.

Y esas reformas, y esos cambios, no se dan. No se dan porque además en una economía -y permíteme que me derive a un tema colateral-, en la que la oferta que hacen los trabajadores -los empresarios demandan y los trabajos ofrecen su trabajo-, pues la demanda de trabajo no tiene nada que ver con la oferta. Es un país que va por libre. Y hay muchísimos oficios que no son atendidos para las necesidades de una empresa que, en definitiva, es el elemento esencial de una economía. No es el Gobierno ni son… es la empresa, las unidades productivas. Y esta demanda que hacen las empresas pues no se corresponde realmente con la oferta a ningún nivel.

Ya hemos vivido una burbuja de la vivienda y estamos a punto de entrar en otra

Y ahora incluso más todavía con la revolución tecnológica que estamos viviendo que va muy lenta en relación con las necesidades que se van produciendo. Porque además como casi todo lo que pasa en este país, todo se ha producido de una manera casi repentina. Es decir, casi sin darnos cuenta, de repente nos encontramos con la Covid y vino la revolución digital. Y claro, hay que reaccionar. Las reacciones son lentas porque las reformas no se pueden hacer de la noche a la mañana, sin son estructurales y si son reformas, si tienen alcance y tienen una visión de medio y largo plazo. Si son de hoy para mañana, sí. Te pueden quitar el billete de tren -la gratuidad de los abonos transporte anunciada por Sánchez-, pero eso no es reforma alguna. Ni evidentemente tiene ningún sentido de medio y largo plazo para el funcionamiento de la economía.

Entonces, yo creo que esta es una cuestión fundamental, el ajuste entre la oferta y la demanda de trabajo. No hay ajuste, aquí cada uno va por libre. En un país donde la Formación Profesional es como algo de segundo nivel, ahora está empezando a recuperar un poco su imagen pero, antiguamente solo la hacían aquellos que no tenían más remedio porque hacerlo era algo casi degradante. Había que ir a la Universidad y ahora resulta que hay millones de abogados, millones de economistas, millones de profesionales que están en auténticos subempleos. Es decir, sin realizar nada para lo que la sociedad hizo el esfuerzo que tuvieran. Y, aunque esto no se sepa pero es verdad, a la sociedad le costó mucho dinero llevar a toda esa gente a esa titulación. Y ahora de lo que se da cuenta la sociedad, y el mundo empresarial y la administración, es que lo que hace falta son profesionales que sepan hacer un oficio, que sepan desarrollar una actividad. Es que no hay ni albañiles cualificados. Incluso en el turismo donde la cualificación es muy baja, ahora no hay ni siquiera empleados cualificados, que sepan mínimamente el oficio. Todos los oficios tienen un conocimiento, un saber que hay que desarrollar.

Aquí nos estamos sorprendiendo siempre, en esa economía pendular, errática, improvisadora y que, de pronto, pone un parche, pero el parche no sirve para nada.

Córdoba tiene una economía de encefalograma cuasi plano

P. Y poniendo la lupa de esa economía en Córdoba, donde destacan el sector servicios y el turismo, pero con muy poca industria. ¿La hace todavía más vulnerable?

R. Sí, evidentemente. La economía de Córdoba es una economía que necesita tener un equilibrio y no lo tiene, integrarse y no está integrada. La provincia vive de espaldas al municipio capitalino y el municipio capitalino de espaldas a la provincia. Eso es un error. Cuando realmente la situación geográfica facilitaría mucho, pues está en un lugar central además.

La economía de Córdoba está inundada de proyectos, es una economía de escasas o yo diría que de nulas realidades. Hay demasiadas inconcreciones, demasiadas vaguedades, demasiado pronunciamiento y escasamente proyectos que se hayan conseguido o se consigan en un plazo razonable. Porque claro, hay algunos que se van consiguiendo como el Centro de Convenciones, pero después de dos décadas. Hemos perdido dos décadas en las que se podía haber creado un desarrollo turístico, de servicios, y hemos dado tiempo para que nos adelanten. Hay que pasar a producir, no ha anunciarlo. Hay que pasar a rendir, a trabajar, en definitiva, con personas competentes y con personas decididas, no con paniaguados que, en muchos casos, incluso para rematar el proyecto colocan a paniaguados.

Estos proyectos han de conseguir un conjunto de objetivos que se encuentran interrelacionados y que tienen que coordinarse, que no son compartimentos estanco, sino que se trata de realidades relacionadas: los servicios con el turismo, con el mundo agrario, con el mundo cultural, con el mundo sanitario, con la Universidad que vive completamente de espaldas y no se entera ni de la hora que es ni se va a enterar nunca, estuvo mal creada y yo creo que va a terminar peor… He sido catedrático 44 años y si algo he aprendido ha sido eso.

En esas condiciones, si no hay esa interrelación y esa coordinación entre Ayuntamiento, Diputación, Universidad, sociedad, mundo empresarial, mundo agrario, mundo turístico…pues no hay nada que hacer. Un palacio de exposiciones y congresos, lo tienes ahí ¿y ahora qué? ¿cómo se integra eso en la realidad y para qué sirve, cómo lo pones a rendir, a trabajar, a conseguir valores añadidos y a integrarse? Esa es la cuestión, no los pronunciamientos vagos y escaparatistas. El escaparatismo no lleva a ninguna parte, bueno, a sostener ese periodo cuatrienial que tienen los políticos para contar falsedades porque al final, la sociedad o los pone en la calle o continúan.

La economía cordobesa necesita un cambio profundo, necesita un esfuerzo de integración, en el que vaya reduciendo su vulnerabilidad. Es muy dependiente de todo lo que le rodea, incluso de Andalucía que ya de por sí es poca cosa. Pues hasta de eso es dependiente. Y esa vulnerabilidad pues la hace que, claro, algo de bueno tiene esto: y es que cuando ha habido fuertes crisis, en Córdoba casi no se sufren, porque como no hay nada, es una economía plana. Es una economía de encefalograma cuasi plano. No sufre ni las crisis. Por supuesto no se aprovecha de los periodos de mayor desarrollo, no tiene condiciones para aprovecharse. Esa planitud pues hace que esté ahí, medio muerta, perdiendo población, perdiendo a los más jóvenes y capacitados. Como yo leía en los libros de economía cuando estudiaba en la Universidad en los años 60 y 70: cuando empezó la emigración a Alemania y a Cataluña o el País Vasco, los libros de economía decían al final los que quienes emigran son los más jóvenes y capacitados. Pues ahora está ocurriendo exactamente lo mismo 60 años después. Es lo mismo.

Da pena observar cómo se van los más jóvenes y capacitados. Muy poca gente encuentra aquí algo que pueda llamarse más que un subempleo, cutre desde el punto de vista laboral. Y claro, esto hay que remediarlo, es difícil de remediarlo porque para ello habría que crear otras condiciones y una ilusión que esta ciudad no tiene, no las tiene.

Nos hemos encontrado con un desarrollo turístico hipergigantesco y eso, lo mismo que llega, se va

P. ¿Y qué papel juega ahí y cómo se acabaría con la economía sumergida?

R. Esto es algo que aquí en nuestra economía tiene un desarrollo importante, en el sector de los servicios, en el sector de la agricultura, en el turismo…todo eso son economías con un desarrollo sumergido fuera de la contabilidad muy importante. Yo creo que por encima del 30%. La media en España está cercana al 20 o 22%, pero aquí es superior. La joyería también… son sectores muy sumergidos. Y claro, lo que pasa es que tú no puedes maltratar al contribuyente. El contribuyente tiene que ver que lo que paga, lo que contribuye, lo que da a la hacienda pública, es razonable, que no es poco razonable. Y mientras no lo vea así…. Y luego, claro, unos niveles mínimos de solidaridad, de integración social que no se producen.

En Córdoba en los últimos años, yo lo observo -no lo puedo escribir o poner en un modelo económico ni econométrico-, pero tengo la sensación de que la sociedad se está desintegrando, viviendo de espaldas unos a otros. No ya geográficamente el norte del sur, que eso ya es casi secular, ese distanciamiento entre el norte y sur en la provincia de Córdoba, sino además entre los propios ciudadanos. Están ahí cada uno viviendo un poco a su bola. Y claro eso no hace un proyecto. La sociedad que progresa son sociedades equilibradas y con proyecto, un proyecto del que participen en mayor o menor medida todo el mundo, no solamente algunos. Y que sea una sociedad abierta, democrática… Yo creo que hoy la única ciudad que está creciendo en España es Madrid, pero es porque Madrid es una ciudad abierta. El resto de ciudades tienen demasiadas cutreces, permítaseme la palabra, para impedir una fluidez en la entrada y salida de elementos para participar en esas sociedades.

Yo creo que la economía de Córdoba tiene mala pinta. Desde el propio Colegio de Economistas yo trato de hacer un esfuerzo para hacer un estudio, a muy largo plazo, de los elementos que determinan -no a modo de cifras, de porcentajes o de ratios, que eso no se lo lee nadie ni lo entiende nadie ni sirve-, sino un estudio cualitativo, de qué es lo que está pasando, expresado en cifras también. Pero con una interpretación, con una cercanía que trate de explicar esas cifras, qué es lo que está ocurriendo, que yo creo que nada bueno está ocurriendo.

Cuando una economía se inclina fuertemente en una dirección y la economía cordobesa se inclina a donde sea por esa propia pendularidad que padece, pues a menudo retrocede cuando el viento arrecia. Hace que vaya más a un lado o a otro. Y ahí podemos llegar a una situación no deseada de cara al futuro.

A mí me preocupa muchísimo la emigración de los más jóvenes y capacitados y me preocupa muchísimo el envejecimiento de la población, porque la gente se esta yendo. Y eso que Córdoba capital, que está perdiendo población, se alimenta de la provincia. Perder población no es nada bueno, es menos mano de obra, menos esfuerzo compartido.

Hay millones de profesionales que están en auténticos subempleos

P. Lo ha mencionado antes de pasada. ¿Qué opinión tiene de la reforma laboral aprobada por el Gobierno, de la subida del salario mínimo interprofesional y de ese aumento que ha provocado de los contratos indefinidos?

R. Soy de la opinión que nada se puede ver fuera de un contexto determinado. La reforma laboral no se puede ver fuera del contexto de la economía española. La economía española está atravesando dificultades estructurales importantes y que sus niveles de productividad son altamente preocupantes. A nivel mundial, podemos estar en el lugar 46 de 50 en productividad. Y los niveles de competitividad que se derivan y se relacionan con la propia productividad, pues todavía es peor.

Claro, partiendo de ahí, tú tienes que montar una reforma laboral, una reforma social y que beneficie a todos. Pero claro, lo que una economía con bajo nivel de productividad y bajo nivel de competitividad puede crear es un mercado laboral precario y un mercado muy temporal. Fíjate que venimos de tener 86 millones de turistas y este año no vamos a llegar ni a la cuarta parte, es que es una economía muy pendular. ¿Cómo se puede ser productivo en esas condiciones? No se puede ser. Nos hemos encontrado con un desarrollo turístico hipergigantesco y claro, hemos abonado ese terreno y al final nos  damos cuenta de que eso, lo mismo que llega, se va.

En el tema de la agricultura, también le afecta algo, en el tema de la vivienda ya hemos vivido una burbuja y estamos a punto de entrar en otra. En el tema de la agricultura, la PAC en vez de ser una interpretación de reforma del campo, de la estructura productiva, de los cultivos, del enfoque, pues está orientada a las subvenciones. ¿Que dan subvención? Pues planto olivos. ¿Que quitan la subvención? Pues quito los olivos. Esto es errático, es un desconcierto.

Todo eso pues no contribuye a que se pueda hacer una reforma laboral en condiciones, que es lo que preguntabas. Yo creo que lo que se ha hecho con la reforma laboral es modificar muy poco de la que había de la época anterior de la ministra anterior (Fátima Báñez) y, en definitiva, esos retoques cosméticos pues no dan lugar a nada. Parece que está más bien orientado para reducir la cifra oficial de parados y la cifra oficial de gente desempleada.

P. Pero eso sí se ha reducido.

R. Se ha reducido, pero poco. Se ha reducido porque estadísticamente se ha reducido. Es como cuando entra un país pobre en la UE, pues la renta española sube, por estadística.  Los menos pobres parecen más ricos. Esto es lo mismo. Han entrado algunos cambios, pero a mí me interesa cambios en el mundo real y no veo nada. Veo la misma precariedad, la misma queja de la gente, los mismos parados y encima los más jóvenes, que eso hace que la situación de futuro sea mala.

Porque claro, un joven empieza a no trabajar y ese ya está adquiriendo unos hábitos y unas costumbres que son malas. Lo más probable es que no tenga trabajo pero tampoco ganas de trabajar en un futuro, porque no está habituado. Para él no hay esa inquietud. Yo creo que en el mundo laboral está muy ligado a la realidad y no se pueden indexar los salarios a la inflación como se pretende. 

En este país tendríamos que darnos un baño de moral y de esfuerzo laboral

P. Eso iba a preguntarle. ¿Hay que subir los salarios?

R. Yo creo que no, mientras no se suba la productividad, no. Es que no se puede. A dónde se va. Habrá sectores que sí, también es verdad que este es un país además de pendular, heterogéneo. Depende. Hay empresas que sí podrán hacerlo y empresas que no, y sectores que sí podrán hacerlo y sectores que no, y regiones que podrán hacerlo y regiones que no.

El salario tiene que estar indexado no a los precios sino a la productividad. Y si hay productividad, tiene que haber salarios, tiene que haber reparto entre el propietario y el trabajador, el obrero. Claro que tiene que estar vinculado. No tiene sentido que haya una empresa con unos índices de productividad y competitividad muy altos y unos salarios miserables. Pero indexarlo así de una manera… Imagínate ahora indexar los salarios a la inflación. Pues desaparecerían todas las empresas, irían todas las empresas al garete.

Estamos en un umbral de una inflación, no quiero ser demasiado agorero, pero a mí me da la impresión de que esto va a más. Esta inflación, este panorama mundial de incertidumbre y esos errores propios…. A mí lo de Argelia me parece algo fantasmagórico. Y lo de Marruecos no está ni explicado ni se va a explicar. Yo no sé por qué, pero ahí tiene que haber algo que explique por qué se han cometido esos errores de tanto calado. Porque claro, lo de Gibraltar ya lo tenemos asumido. Yo creo que soy el único ciudadano español al que le interesa Gibraltar, porque la gente ni habla de eso, parece ni importarle. Para mí es una afrenta que me hace desconsiderar a los ingleses como ciudadanos, porque me parece una afrenta muy importante. Pero es verdad que aquí, no se ha explicado nada (volviendo a Argelia y Marruecos). ¿Cómo se toman esas medidas? Hay versiones, a las que no me voy a sumar, no puedo hablar por hablar. Pero hay cosas que no están explicadas, sobre países de los que teníamos una dependencia energética y política importante.

P. Si, como dice la inflación va a seguir subiendo y si los salarios no se suben, hay un retroceso del consumo de las familias que viene a repercutir también en la economía.

R. Sí, sí. Está claro. El proceso se complica. Si esos salarios no suben…el desahorro de las familias va a ser total. Y una economía tiene que tener para sustentarse lo mismo un importante ahorro público que un ahorro privado. Si la economía y las familias desahorran, pues la situación se va a hacer muy difícil. Con lo cual la única manera de suplir esa falta de productividad, de evitarla y mejorarla, es con reformas estructurales. Conservando la economía real, no la economía escaparatista ni la economía que los partidos políticos nos quieren llevar, sino la vida real. ¿Y cuáles serían las reformas para mejorar la productividad? Estamos, repito, en el lugar 46 de 50 países. Es que es de risa. Eso es muy grave.

Tenemos que ir a cambiar eso para mejorar los salarios que, a fin de cuentas, es lo que todos tenemos, o la mayoría al menos. Pero, o eso ocurre o la economía tendrá que compensar a esos ciudadanos para que puedan seguir viviendo.

Estamos tocados. El otro día hacía una relación sobre cómo la inflación afecta a todo. Afecta al turismo, y vivimos del turismo, afecta al ahorro familiar y es básico para que podamos seguir viviendo, afecta a la vivienda y hay gente que está en ese proceso de adquisición de vivienda y se ha encarecido enormemente con el euríbor y los tipos de interés que se están disparando, afecta al combustible, al escudo social en general que todos tenemos… la deuda pública disparada, los impuestos…. El Gobierno venga a recaudar y las familias pagando una deuda que está ligada a la inflación… Y todo eso lleva a una situación que los economistas clasificamos como la peor de todas, la llamada estanflación: es decir, inflación con estancamiento. La economía no crece y con inflación. Eso es bárbaro, porque ahí se retroalimentan.

El cortoplacismo es un pecado capital en este país

P. ¿Y qué deben poner de su parte los empresarios?

R. El empresario serio, que los hay -y también otros que no lo son-, lo que tiene que hacer es mejorar sus planteamientos empresariales, mejorar su productividad. Aquí se abandona mucho a la inercia y al abandono, que no es bueno porque los mercados cada vez son más competitivos y más abiertos, y obligan a hacer frente a ello con verdadera competencia, con verdadera capacidad.

Al empresario le corresponde hacer un esfuerzo porque si no la economía se viene abajo. Porque una economía como la nuestra es una economía basada en la empresa, no en otra cosa, está basada en las empresas, en las unidades productivas, ya sean de agricultura, industria, servicios, turismo, comercio o lo que tú quieras. Empresas, unidades productivas. Y esas unidades productivas tendrán que hacer un esfuerzo. Y si no tendrán que cerrar.

Que esa es otra, que aquí -en el Colegio de Economistas- lo vemos desde el punto de vista profesional. Cada día hay más cierre de empresas, más procesos concursales, más procesos de desaparición de empresas, que no son convenientes.

Y luego, otra cosa que habría que hacer, más formal que real es ese término del que se viene hablando desde hace mucho tiempo que es la colaboración público-privada. Más formal que real, habría que integrarse los empresarios….no crear organismos y mecanismos que al final lo que hacen es crear un ambiente falso, no real, no conectado con la realidad. Y en esto los políticos son especialmente habilidosos y continuamente están inventando nuevas cuestiones.

Una reforma estructural básica en este país es la reforma democrática, que impida que gente sin conocimiento, sin formación, sea un responsable político de alto nivel, además de un responsable empresarial porque la administraciones tienen empresas, y empresas importantes de las que dependen muchos trabajadores, mucha gente y muchos proveedores, muchos clientes… Y no lo hacen. Porque claro, el dinero público, como decía la ignorante esta que había en el Gobierno, una tal Carmen Calvo, de Cabra, decía que el dinero público no es de nadie. Claro, decir esas barbaridades es fuerte. Pero claro el conocimiento de la economía y de cualquier cosa le parecía demasiado.

Yo creo que sí, que el dinero público es de todos. Es un esfuerzo en el que todos tenemos que colaborar y todos tenemos que exigir que se administre de una manera adecuada, de una manera que sirva para que esa colaboración público privada mejore la productividad y competitividad de la economía. Y la relación en la participación del producto de empresarios y de trabajadores.

No sé cuál de ellos tendría que tener más parte, no lo sé, eso es una cuestión ya de opinión. Pero desde luego las dos partes tienen que tener una participación en ese producto, en ese resultado. El empresario no está para explotar al obrero ni el obrero para engañar al propietario. Y las dos cosas están ocurriendo al mismo tiempo. Y claro, el empresario no crea empleo, porque cree que el obrero no trabaja. Y el asalariado cada día se hace más distante del mundo laboral porque cree que está cobrando poco y para que eso se queda en su casa cobrando el PER, el par, el pir, el por y el pur, que de todo hay en este país para no dar ni clavo. Como decía el profesor Tamames, mi maestro y amigo, el problema de este país es trabajo, trabajo y trabajo.

Esto es lo que no hay. Es que la gente no quiere trabajar. Yo tengo experiencias, no es que le falte el trabajo, es que no quiere trabajar. No se molesta. Vive mejor del PER, del par, del pir, del pur… La picaresca en este país es de las cosas más desarrolladas desde Quevedo y ha llegado a situaciones donde se puede vivir por la cara de por vida. Claro, en esas condiciones, cómo va a haber productividad, cómo va a haber progreso, cómo va a haber equilibrio.

Para mí, en todo esto que hablamos y en el mundo de la economía, la clave está en el equilibrio. Todo tiene que estar equilibrado: el beneficio, el salario, la renta, todo tiene que estar equilibrado. Y si no hay equilibrio, no hay progreso, Olvídense. Y el equilibrio pasa por que, a todos los niveles no solo económico cuantitativo sino a nivel cultural, a nivel deportivo a nivel musical, a todos los niveles debe haber un equilibrio en la sociedad. No Ronaldos ni cosas así un poco esperpénticas que no llevan a ningún lado, sino a un equipo donde haya una cierta calidad de sus integrantes y que todos tengan un papel importante en esa contribución que se haga al resultado.

Este es un país desequilibrado y un poco esperpéntico. Las cosas aparecen y desaparecen….Y no se llega a ninguna conclusión.

Cuando las cosas van mal, para la economía española es peor aún porque no tiene resortes estructurales

P. El cortoplacismo…

R. El cortoplacismo es un pecado capital en este país. Hay una vocación cortoplacista innata. Y en todo lo que hacemos. Hay que hacer reformas de largo alcance, porque las otras no sirven para nada, solo sirven para parchear. Hay que hacer las que permitan que las cosas cambien estructuralmente y ese eso es el funcionamiento integrado y estructural lo que da posibilidades de futuro. Las cosas de escaparatismo, anuncios, ocurrencias, improvisaciones…eso no sirve para nada. Y yo, lo que observo, lo digo con toda sinceridad, son demasiadas ocurrencias, demasiado escaparatismo, demasiada falsedad y demasiada ignorancia también.

Yo creo hay mucha gente que está rigiendo los destinos del país y es profundamente ignorante. Porque ser competente no quiere decir que uno tenga que ser catedrático de Universidad ni abogado del estado. No, puede serlo cualquier ciudadano, que sepa llevar con orden, con cabeza y capacidad una idea y un proyecto. Pero aquí parece que si no es algo de esto que he mencionado antes, no se sirve para nada. ¿Cómo que no se sirve para nada? Esos son los que más capacidad tienen. Y luego no dejarlo que se eternicen en una tarea en la que ya hayan demostrado fehacientemente para la que no sirven. Y es que se eternizan. Aquí se sienta un personaje -hombre o mujer que me da lo mismo, no tengo yo esas manías de caballeros y caballeras porque no he sido misógino nunca y soy profundamente amante del equilibrio entre mujeres y hombres-… Han demostrado una incapacidad innata y su no deseo de salir de allí en ningún caso. Y la democracia tiene que buscar sus mecanismos para que esto no ocurra.

El ejemplo del payaso de Boris Johnson en Inglaterra. Oiga, usted es un payaso y su propio partido lo ha puesto en la calle. Se ha dado cuenta de que es un payaso y el tío se tiene que ir, no se puede eternizar. Luego se dedicará a lo que sea y ganará más dinero que siendo primer ministro…pero eso ya es un problema de la sociedad.

Hay una cantidad de incompetentes, ¿cómo se va a poner una sociedad en manos de esos, una ciudad, un país, una región…? Además, es gente que no hace nada. 

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