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David Pino: “Donde más he visto maltratar al flamenco ha sido en las peñas”

David Pino | TONI BLANCO

David Pino (Puente Genil, 1972) es una cantaor atípico. Para empezar, es un artista relativamente joven con más de 30 años de carrera, un cantaor que esperó a sonar lo suficientemente sabio para publicar su primer disco, titulado convenientemente, Mi largo caminar (La Droguería Music 2018). Por el camino, se formaba. Mientras se pensaba bien lo de entrar en el estudio, se formaba. Mientras ganaba dos de los concursos más importantes de España -Las Minas en 2003 y El Nacional en 2008-, se formaba.

También ponía su voz al servicio de algunos de los más grandes, como Manolo Sanlúcar a Javier Latorre. Y llegó a escribir y dirigir una obra sobre Fosforito que se vio en La Noche Blanca y en la Bienal de Flamenco de Málaga. Pero entre unos y otros proyectos, se formaba, seguía poniendo en práctica aquello que le decían los maestros en los tablaos, cuando los acompañaba siendo joven: “Niño, tú sigue cantando, pero estudia”.

Haciéndoles caso es como se hizo con la licenciatura en Estudios Superiores de Música, con la diplomatura en Magisterio y con el máster en Investigación y Análisis del Flamenco. Así, con un pie en los conservatorios y en las escuelas, y otro en los escenarios, es como ha ido haciendo su largo caminar David Pino hasta tomar las riendas, a finales de 2019, de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba.

Tras la abrupta salida de Arcángel de este mismo puesto, a Pino le tocó asumir el también abrupto final de su primer curso al mando. Fue con el estallido de la pandemia del coronavirus en marzo y le dejó una sensación agridulce. Aunque su continuidad está asegurada, tal y como explicará en esta larga charla, en la que se hablará largo y tendido sobre algunos de los déficits y fortalezas del arte jondo.

PREGUNTA. ¿El que es flamenco nace o se hace?

RESPUESTA. Hay que tener obviamente una disposición natural para la música. Si en este caso hablamos de cante, pues eso lo tienes o no lo tienes. Pero después hay que aprender. Y el flamenco es algo que nunca se acaba de aprender. Porque en el caso del cante hay tantos estilos. Y tienes que aprender a hacer una lectura propia de todo aquello que vas aprendiendo para tamizarlo de alguna manera con tu propia impronta. Aparte de que el flamenco hoy en día, como música que es, ya no solo nos limitamos a ver y a conocer las estructuras propias del cante, sino que también con la integración del flamenco en las enseñanzas regladas, pues estamos bajo un prisma teórico-musical que lo equipara a cualquier género.

Me preocupa especialmente integrar a la gente joven en la cátedra

P. Antes hablabas de cómo se ha ido perdiendo un poco esa forma de cante cordobés, en parte por los efectos de la globalización. Eso al mismo tiempo es lo que hace que una persona de Tokio se quiera venir a España a estudiar flamenco, pero evidentemente, nacer en Puente Genil tiene un componente de predisposición natural.

R. Claro.

P. Es uno de los puntos clave del flamenco. Ahí sí que está bien preservado.

R. En Puente Gentil ha ocurrido algo, no sabemos si de manera casual. Sabemos que estamos en el corazón geográfico de Andalucía. Y se ha dado la circunstancia de que ya desde la primera década de los años XX ha habido artistas con relevancia en el flamenco. Así, hasta llegar al maestro Fosforito, que ya sabemos que es un icono. Es curioso porque, quien lo conozca algo en profundidad, sabrá que en Puente Gentil hay una predisposición natural para la celebración de la música. En la Semana Santa se cantan saetas cuarteleras. En fin, allí hay mucha espontaneidad a la hora de la música y eso se tiene que traducir a la hora del flamenco. Esto unido a que, como te digo, ha habido artistas grandes. Está la época de los 60, con la taberna de Pedro Lavado, cantaor de allí que fue un agitador cultural tremendo en el ámbito del flamenco. Y aquello propició que de alguna manera haya quedado ese semillero. Y bueno, como digo, sobre todo, porque ha habido figuras que han destacado de manera increíble.

P. Al mismo tiempo, si uno sale de los círculos flamencos, a lo mejor Puente Genil no sale en los mapas populares. ¿Por qué crees que es esto?

R. Claro. A ver, ya sabemos que en el flamenco esa tradición que eso que se ha venido a llamar el triángulo clásico Jerez-Sevilla-Cádiz, pues tiene una presencia notoria en el flamenco y no hay más que ver las programaciones que se hacen a lo largo de todo el año en los festivales. Ese triángulo está siempre por encima del resto de otras geografías flamencas. Hablamos de Puente Genil y hablamos de Córdoba también. Córdoba ha tenido un peso específico, por la vida flamenca, por todo lo que ha supuesto y lo que ha dado en fecundidad de artistas y de hitos históricos en el flamenco, como puede ser el Concurso Nacional de Córdoba o en la actualidad con la Noche Blanca.

P. Córdoba es parte del imaginario del flamenco.

R. Sí, pero digamos que está alejado de ese triángulo, aunque mantiene su peso específico. Y Puente Gentil yo creo que también. De alguna manera, quien sea mínimamente de nuestro arte sabe que Fosforito fue de Puente Gentil, sabe que Pedro Lavado fue un cantaor con mucho peso en su momento. Al igual que Juan Hierro en la época de la ópera flamenca. José Bedmar ‘El Seco’, que fue discípulo de Juan Breva. Diego Bermúdez ‘El Tenazas’, de Morón, que fue el ganador del concurso célebre del año 1922 de Granada organizado por Falla y Lorca. Es decir, esa herencia ha quedado ahí.

Un niño tiene que saber quién es Paco de Lucía igual que tiene que saber quién es Mozart

P. Quizá tenga que ver con la propia idiosincrasia cordobesa. Le hacemos ojitos a lo de fuera.

R. Bueno, yo creo que Córdoba es consciente de su valor. Lo que ocurre es que es una ciudad que por densidad de población y por oportunidades no puede compararse con otras ciudades grandes. Por ejemplo, en el caso de Madrid, artistas de todos los lugares han acudido a Madrid a hacer carrera. ¿Por qué? Pues porque el artista de Jerez, por muy bueno que sea, nunca habría podido hacer carrera quedándose en Jerez. Yo creo que somos conscientes porque a Córdoba nos están constantemente diciendo desde fuera quiénes somos. Nuestros artistas están muy reconocidos fuera. Yo creo que nos damos cuenta y lo que ocurre es que hay que sentirse orgulloso y disfrutar en la medida de lo posible de ellos.

P. Esa dinámica de hacer carrera en Madrid no se ha podido doblegar desde hace un siglo.

R. Efectivamente.

P. ¿Debe ser un poco frustrante, también?

R. Debe serlo, sí.

P. Dices debe serlo como si habláramos de otro, cuando tú sí que has hecho tu carrera como cantaor sin tener que irte a Madrid.

R. Sí, claro, efectivamente. Bueno, a partir del año 92, cuando llegó el AVE parecía que iba a haber un punto de inflexión y que no iba a ser necesario irse a Madrid porque lo tenemos a dos horas y media. Pero bueno, finalmente sí. Finalmente no voy a descubrir nada nuevo, Madrid es la corte y el lugar de las oportunidades también.

P. Que también le pasa a un ingeniero.

R. Efectivamente.

P. Que nos ponemos muy flamencos, pero ¿cuántos jóvenes se van a Madrid o fuera para prosperar?

R. O a otros países. No tenemos más que ver Españoles por el mundo.

Siempre he sido un cantaor inconformista

P. Es verdad que en el flamenco es muy llamativo, porque lo sentimos muy apegado a Andalucía. Esa reivindicación de lo nuestro, la mejor manera de hacerla es desde el conocimiento y desde el reconocimiento. El reconocimiento ya lo tiene. Títulos de la Unesco, bien protegido y tal. Pero el conocimiento falla. Hay mucha gente aquí, y yo me incluyo, que contacta con el flamenco cuando ha pasado una edad, por puro desconocimiento. A veces incluso puede llegar a generar rechazo por ignorancia.

R. Sí. Este mensaje típico de que el flamenco es para gente mayor. Esto ha ocurrido y que también lleva a los artistas a querer revitalizar el flamenco. La obsesión por llevar el flamenco al público joven siempre ha existido. Bueno, a mí no me parece mal. Se trata de sintonizar con el flamenco de la manera que sea y, una vez que tienes conocimiento de ello, continuar en la profundización y en el conocimiento del arte en la medida en la que tu afición o tu curiosidad te lleve, ¿no? Y es cierto que siempre ha existido ese mito y no sin parte de razón. Pero el flamenco, como sabemos, está considerada como una música clásica. E independientemente de que haya momentos en los que se intente amoldar a los gustos del momento en su afán por conquistar a un sector del publico más amplio, sobre todo el joven, el flamenco es una música clásica que está ahí para el disfrute. En ese sentido es transversal.

P. Es curioso, porque más vanguardista se vuelve el flamenco mientras más clásico es. Mientras más tiras pa lo hondo. Es muy curioso porque eso no lo tienen muchos géneros.

R. Más vanguardista, sí claro. Esto ha ocurrido siempre y lo estamos viendo hoy día. Siempre ha existido esa polarización y ese doble perfil en los artistas y los aficionados.

P. Es que si te pones a escuchar cantes de finales del XIX y principios del siglo XX te quedas asombrado de la riqueza y la complejidad.

R. Efectivamente. Más clásico... Ahí está el poder del flamenco. Del flamenco y de la música en general. Ya sabemos que los grandes clásicos, como podían ser Mozart o Händel también vivían de las fuentes del repertorio más popular de la música. Y fíjate que hicieron después monumentos con ese material melódico más simple y primitivo. En el flamenco ocurre esto también. Los genios se basan en un motivo y a partir de ahí construyen algo que puede llegar a ser de máxima vanguardia.

P. Volviendo al tema del conocimiento y el reconocimiento, creo que igual tendría sentido que hubiera una asignatura, no sé, un trimestre o un semestre, en el que se explicara un poco el flamenco. Es que es el mejor lenguaje que tiene hoy España y apenas se conocen dos o tres rasgos.

R. Bueno, a ver… Ahí el problema estaría en la cuota que debería tener ese espacio en la enseñanza obligatoria. Es decir, obviamente, estamos todos de acuerdo de que un niño tiene que saber quién es Paco de Lucía igual que tiene que saber quién es Mozart. O Falla, o Beethoven. A mí me parece bien. Pero hay que tener en cuenta hasta qué grado de profundización a la hora de impartir los contenidos se deben consensuar. Es decir, no me parece tampoco que un niño tenga que conocer la diferencia entre la Malagueña de Chacón y la Malagueña de la Trini.

En el flamenco se ha aprendido siempre en base a ensayo-error

P. Por supuesto, pero yo voy a lo básico. ¿Cómo se puede valorar lo que no conoces? No es normal que el único contacto que yo tuve con el flamenco en el colegio y el instituto fuera que me enseñaran sevillanas en clase de educación física.

R. Claro. Efectivamente. En ese sentido me parece bien que se muestre lo que tenemos y que no se remita a la celebración del 28F o del día del Flamenco, que creo que es el doce de noviembre.

P. Supongo que esto es parte de tu trabajo en la Cátedra de Flamencología. ¿Cómo llevas el curso? El coronavirus cortó por la mitad tu primer año y me imagino que estarás preparando el curso próximo.

R. Ahora mismo estamos en proceso de autoevaluación. Para mí es muy importante saber qué lectura hace el alumnado de mi gestión. Me hubiera gustado hacer una despedida. La última sesión de la cátedra era precisamente una puesta en común para que hablásemos los alumnos y escuchar sus sugerencias. No ha podido ser y estoy recibiéndolas por correo electrónico. Esto es algo que también lo hago en el conservatorio. Para mí es muy importante tener una mirada externa de cómo funciona la cátedra. Sobre todo de cara a mejorarla y hacer una programación para el año que viene. Yo personalmente estoy muy contento con el resultado de las encuestas y por la felicitación del Consejo Asesor de la Cátedra de Flamencología, que ya me ha anunciado que seguiremos el año que viene también.

Lo que tenemos es que sentarnos a programar para el año que viene, pero siempre teniendo en mente una opción b para que, en caso de que tengamos que seguir el curso online o telemáticamente, pues tener esa posibilidad abierta. También tenemos que ver asuntos relacionados con el espacio. No está seguro que el año que viene continuemos en este espacio, en la Facultad de Ciencias del Trabajo. Tenemos que barajar todas esas posibilidades. Estamos en ello, aunque con muchas ganas de continuar. Es cierto que no he tenido tiempo de rematar, pero creo que he tenido el tiempo suficiente para tomar el pulso a una labor que ha sido nueva para mí.

El pellizco no se puede enseñar en la escuela

P. ¿En qué sentido?

R. Bueno, yo la cátedra la he vivido desde sus inicios, la he vivido como alumno, pero nunca he estado en ese plano. Así que ahora estoy tomando nota y lectura de todos los errores que haya podido haber y de todo lo que sea susceptible de poder mejorar.

P. ¿Cuál querrías que fuera tu impronta dentro de la cátedra?

R. Me preocupa especialmente integrar a la gente joven en la cátedra. No es fácil, porque los horarios de la cátedra coinciden con el horario de estudio de los chavales. Normalmente mis horarios del conservatorio lo tienen difícil para asistir porque coincide. Estoy preocupado expresamente por eso. Y sobre todo integrar también a la afición cordobesa. Porque me parece muy raro que con una programación de tanta calidad que viene habiendo en la cátedra desde sus inicios, haya aficionados al flamenco que no muestran interés por asistir a la cátedra, que es prácticamente gratis. Entonces, es algo que me sorprende muchísimo y me gustaría saber por qué.

P. Yo creo que resucitas a Morente y a Camarón, los llevas a la Cátedra y no llenas el aforo.

R. (Risas) Sí, yo creo que sí. Es algo que no comprendo. Y el horario influye, pero también hay aficionados jubilados que no van. Es raro. Es algo que me preocupa especialmente.

P. ¿Tú que has aprendido de ti, aprendiendo de flamenco? Porque le has dedicado mucho tiempo al estudio de lo que te gusta.

R. ¿A nivel personal te refieres?

P. Sí.

R. Bueno, a ver, yo soy aficionado al flamenco y soy artista y profesional. Y con una trayectoria de tantos años en los que me he tenido que enfrentar a situaciones muy difíciles y complicadas. Ese momento en que aquello deja de ser solo una afición. Bueno, prácticamente yo empecé a cantar de manera profesional con 14 años. Lo mío ha sido un constante reto y una constante pelea y lucha para someterme a las diversidades que podemos tener cada cual en nuestra profesión. Los miedos, no solamente profesionales, sino también artísticos. Enfrentarte contigo mismo, retarte contigo mismo, asumir retos que, si después no los alcanzas, caes en un estado, digamos de depresión. Todo eso hace que te conozcas a ti mismo. Yo siempre digo que, en una carrera de bastante tiempo, cuando el aire sopla a tu favor, continuar para adelante es muy fácil. Lo difícil es cuando tienes que asumir situaciones delicadas y tiras para adelante. Todo eso radica en el autoconocimiento y es lo que te hace finalmente más fuerte como ser humano.

En los conservatorios no hacemos artistas. El artista debe venir de casa

P. ¿Y como cantaor?

R. Como cantaor también. Bueno, eso depende de cada cual. Yo siempre he sido un cantaor inconformista. Nunca me he conformado con aprender lo aprendido. Siempre he asumido retos personales conmigo mismo para intentar progresar e intentar de alguna manera conquistar el respeto del aficionado, que me parece fundamental. Y cuando hablo del aficionado, me refiero también a los compañeros. Y, bueno, eso me ha hecho como cantaor ser muy curioso y no dormirme en los laureles, en definitiva.

P. Estoy seguro de que cuando empezaste a estudiar más de uno te decía que para hacer carrera tenías que dejar los libros y ponerte a cantar.

R. Sí. Pero es curioso porque también ocurría al revés. Cuando empezaba en los festivales muy jovencito y compartía escenario con artistas veteranos en aquel momento, estos me decía justo lo contrario: “Niño, tú sigue cantando, pero estudia”. Yo siempre he estado en medio de esos dos mundos y de alguna manera, de forma inconsciente, me ha mantenido en un equilibrio. En cualquier caso, nada de esto ha sido impuesto o se ha hecho siguiendo las directrices de nadie. Es decir, mi padre era aficionado al flamenco, pero en ningún momento me marcó por donde debía ir. Yo estaba ahí. En el flamenco se ha aprendido siempre en base a ensayo-error. Y hemos ido superando barreras. Como cantaor todo eso es un rédito que aparece de alguna manera en la propuesta que tú luego presentas en el escenario.

P. Supongo que también ha sido una suerte que tú comienzas en un momento en el que ya se empiezan a desarrollar los primeros estudios de flamenco. Porque los cantaores que te precedieron eran estudiosos, no cabe duda. Pero eran estudiosos de una tradición oral. Y tú has estado también a caballo entre esos dos mundos.

R. Claro. Efectivamente. De la tradición oral, afortunadamente, no debemos hablar en pasado. Porque está ahí todavía y es algo fundamental en el flamenco. Sobre todo lo estamos viendo ahora mucho con este asunto de las comunicaciones telemáticas. Creo que nos volveríamos locos y creo que la música no tendría sentido. Creo que me volvería loco si tuviera que hacer recitales permanentemente mirando a una cámara. Necesitamos sentir el sudor, el gesto y la sonrisa de quien está delante. Esas emociones que es hacia donde vamos, a conquistar las emociones del público. Otra cosa sería inviable. Por eso digo, que esa tradición oral que siempre ha existido en el flamenco aun permanece. La diferencia es que antes no era tan asequible o accesible la opción b de la formación. Aunque con matices. En la época de la Niña de los Peines o de Manuel Vallejo, te estoy hablando desde el primer tercio hasta la segunda mitad del siglo XX, ellos también escuchaban discos. Grabaciones de pizarra. Eso ya estaba ahí.

Hoy día se canta mejor que nunca. Esto no quita que haya genios del pasado que son insuperables

P. Sí. La primera mitad del siglo XX es esplendorosa, aunque en el franquismo el flamenco vive una época más oscura. Al menos comparado con esa otra época.

R. Sí. Obviamente. Pero en el flamenco siempre ha existido ese aprendizaje de compañero a compañero. De artista a artista. En esas compañías como las de Valderrama, los artistas estaban juntos cuatro o seis meses. Los artistas aprendían juntos. Yo creo que eso todavía permanece. Ocurre también con el movimiento de los estudiantes de flamenco en los conservatorios. Muchos vienen a estudiar y uno es de Sevilla, otro de Huelva y otro de Madrid. Y estos llegan y acaban compartiendo piso. Pues ahí puede haber cuatro o cinco guitarristas conviviendo en el mismo piso y dándose de comer los unos a los otros. Cada uno con sus conocimientos. Esa tradición la sigue habiendo, lo mismo que la había en el cante.

P. Si tuvieras que escoger alguna de tus facetas, ¿con cuál te quedarías?

R. Yo soy cantaor. Yo no sería docente si no fuese cantaor. Y no investigaría con tal profundidad en el flamenco si no fuera por el punto de obligación que tengo. Yo soy cantaor por encima de todo. Todo lo demás ha sido una consecuencia. Ocurre, se da la circunstancia de que me gusta mucho la docencia y por eso me preocupé de estudiar la carrera de magisterio. Porque me gustaba y he tenido la suerte de que, cuando estoy dando clase, no lo hago porque sea mi sustento, sino que en realidad es una de mis pasiones. Pero todo esto es una consecuencia de mi faceta como cantaor.

P. Y también tienes la suerte de que el flamenco es un género que te permite tener una carrera de 30 años sin necesidad de sacar un disco.

R. Sí. Es curioso. Bueno, a ver, yo tuve un ofrecimiento cuando tenía 20 años para hacer una grabación discográfica con Senador. Aquello finalmente no cuajó. Sinceramente, tampoco puse yo mucho de mi parte. Porque algo me decía mi fuero interno que yo no estaba suficientemente preparado para grabar un disco. Y bueno, he hecho algunas colaboraciones sueltas por ahí en algunas grabaciones, pero, como digo, siempre había estado pensando en la grabación de un disco. En cualquier caso, lo hemos hablado, yo soy muy de ese directo. De sentir las sensaciones y crecerme en el escenario. Creo que buena parte de la afición siempre me ha visto así de esta manera. En fin, no es algo que desdeñara, pero grabar un disco no era una obsesión por mi parte.

Finalmente surgió la propuesta y dije: “Va a ser ahora”. Y la verdad es que estoy muy contento. Porque de alguna manera, en ese trabajo está depositadas todas esa evolución y se han superado todas esas carencias que me veía en aquel momento que te decía, cuando tenía 20 años. Y bueno, la verdad es que mi idea era empezar a trabajar en otro. Pero en estas circunstancias, las prioridades en este momento están enfocadas a la carrera de flamencología, que me absorbe todo. Así que de momento lo tengo aparcado.

El nacimiento del flamenco como profesión va ligado al extranjero

P. ¿Pero no van a pasar otros 30 años hasta el siguiente?

R. No. Pero bueno, si pasan, pues los celebraremos.

P. Hombre, yo espero que no. ¿Qué diferencia hay entre conocer el cante desde la guitarra? Porque tú empezaste con la guitarra, ¿no?

R. No. Al mismo tiempo. Para saber qué me ha aportado la guitarra, tendría que haber aprendido más tarde. Pero como aprendí al mismo tiempo, como aprendí el cante con la guitarra en la mano, no te podría decir como habría sido de otra manera. Pero es evidente que el tratamiento que le doy al cante en todos los sentidos, tanto a la hora de aprenderlo como a la hora ejecutarlo, como a la hora de enseñarlo, para mí es fundamental la guitarra. Yo no sé enseñar cante sin una guitarra en la mano. Porque me facilita mucho las cosas, porque la voz, como instrumento, al no ser temperado y no tener una afinación absoluta, está bien que tenga el apoyo de un instrumento. Y la guitarra, que no es temperada tampoco, lo es más que el cante. Entonces, para mí, me ha servido para acompañarme yo con la guitarra, para conocer los acordes y poder hablar el mismo lenguaje con los guitarristas. Yo les he dicho a los guitarristas lo que quiero. Lo que pasa es que he contado con guitarristas tan buenos, que lo que yo he propuesto lo han multiplicado por cien. Pero bueno, he podido esbozar la línea de lo que yo quería, por lo menos.

P. Se nota en el disco el peso que tiene. Le das mucho aire a José Antonio (Rodríguez) y a Manolo (Franco). ¿Trabajar con esta gente o con leyendas como Fosforito y Sanlúcar sí que tiene que ser un punto y aparte? Sobre todo por la posibilidad que da el tratar de tú a tú a estos maestros.

R. Claro. Bueno, de Manolo Sanlúcar ¿qué voy a decir? Como aficionado a la guitarra que soy, para mí Manolo Sanlúcar siempre ha sido lo máximo. Lo máximo. Recuerdo perfectamente cuando vino a Córdoba en el año 89 a presentar el disco de Tauromagia, con Vicente Amigo de segunda guitarra. Y bueno, pues tener la oportunidad de trabajar con él durante un año, casi todos los fines de semana cogiendo el coche para estar con él, en casa, trabajar, aprender de él y disfrutar también de su amistad, como así me lo ha demostrado en mas de una ocasión. Ya no es el hecho de sentir ese privilegio de estar con una figura en el sentido fetichista, sino que es alguien que te enseña muchísimo. Porque Manolo es un ser humano extraordinario con muchas bondades, aunque también con esa disciplina tan férrea que tiene. Tiene un punto de exigencia para todo. Con Manolo es imposible equivocarte en una nota. Nunca te lo perdonaría. Y nunca me lo perdonaría a mí mismo fallar a Manolo en una nota. Esto te coloca en un estado de estrés que, bueno, trabajar con Manolo es muy difícil. Es muy complicado. De hecho todos los músicos que trabajan con él estamos de acuerdo.

Esta crisis va a servir para que los flamencos tengamos más conciencia de la importancia que tenemos como ente cultural

P. Me imagino que también será muy creativo. Es algo análogo a lo de un atleta.

R. Claro. Me imagino que será algo parecido. Y con el maestro Fosforito pues igual. Tener la suerte de que alguien a quien admiro tanto, contar con sus consejos y con su cercanía personal… Pues la verdad es que sí. Con ellos y con otros muchos más con los que he tenido la suerte de convivir. La verdad es que cuando me preguntabas qué te ha aportado el flamenco como ser humano, está también esto. Y quienes somos aficionados y tenemos la suerte de tener relaciones con gente como ésta es algo que no se nos va a olvidar.

P. El caso de Fosforito yo tengo la impresión de que va a tener que morirse para que vengan a rescatar su legado y lo pongan en su lugar como una de las voces más personales del flamenco. Más allá de que los entendidos ya lo saben.

R. Pues fíjate, yo creo que Fosforito es un cantaor que no debe tener queja de su reconocimiento porque ha sido uno de los artistas más galardonados en vida del flamenco. ¿Qué es lo que ocurre? Que Antonio desde hace muchos años, hace ya casi 20, deja de estar en el candelero y en primera línea. Y bueno, ocurre también con Sanlúcar. ¿Qué reconocimiento quiere Sanlúcar? Los tiene todos o casi todos. Yo creo que Fosforito tiene el reconocimiento de todos los flamencos. Antonio y Sanlúcar, como todos los grandes genios, que son artistas de tanta personalidad y un sello tan profundo, pues… Obviamente el libro de los gustos está abierto a todo el mundo, pero el caso de Fosforito es tan curioso porque, siendo consciente de que obviamente hay una parte del público a quien no gusta su cante, sin embargo, yo lo único que veo es trato de respeto hacia él. No solo por su edad. Sino por lo que ha representado y lo que ha marcado en el flamenco. Y eso es muy interesante.

P. Sí, aunque yo me refería a ensalzar su figura como está ocurriendo ahora, que hay un revival de La Niña de Los Peines o de Mairena, que a lo mejor hace quince años no era tanto.

R. Ah, ya ya. Bueno, en el caso de Córdoba, le ha dado mucho a Antonio y él es muy agradecido. Además, gracias a dios lo tenemos todavía aquí para disfrutarlo.

P. Me refiero a ese tipo de reivindicación, al hilo de que muchas veces vienen de artistas jóvenes que vienen ya formadas en conservatorio, como pueden ser Rocío Márquez o Rosalía. Y supongo que este tipo de reivindicaciones son positivas para el conocimiento del flamenco, porque llevan estas figuras a otros públicos.

En Puente Gentil hay una predisposición natural para la celebración de la música

R. Bueno, pero esto también ha ocurrido siempre. Es decir, en la época de Antonio Molina, había quien pensaba que Molina era cantaor flamenco. Y hay quien pensaba que Manolo Escobar era cantaor flamenco. Y que Isabel Pantoja es una cantaora de flamenco. Esto siempre ha ocurrido. Siempre ha habido artistas que han sido asociados al flamenco por ponerse la ropa flamenca cuando les ha beneficiado.

P. ¿Te refieres a Rosalía en este caso?

R. Hablo de los artistas que te marcaba y puede ser el caso de Rosalía también.

P. ¿Qué tiene de positivo esta línea? Porque me imagino que algo de positivo tendrá.

R. Hombre, imagino que es positivo que, aunque no lo creamos, todavía quedan lugares en el mundo donde la palabra flamenco no se conoce. Esto ya lo hizo nuestro cordobés Juan Serrano en la década de los 50. Esto lo ha hecho Paco Peña, también cordobés. Esto lo ha hecho Paco de Lucía, Víctor Monje Serranito, Antonio Gades, Carmen Amaya… Tantísimos artistas. Y bueno, pues si hay algún lugar donde la palabra flamenco no se conoce, pues bienvenido sea. No me parece mal.

P. ¿Tú te sientes parte de una generación o vas a tu aire?

R. Yo he ido siempre a mi aire. Con mis aciertos y mis desaciertos, he sido un cantaor que siempre he ido a mi aire y he hecho las cosas como he entendido que debía hacerlas en cada momento. No he sido un cantaor con un manager que haya dicho: “Vamos a plantear esta estrategia o la otra”. Ni he tenido a nadie que me haya dicho: “Vamos a promocionarte”. Y tampoco he sido un cantaor… Por ejemplo, en mi época de los concursos yo recuerdo que cuando llegaba me daba cuenta de cuál era el modelo de interpretación y de repertorio para triunfar. Pero yo huía de eso. Mi propuesta siempre intentaba que fuera personal. Y nunca me traicioné a mí mismo en ese sentido. El coste que puede tener esa postura es que probablemente no te sitúas en una línea determinada. Y quizá por ello es posible que haya ido por libre.

P. ¿Cómo está el cante en estos momentos?

R. A ver, yo soy de la opinión de que hoy día se canta mejor que nunca. Esto no quita que haya genios del pasado que son insuperables. Como cantaba la Niña de Los Peines, eso no se puede superar. Nunca se va a superar ese genio, como Tomás Pavón, como tantos otros. Pero a nivel general, hoy día se canta con más perfección que nunca, con más conocimiento que nunca, con más técnica que nunca… Y habrá quien diga: “Vale, sí. ¿Pero con más corazón que nunca?”.

Yo no sería docente si no fuese cantaor

P. ¿Con menos pellizco?

R. No te voy a decir ni con más ni con menos. Somos seres humanos. En el siglo XIX los cantaores eran seres humanos y hoy mismo también. Estamos hechos de la misma materia. Y no creo que se pierda sensibilidad o expresión en el cante. Yo creo que no. Eso que se llama pellizco.

P. ¿Pero eso no se enseña en la escuela?

R. No. El pellizco no se puede enseñar en la escuela. Porque hablábamos al principio de la entrevista de que el flamenco se nace pero se hace. Hay una parte que es adquirida, pero otra que es innata. En el flamenco, yo siempre digo que en los conservatorios no hacemos artistas. El artista debe venir de casa. Allí lo que hacemos es darle herramientas a los artistas para que construyan su propia carrera de la mejor manera. Pero no podemos sacar de donde no hay.

P. Decía el otro día El Cigala que el flamenco no se aprende en casa haciendo zapping, que hay que pegarse también alguna que otra fiestecita.

R. Sí. Lo leí. De esto he escuchado muchas cosas. Aquí a la cátedra vino gente de Jerez, gente de puta madre. Y luego nos fuimos a tomar una cerveza. Y ellos pom, y pom y pom. Que si el arte, que si esto. Y yo les les conté una anécdota. En el año 89 o 90 le dieron un homenaje a El Pele en Palma del Río. Y fue Vicente Amigo, que estaba recién ganado el Nacional y estaba ya todo el mundo pendiente de él. Estábamos en una reunión, y estaba El Loquillo, que era el hermano de Manuel de Palma. Y estaba Vicente hablando con uno, y dijo El Loquillo: “¿Ese es el genio? ¿Y ese cuándo se ha emborrachado con la Fernanda y con la Bernarda para ser genio?” (Risas) Esa es la mentalidad. Tú, si no te has emborrachado con la Fernanda y con la Bernarda y con Gaspar de Utrera, no puedes ser un genio.

P. Ni el flamenco es siempre fatiga ni el flamenco es siempre fiesta.

R. ¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a ser eso el flamenco?

P. Aprovecho entonces para hablar de las peñas y los tablaos, y lo mal que lo están pasando muchos de los artistas que se dedican a bailar para guiáis.

R. Sí, vaya.

En el flamenco siempre ha existido ese aprendizaje de compañero a compañero. De artista a artista

P. El otro día Faustino Núñez defendía a muerte el flamenco para guiris.

R. Claro. El nacimiento del flamenco como profesión va ligado al extranjero. No me voy a ir a la época de los cafés cantantes de finales del siglo XIX. Cuando hablamos de la irrupción de los festivales de verano en los años 60, va paralelo a la irrupción del turismo en España. Y a los festivales de la costa y todo eso. Entonces, no es posible disgregar una cosa de la otra. Es como cuando yo he ido a Lisboa a escuchar Fado. Hay sitios para que los guiris escuchemos fado.

P. ¿Además tú eres peñista, no?

R. Bueno, ahora no. Pero he sido peñista del Rincón del Cante muchos años.

P. ¿Y qué es lo más grande que has visto en una peña?

R. Donde yo más he visto maltratar al flamenco ha sido en las peñas.

P. Joder, vaya titular que me acabas de dar. No te frenes.

R. Sí, sí. Donde yo más he visto maltratar al flamenco ha sido en las peñas y donde he visto el mayor de los esplendores ha sido en algunas peñas. Tenemos eso. Bueno, yo te puedo contar cosas de peñas de estar cantando en el escenario y un señor tirar de la cisterna del servicio, abrir la puerta y pasar por delante mía subiéndose la cremallera. Esas cosas son las peñas. O alguien comiéndose un bocadillo en primera fila diciéndote: “¡Canta un fandango!”. Y los sonidos deleznables…

P. Los altavoces de los evangelistas, como lo llama Lin Cortés.

R. (Se ríe) Sí. Luego hay peñas que son chapeau. Y son esa parte de flamenco íntimo. Aquí en Córdoba tenemos la Peña El Almíbar, que lo han hecho muy bien. Peñas como esas, yo firmo para que continúen. Aunque a mí lo que me preocupa es la gente de los tablaos, porque de eso vive mucha gente.

P. Igual están los toros, que me ha dicho un pajarito que te gustan mucho.

R. Puff… Los toros están ya que… Hoy le han hecho una entrevista al ministro de Cultura. No sé qué habrá dicho. Luego la escucharé.

P. ¿Cómo va a salir el flamenco de esta crisis?

R. Hombre, va a salir tocado como industria que es. Y el flamenco no va a ser ajeno a eso. Ya sabemos que lamentablemente en cuestiones culturales va a estar a la cola a la hora de regularizaciones sectoriales. Pero bueno, hemos vivido momentos malos, hemos salido a flote y yo creo que esta crisis va a servir para que los flamencos tengamos más conciencia de la importancia que tenemos como ente cultural.

Yo no sé enseñar cante sin una guitarra en la mano

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