El Ayuntamiento concede 15.000 euros para el campo de refugiados de Zemio en Bangassou

Hospital de Zemio (República Centroafricana), en una imagen de archivo.

El Ayuntamiento de Córdoba ha concedido unos 15.000 euros para un proyecto de ayuda de emergencia de la Fundación Bangassou en el campo de refugiados de Zemio en la Diócesis de Bangassou, en República Centroafricana, que ha contado con un presupuesto total de 18.000 euros, para lo cual la citada entidad está en presente contacto con el obispo cordobés en la zona, Juan José Aguirre, y está al tanto de la situación existente en el lugar para “ayudar todo lo necesario”.

Según recoge la propuesta que ha salido adelante en la Junta de Gobierno Local, consultada por Europa Press, la fundación dispone de una nave de almacenaje para recopilar todos los materiales que se pueden mandar en contenedores, a la vez que a través de los ingresos obtenidos se han adquirido en la República Centroafricana todo tipo de bienes materiales como medicamentos, alimentos y todo tipo de necesidades que se puedan presentar.

Al respecto, en este proyecto, desarrollado hasta finales de noviembre, la primera acción “urgente” ha sido la de “atender a todas las personas refugiadas que se encuentran en la Diócesis, principalmente en la zona de Zemio, ya que muchas de las personas acogidas se han desplazado a estas zonas, y que suponen un gasto importante, dado que tienen muchas necesidades primarias que se tienen que cubrir”.

En este sentido, las necesidades más vitales han sido 50 barriles de gasóleo para bombear agua potable a los alojados; 50 bidones de desinfectante para letrinas; higiene, vestidos; alimentos de primera necesidad, y adquisición de medicamentos de primera necesidad.

Según datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), una persona obligada a desplazarse puede pasar una media de 17 años en un campo de refugiados hasta que puede regresar a su país u obtener permiso para establecerse en uno nuevo.

En concreto, se detalla que en el este de Centroáfrica, con países como Sudán del Sur, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Uganda, etc., se hallan los países más pobres del mundo, con situaciones endémicas que hacen que sufran guerras, hambre y pobreza propagada en casi la totalidad de su población.

Una de las misiones de la Diócesis de Bangassou “más castigada” es Zemio, con “regiones alejadas --1.700 kilómetros de Bangui, la capital--, incomunicadas y olvidadas por su situación geográfica y en continuo conflicto bélicos por su situación estratégica”.

De este modo, se señala que “cada día llegan más refugiados y desplazados internos --aproximadamente 700.000-- que se ven obligados a huir de conflictos armados de la propia región y zonas limítrofes, predominando mujeres y niños que llegan a Obo solos y sin acompañamiento de adultos”.

Ante ello, surgen nuevas necesidades con la presencia de estos y otros grupos vulnerables, más de 18.240 desplazados de Obo, Maboussou, Kere y Mboki, así como más de 12.000 refugiados que huyen de la guerra en el sur de Sudán, RDC.

Al hilo, desde la fundación apuntan que “la guerra no entiende de niños ni de ancianos”, a lo que agregan que “se pasa la frontera sin papeles y recorriendo los dos kilómetros de tierra de nadie que sirve para dividir los dos países”. “No hay vallas ni policías, porque el cuerpo policial de Centroáfrica se derrumbó hace tres años con la llegada de los Seleka”, relatan.

Así, describen que “sólo llegan a un inmenso campo de desplazados en donde 8.000 personas han huido de la quema desde diversos puntos de la geografía de Sudán del Sur, con las manos vacías y vestidos con lo que tienen”.

En este caso, explican que “Obo se encuentra en la Diócesis de Bangassou, siendo un campo de desplazados más, un montón de gente inocente que huye a un país amigo, aunque también éste tenga enormes dolores de cabeza de los que no sabe curarse”.

Según exponen desde la fundación, “en Europa se piensa que los desplazados provienen de Siria, el Magreb o el África del Sahel y son los que arriesgan la vida por llegar a Europa porque pueden pagarse el arriesgado y caótico viaje”, si bien “esa es la punta del iceberg, porque el grueso de los desplazados del mundo, muchísimos africanos, están pasando de un país a otro para huir de una muerte segura, de la inseguridad o de la violencia, en sus países de origen”, advierten.

“No lejos de allí, a 200 kilómetros hay otro campo, siempre en la Diócesis de Bangassou, con 3.000 desplazados que huyen de su país por la violencia de la LRA, el grupo de criminales fundado por el ugandés Joseph Kony”, según destacan, para precisar que “los desplazados del Congo se instalan en el campo de Obo y los de Sudán del Sur se quedan cerca de la frontera”.

Una decena de años

Al respecto, desde la fundación afirman que “los de Zemio llevan una decena de años”, tras “huir del Congo y llegar a la Diócesis de Bangassou sin pasaporte, papeles, visados, ni mordidas de carroñeros”, al tiempo que puntualizan que “si un día pasa lo contrario, los centroafricanos tendrán las mismas facilidades”, puesto que “no se sienten extraños en tierra ajena, porque la tierra es de todos, medien fronteras o no”.

Además, detallan que “la vida del campo es muy dinámica”, de forma que “los desplazados, a pesar de sus muchas desgracias, no dejan sus vidas aparcadas en vía muerta ni se contentan con vivir a trozos hasta la vuelta a sus hogares”. “Arreglan todo, arrancan hierbas, ayudan a preparar las zonas de los baños y duchas, unen sus manos y sus fuerzas para volver a vivir después de haber rozado la muerte”, subrayan, para remarcar que “no se hunden en la miseria, aunque lo hayan perdido todo”.

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