Sebas Velasco: “Tengo una cierta atracción por las cosas distópicas”

Obra de Sebas Velasco en Scarpia | ALEX GALLEGO

Con una obra que bascula entre el estudio de pintura y los murales urbanos de las ciudades, el trabajo de Sebas Velasco (Burgos, 1998) lo ha convertido en una de las figuras más interesantes del panorama artístico español y en un nombre capaz de trascender la etiqueta de la pintura callejera para llegar a situar sus cuadros en galerías y exhibiciones (y hacerse con algún que otro premio).

Licenció en Bellas Artes en Bilbao, Velasco continuó sus estudios en Barcelona y Bilbao, pasó por la Fundación Antonio Gala de Córdoba, y ha acabado instalado en San Sebastián, donde trabaja en un estudio en proyectos de carácter internacional y nacional. Estos días ha estado en El Carpio, donde ha culminado un mural en el marco de Scarpia que le ha servido para conectar su temática urbana con la pintura clásica.

P. ¿Qué tal la experiencia aquí en Scarpia?

R. A nivel personal, fantástica. Por un lado porque yo también he tenido siempre mucha querencia por Andalucía, admiración artística, lumínica o paisajística. Y además tengo muchas amistades, muchos pintores. Yo estuve en la Fundación Antonio Gala y es un placer volver.

P. Y aquí estás, en mitad del campo, liado con una intervención.

R. Sí, no tenía ninguna temática definida ni nada, que suele ser lo habitual en los proyectos en los que participo. Yo habitualmente no vengo con un tema definido. Y aquí hemos venido tres compañeros, Gabriel que me está ayudando técnicamente; y José Miguel, que es fotógrafo.

P. Ha sido un trabajo en equipo entonces.

R. Sí. Los tres tenemos una especie de gusto estético común y hemos intentando aplicarlo en un escenario nuevo, en este caso El Carpio. Así que los primeros días estuvimos andando por ahí, viendo diferentes localizaciones, conociendo gente. Y nos impactó mucho esa especie de poética industrial que tiene El Carpio y que no me la esperaba. Y es una cosa que me encanta, mezclada con una idea más típica de lo que yo podía tener preconcebido, de pueblo andaluz y tal. Así que me han encantado ese giro que le dan los silos. Esa industria que le da un toque que no sabes si es de pasado, de presente o de futuro.

P. Es un componente casi Ballardiano, esas industrias que tuvieron que ser la vanguardia y ahora parecen obsoletas.

R. Buah, sí. Brutal. Todo eso nos ha encantado. Y también que, al mismo tiempo, el campo está muy presente. Y eso al final quedó mucho más presente de lo que suele estar en nuestra estética. Me refiero al campo. Aunque en el mural también se puede ver un poco lo otro a través de esa pequeña fábrica, en la luz o en los restos de basura mezclados con la naturaleza.

P. El componente más moderno, curiosamente, es el humano. Esta chica joven, moderna, incrustada en un entorno natural.

R. Pues a decir verdad no son decisiones tan conscientes. Porque nosotros vamos de una manera más intuitiva, inspirados por la luz, por el paisaje, por la textura de las cosas. Pero luego, esos intereses que también tiene uno en ese tipo de contrastes, pues también se ven. Es decir, nos gusta que la gente también lo pueda leer así y estamos de acuerdo también en esa lectura, pero es una cosa que viene a posteriori o que es más inconsciente. En realidad, el primer atrape es más estético.

P. Claro. La obra luego la termina el que la vea, según su bagaje. Fíjate, yo estoy viendo una mujer cordobesa del siglo XXI.

R. Bueno, es que una chica cordobesa. La conocimos aquí. Es del pueblo de al lado. Y, de hecho, es verdad que, respecto a otros trabajos míos, percibo en ella una atmósfera muy… No sé si española es la palabra… Pero sí, es verdad que remite a pintores como Romero de Torres o Zuloaga, solo que con otros elementos, como la iluminación artificial.

P. Sí, de hecho parece iluminada por neón.

R. Sí, es un foco rojo que contrasta con los verdes del campo. Pero sí que tiene un componente castizo que no es habitual en lo que yo hago.

P. Desde luego no se parece a la última serie que has hecho, la de los países satélite soviéticos.

R. Sí, bueno, estamos en otro contexto. Ese es un tema que me tiene muy obsesionado y que es el que más trabajo en los cuadros. Lo que pasa es que a mí me viene bien que de repente salga un proyecto como éste para cambiar de tercio y volver luego a lo otro.

P. ¿Y te cuesta mucho cambiar de elemento?

R. Sí, pero tiene su parte positiva. Porque cambias de aires y vuelves luego más fresco.

P. Y en este caso hay incluso algún nexo de unión entre aquella serie y este mural.

R. Sí, está esa estética que te he dicho que me gusta tanto de las industrias. No es que esto se parezca a Europa del Este, pero sí hay una profusión de industria desvencijada que, de algún modo, tiene que ver con eso. Las luces, la frialdad. Porque al final los procesos de industrialización y los procesos de éxodo fuertes hacia las ciudades se dieron con mucha fuerza tanto en España como en países socialistas.

P. E incluso todo esta parte de El Carpio se puede ver como un satélite de la propia capital, que está a un paseo.

R. Perfectamente. En ese aspecto nos ha llamado un montón la atención. Porque hay veces que está muy bien en un sitio, te lo pasas bien, es muy bonito, pero en este caso nos ha impactado estéticamente el paisaje de El Carpio. Tendríamos que haber venido más días. Nos hemos quedado un poco cortos. Pero bueno, ya habrá tiempo de volver.

P. Pues sí. En cualquier caso un lujo cerrar el año haciendo algo así.

R. Sí. Y con este sol (se ríe). Que allí en San Sebastián estábamos pelaos.

P. ¿El año 2020 como lo has vivido a nivel artístico y comercial?

R. A ver, ha sido malo porque se han cancelado varias ferias y un proyecto que teníamos en Bélgica. En ese aspecto, malo. Pero bueno en el aspecto de tener pocas distracciones y estar muy metido en la pintura y el estudio. Y además, hemos pasado a estar en un estudio mejor. Y a nivel económico he aprovechado para hacer un par de encargos que tenía atrasados. Así que lo bueno ha compensado lo malo.

P. ¿Y a nivel de inspiración? ¿Crees que ha podido afectar a tu pintura?

R. Sí, hombre, no sé. Es muy loco pero es que yo tengo una cierta atracción por las cosas distópicas. Eso ya estaba. Pero ahora se ha vuelto un poco exagerado con toda esta historia.

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