Maribel Andrés Llamero fija el verso en las ascuas de “un mundo que se está extinguiendo”

Maribel Andrés Llamero | MADERO CUBERO

Mientras escribía Autobús de Fermoselle, poemario ganador del premio de poesía Hiperión, Maribel Andrés Llamero basculaba entre dos mundos: entre el vértigo del presente, de su vida en Salamanca, donde es profesora de literatura en la Universidad; y entre la búsqueda del pasado, el de su familia, sus abuelos, el paisaje y el paisanaje, motor de arranque del libro.

De este contraste ha charlado este miércoles la autora con los periodistas, poco antes de participar en una lectura en el marco de Cosmopoética 2020. Un ratito de conversación que ha servido para trasladar algunas claves de su última obra, que se engarza a la perfección con el espíritu del festival este año, articulado a partir del eslogan Un viaje interior.

“Desde luego que sí -ha coincidido Andrés Llamero-. El libro nace como homenaje a mis abuelos y, al comenzar hablando de ellos, he acabado hablando de mi familia. Y, al hablar de mi familia, he acabado hablando de algunas obsesiones que tenía desde hace tiempo. Entre ellas el paisaje, esa llanura que al final acaba un poco por definirnos a todos”, ha explicado sobre una obra que parece la continuación lógica de su primer e introspectivo poemario La lentitud del liberto (Maclein y Parker, 2018).

Por el camino, mientras rascaba en la tierra buscando sus raíces, iba descubriendo cosas que consideraba propias -sus rasgos, su forma de hablar- y también algunas historias de su linaje que desconocía. Por ejemplo, que una de mis bisabuelas estaba expuesta en un museo etnográfico, algo que, está segura, ella nunca se hubiera imaginado, y lo cual dio pie a un poema de los que recoge el libro.

También reparó especialmente en las palabras, en toda esa amalgama de términos que “sirven para nombrar las cosas en un mundo que se está extinguiendo” y que son tan suyos que los ha ido integrando en el poemario con la esperanza de que no se pierdan por la inercia de ese otro mundo, el actual, que “empuja a la prisa y a la burocracia”.

La autora ha reconocido no sentirse cómoda en este otro contexto. Tanto que cree que, en buena medida, el mundo que retrata Autobús de Fermoselle es mucho más libre que el nuestro, a pesar de que esté lleno de pueblos a punto de desaparecer. Su última reflexión ha servido también como augurio: “La sensación es que la voluntad política es que desaparezcan. Y no solo estos pueblos, sino mi propia ciudad, Salamanca, que, como otras tantas, parece que solo genera trabajadores para Madrid”.

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