De Tomás, la reivindicación y el doblete más amargo

El punta cedido por el Real Madrid anotó un par de goles, ambos de penalti, el día en el que el Córdoba perdió su plaza de ascenso directo

Entendió muy pronto que no debía torturarse dándole vueltas al asunto. “El fútbol es así. Las circunstancias no siempre están para el equipo y esta vez nos ha tocado ver la cara mala del fútbol. No podemos venirnos abajo, queda muchísima Liga y hay que seguir”, explicó ante los micrófonos de los periodistas. Todo podía haber sido muy distinto. Si aquella jugada en el minuto 82 no hubiera sucedido, seguramente todos habrían estado alabándole como el héroe de un partido sensacional. Si Razak no se hubiera lanzado a los pies de Rubén Peña, si Arcediano Monescillo no hubiera señalado penalti y expulsado al meta ghanés... Luso no hubiera tenido que colocarse de portero y podría haber salido sonriendo a su lado, como en la celebración de su segundo gol de una de las tardes más raras de su carrera. “Tenemos una sensación rara. Esto es algo que no pasa casi nunca en el fútbol o que pasa cada mucho tiempo. Esta vez nos ha tocado a nosotros, pero tenemos que levantarnos cuanto antes y cambiar esta situación”, dijo. Todo el mundo quiere sepultar en el olvido el partido en el que Raúl De Tomás consiguió marcar dos goles. El día de su reivindicación acabó del modo más amargo.

Ha jugado quince partidos esta temporada. Ninguno completo. Ni siquiera el de este sábado, en el que marcó un doblete que parecía definitivo. Estuvo en el campo 78 minutos -más que en ningún otro de los anteriores- hasta que Oltra decidió sustituirle por Carlos Caballero. Todo iba bien por entonces. El Córdoba ganaba por 2-1 a un Leganés que solamente había hincado la rodilla una vez en sus últimos 18 partidos. Una hazaña con su firma. Le venía fenomenal para espantar fantasmas y rumores, para reinvindicarse en una temporada que, en lo personal, está lejos de lo que podía haber soñado cuando el Real Madrid le envió a Córdoba este verano con un contrato de cesión y una cláusula de compra para el club blanquiverde. Desde la banda contempló atónico los singulares sucesos que dieron al traste con su legítima aspiración de ser, por fin, aclamado como salvador del Córdoba.

“Desde donde estaba viéndolo, creo que no es roja porque el balón no va en dirección a la portería, sino hacia afuera. Pero cuando el árbitro pita ya no se puede hacer nada y así ha sido”, contó sobre la roja a Razak. Le tocó cumplir el papelón a Luso. Los capitanes están para eso: para colocarse donde hace falta o donde nadie quiere. “¿Culpa él? Cualquiera que se hubiera puesto... Puff. Nosotros somos futbolistas de campo, no porteros, entonces... ¿cómo vamos a achacarle algo”, indicó sobre el improvisado portero. Le clavaron dos en dos minutos. Y ahí se terminó todo. El personal marchándose antes de tiempo, rostros demudados, posición perdida... Un mazazo. “Entiendo que la gente a lo mejor se vaya enfadada. Es una situación rara, pero tenemos que estar unidos. Si nos viniésemos abajo ya nos estaríamos equivocando”, dijo. Lleva tres goles este curso. Los tres de penalti. El primero sirvió para agarrar tres puntos ante el colista Bilbao Athletic (1-0). Los otros dos -el segundo se lo hicieron a él y supuso la expulsión de Bustinza- no bastaron para doblegar al Leganés, que le arrebató al Córdoba un puesto que llevaba muchas semanas ocupando. “Ya estamos pensando en Alcorcón, hay que ir allí a sacar los tres puntos”, concluyó el madrileño de ascendencia dominicana rodeado de periodistas en la zona mixta de El Arcángel. Los aplausos que ansiaba oír se volatilizaron. Raúl firmó su doblete en la tarde más rara.

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