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Un asunto de altura. De no dejar de mirar hacia arriba, pero no perder la vista de abajo. Ambición por subir, pero siempre con el apoyo fijado en el lugar preciso. Un afán de superación, de resabar barreras, desafiar tus propios límites, aclanzar tu techo. Tocar la cima. El deporte es eso en su propia esencia. Y hay algunas disiciplinas, además, en las que el único vehículo de acción es tu propio cuerpo, sin ningún objeto móvil ajeno a este, más allá de adaptar tus propios recursos vitales al entorno que tienes por delante. En este sentido, hay pocos deportes que se adapten tan literalmente a ese concepto como la escalada, que en Córdoba tiene como referente al Monkey Rock, un pequeño oasis local que ha apostado por una disciplina poco valorada tradicionalmente en la ciudad. 

Hace ya más de un lustro que se puso en marcha dicha escuela de escalada deportiva, ubicada en el polígono de Pedroches, y que nació con el objetivo de hacer promoción de la escalada y llevar esa pasión que ya tenían interiorizada sus impulsores, a decenas de niños y niñas cordobeses. Así es, ya que desde su gestación, el club ha procurado centrar su mirada en los más pequeños. Poner el foco en las bases y desde ahí crear una cultura deportiva local. Un empeño que se ha visto recompensado con un crecimiento superlativo. Una cuestión de familia, poniendo a prueba sus capacidades físicas y técnicas, pero adaptándose en todo momento a criterios de estética, seguridad y funcionalidad.

La falta de instalaciones municipales fue lo que propició esta iniciativa privada de un grupo de amantes de la escalada que no dudaron en dar salida a su propósito de transmitir su pasión. Y la escuela fue uno de los puntos fuertes en esos primeros pasos, ya que todos tenían claro que la vocación formativa debía ser clara y evidente desde el principio. Los pequeños son los protagonistas. No hay otra fórmula que garantice la supervivencia en el tiempo de esa ilusión contenida. 

“Desde septiembre de 2018 estamos con la escuela. Empezamos con cuatro o cinco grupos, de máximo siete u ocho, y ahora tenemos casi 100 alumnos”, subraya Pedro Rosa, monitor y director deportivo del rocódromo, quien a su vez indica que la evolución “ha sido maravillosa”, destacando que “de las instalaciones que hay en Andalucía, somos uno de los más limitados. Este rocódromo ha sido construido con las manos de tres personas. Lo hicimos con voluntad y esfuerzo”. Y pese a todo, la escuela Monkey Rock ha sabido adaptarse a todas las edades y niveles, y tal que así se distribuye su formación a día de hoy. Entre grupos que solo quieren aprender y disfrutar, y otros más decididos a la competición. En este sentido, la entidad cuenta con varios campeones de Andalucía en sus filas, como es el caso de Mario Rubiano, actual monitor y que ha sido campeón regional en infantil y cadete; o Álvaro Morales, que también se ha coronado a nivel autonómico y ha sido seleccionado por la Junta para ir becado como deportista de alto rendimiento.

El empeño de dicho club ha sido el de avanzar en un bosque frondoso y poco explorado. Bien es cierto que ya había un pequeño sendero que abrió en su momento el club Verticalia, pionero en la provincia, aunque la tradición cordobesa, como bien apunta Pedro, es escasa en la ciudad. Por tanto, superar límites no solo ha sido una cuestión formativa, sino que está muy inmerso en la filosofía de la propia entidad, donde, como se ha dicho, se han ido formando algunos de los mejores especialistas cordobeses, que han conseguido dar salida a su talento natural, además de haber adoptado esa filosofía familiar de la propia escuela. Y ahora la transmiten ellos mismos a las nuevas generaciones. Y entre las mismas, el club ha hecho mucho hincapié en las categorías femeninas, con el fin de dar una alternativa deportiva de fuerza a las niñas, fuera de los deportes esteriotipados para ellas. 

Mario Rubiano, monitor y alumno de la escuela, es uno de esos casos que comenzó en un lado de la enseñanza y ha pasado al otro, con el objetivo de “querer que haya más generaciones. Que se conozca más, cuanta más gente haya es más fácil darle difusión y hacerlo crecer”, al tiempo que afirma que “cuando empecé, éramos cuatro gatos. Con el tiempo se ha dado más a conocer y el boom final fue en las olimpiadas cuando se metió la escalada”.

Cerca de un centenar de deportistas disfrutan cada semana de sus respectivos entrenamientos en las instalaciones de Monkey Rock, que ha vivido recientemente el impacto positivo de la propia escalada deportiva, que ha ganado mayor difusión e interés tras los últimos Juego Olímpicos de Tokio, donde Alberto Ginés se coronó con la medalla de oro. “Eso se ha notado. La repercusión de un campeón olímpico ha hecho mucho”, incide Pedro Rosa, pero a su vez puntualiza que “el boca a boca ha sido el principal factor que ha hecho que crezca nuestra escuela, porque somos una alternartiva a los deportes convencionales”.

Así las cosas, por pura limitación estructural, el boulder es la modalidad que se practica principalmente en Monkey Rock. Entre vías y bloques. Una ilusión permanece intacta. De mayores a pequeños. De la cuna a la cima.

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