Carlos Molina, balonmanista cordobés en Ucrania: “Estamos asustados con la situación”

Tras el conflicto bélico surgido entre Rusia y Ucrania, todas las miradas se han dirigido hacia los países orientales de Europa. Uno de los muchos afectados en este sentido ha sido Carlos Molina, jugador de balonmano cordobés que actualmente defiende la elástica Motor Zaporiyia, equipo ucraniano al que llegó hace apenas dos años. En una entrevista realizada por CORDÓPOLIS en su canal de Twitch, apenas dos días antes de la explosión del conflicto, Molina ya remarcaba que se encontraba “con miedo de la situación y de qué puede causar todo esto en el país” ya que cabe recordar que se encontraba a tan solo 230 kilómetros del Donbás, epicentro actual de la guerra. “Están habiendo bombardeos por parte de militares rusos, y todas las ciudades están siendo evacuadas porque la invasión es inminente”, recordaba, dando así un presagio de lo que finalmente acabaría ocurriendo apenas unas horas después.

Lo cierto es que el conflicto no ha pasado inadvertido en el mundo del deporte, ya que él mismo remarcaba que “hay equipos que no quieren viajar a Ucrania para jugar”, por lo que el calendario se ha visto afectado e incluso el propio Motor Zaporiyia se ha visto obligado a jugar sus partidos lejos de Ucrania. Sin embargo, en aquellos momentos, la vida en Zaporiyia era “totalmente normal”, y la situación no generaba ningún tipo de incertidumbre. De hecho, el propio Molina comentaba que, al preguntarle a sus compañeros locales, estos afirmaban no tener miedo de la situación.

Dejando un poco de lado la actualidad más ferviente, y poniendo el foco en el plano deportivo, Carlos Molina también se encargó de afirmar que los problemas se le olvidaban “una vez comienza el partido”, pese a que, para él, la vida en Ucrania le estaba resultando “super dura”, con motivo de las extremas temperaturas y por estar lejos de su familia. Pese a todo, su estancia en Ucrania no puede resultarle más gratificante en lo plenamente deportivo, ya que está disputando la Liga de Campeones con el Motor Zaporiyia, lo que supone un sueño para él. “Sabemos que somos un club con mucha calidad, pero dentro de los dieciséis equipos que juegan la Champions, nos sentimos un club humilde”, reconocía el lateral, que también recordó su paso por la ASOBAL y afirmó, entre risas, que siempre fue “un eterno segundón”. “En ASOBAL hay muy buenos equipos pero, a día de hoy, creo que podríamos estar en una segunda posición”, relató, comparando su equipo con el nivel de la máxima liga española de balonmano.

Por otro lado, volviendo a su infancia, Carlos Molina no comenzó su exitosa andadura como jugador de baloncesto, sino que lo hizo en el fútbol sala. Sin embargo, a la edad de doce años, una lesión en la tibia y el peroné de su pierna le hizo dar el paso hacia el balonmano. Tras su estancia en Córdoba, el FC Barcelona llamó a sus puertas, lo que hizo que se tomase su carrera “mucho más en serio” ya que “un fichaje de este tipo te cambia la vida”. Poco después llegaría el turno de la selección española, lo que definiría como “el sueño de todo jugador”.

Sin embargo, Molina no olvida sus raíces cordobesas, y afirmó que su idea es “hacer la carrera cíclica”, es decir, “empezar en Córdoba y terminar en Córdoba”. Uno de sus sueños siempre ha sido “ver algún día un Vista Alegre lleno, viendo a un Córdoba Balonmano”, por lo que puede que, en algún momento futuro, esto llegue a darse de la mano del exitoso balonmanista. Sin embargo, en la actualidad se centra en “vivir experiencias nuevas” y, tras un paso por Alemania, en la mejor liga del mundo de balonmano, el destino le llevó hasta Ucrania. “Tenía mucho interés, una vez que fui a Alemania, de conocer mundo y vivir en otras ciudades”, afirmó a CORDÓPOLIS, y de ahí surgió la idea del Motor Zaporiyia. Lo cierto es que, pese a estar tan lejos de su familia, y en pleno conflicto con Rusia, Molina ha aceptado una oferta de renovación del club ucraniano para permanecer allí durante una temporada más. “En Ucrania estoy dejando atrás cosas esenciales como el poder criar a mi hijo o no ver a mis padres ni a mis amigos”, recordaba, aunque también quiso dejar claro que “siempre hay que estar feliz con lo que se hace”. Ahora, en plena crisis mundial, el balonmano seguirá siendo su refugio más preciado.

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