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La aventura china de Alberto Toril

El entrenador cordobés Alberto Toril.

Paco Merino

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Los gurús del negocio ya auguraron que China iba a rivalizar con los grandes clubes de Europa a la hora de captar a los talentos mundiales. Ese tiempo ya ha llegado. El Guangzhou Evergrande acaba de anunciar oficialmente el regreso a sus filas de Paulinho, flamante -algo menos, seguramente, por el agrio desenlace del Mundial de Rusia- jugador de un FC Barcelona que recibirá 50 millones de euros por abrirle la puerta. El centrocampista, de 30 años, ganará 14 millones -9 más que en el club azulgrana- por cada una de las cuatro temporadas por las que firmó. Por cantidad y circunstancias, un dineral tremendo. Así se mueve el fútbol chino, donde trabaja desde el pasado mes de marzo un cordobés. Alberto Toril Rodríguez (Peñarroya Pueblonuevo, 1973) forma parte de la estructura del actual campeón del país asiático.

Toril, nacido en la localidad minera y criado en el barrio de El Arcángel -a apenas un puñado de metros del estadio del Córdoba CF-, emprendió la aventura china después de estar un año sin destino en los banquillos nacionales y reciclándose con formación en distintos países. La globalización era esto. El cordobés vio una vía profesional poco después de entrar en la agencia de representación RR-Soccer Management Agency, que dirige René Ramos, hermano del futbolista del Real Madrid Sergio Ramos. Después de quedarse en el limbo en el último mercado invernal, a Toril se le presentó un desafío imponente. “Alberto contribuirá a implementar una línea de juego y se encargará de diseñar e implantar toda la metodología de trabajo de la cantera del equipo con el objetivo de optimizar la estructura y el rendimiento del Guangzhou Evergrande”,  informó su agencia. Desde entonces, el peñarriblense trabaja codo a codo con Fabio Cannavaro, un campeón mundial y Balón de Oro que adiestra a un club de alto rango: lleva seis títulos nacionales consecutivos y aspira a seguir creciendo.

Y no quiere hacerlo solo acudiendo a suculentos cheques. El fútbol chino necesita crear su propio vivero y ahí es donde Toril está jugando un papel crucial. Dirige al filial y controla todas las secciones inferiores, siempre atento a detectar el potencial de los futbolistas y depurar su estilo. El cordobés ya dejó su sello en las divisiones de base del Real Madrid, donde vivió su época de mayor esplendor en los banquillos.

Alberto Toril está inmerso en una experiencia profesional y vital de primer orden. Exjugador profesional (Real Madrid, Celta, Espanyol, Extremadura) formado en la cantera del Séneca CF, adiestró en el Real Madrid a una de las mejores generaciones de los últimos tiempos. En tres años logró hacer al equipo blanco campeón de España de juveniles y ascender a Segunda División con el Castilla, al que mantuvo en la categoría al tiempo que proyectó jugadores. En la Liga 13-14 fue destituido en la jornada 14, con el filial colista, y le sustituyó José Manuel Díaz, que no pudo evitar el descenso del conjunto madridista a Segunda B. El técnico cordobés promocionó a jugadores como Morata, Joselu, Nacho, Carvajal o Jesé. En la temporada 12-13, el Real Madrid Castilla logró una permanencia holgada y sacó al escaparate a un ramillete de talentos. En la 13-14, todo cambió. Los mejores hombres volaron y el filial quedó descompensado y en posiciones de ataque, evidentemente cojo. Los malos resultados le costaron el puesto a Toril, que siguió formándose como técnico con estancias en Inglaterra y otros países, además de ejercer como comentarista televisivo.

Su último destino fue el Elche, que le llamó a última hora en la 16-17 inmerso en una situación caótica en lo institucional: Lucas Alcaraz fue presentado y luego renunció al cargo. El cordobés se arriesgó y cogió a un equipo que había perdido a sus principales referencias, pero el desenlace no fue el esperado y fue destituido en abril de 2017. Un año después se fue a China. Y allí sigue.

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