Malú atruena

Concierto de Malú, en Córdoba | TONI BLANCO
La cantante actúa durante más de dos horas en Córdoba cinco meses después de que la lluvia obligase a suspender el inicio de su gira 'Caos'

Paradojas. La misma lluvia que el 16 de abril obligó a suspender el inicio de la gira Caos, de Malú, en Córdoba, parecía que iba a volver a caer al comenzar el concierto de este sábado en el Coso de los Califas. Porque, tras un escenario a oscuras, las pantallas de vídeo se iluminaron con unos rayos de tal calibre que el proporcional trueno que les siguió ya dejó los tímpanos presentes con el adormecimiento adecuado para lo que iba a venir.

El trueno se aleja y uno entre el público, temeroso, mira al cielo por si se pudiese repetir la desgracia de primavera. Pero no. El sábado anocheció despejado y con alguna que otra constelación visible desde la ciudad. Esta vez, la tormenta no cayó del cielo, sino que se generó directamente de los pulmones privilegiados de Malú.

La cantante parecía sufrir la negra con sus fans de esta ciudad. El chaparrón de abril supuso la segunda suspensión en dos años de la artista en Córdoba. En septiembre de 2014, su concierto previsto para el mismo escenario de la Plaza de Toros debió posponerse porque el Ayuntamiento denegó la autorización por desavenencias con los gestores de la plaza. Un mes después, pudo subirse sobre el escenario en El Fontanar. En este caso, se han tardado cinco meses, pero los fans -que no han llenado el aforo, vendiéndose unas 5.500 entradas sobre las 7.000 disponibles- se han quedado más que satisfechos.

Tras ese pedazo de rayo -digno del martillo de Thor- y ese retumbar ensordecedor de graves directos al hipotálamo, el sistema nervioso del variado público -muchas adolescentes, muchas chicas jóvenes, mucha gente entre los 30 y los 50, muchos grupos de amigos, parejas e incluso niños con sus padres- estaba más que preparado para recibir una dosis superior a dos horas de fórmula musical infalible.

Ingredientes: sume a la apabullante e impecable voz de Malú una percusión y un bajo más que contundentes -atronadores, de nuevo-, que se acoplan perfectamente con una puesta en escena tan espectacular como amable e inofensivo es su contenido final. Resultado: un refresco chispeante, azucarado e inocente con letras de amor y desamor fácilmente digeribles para el público más amplio posible.

Todo ello con una puesta en escena que encaja como un mecano. Sencilla en composición -a Malú le acompañan tres guitarras, un bajo, un batería, un teclado y una corista- y sencilla en las formas. El margen de maniobra musical se mueve siempre en terrenos ya conocidos: desde los compases suavemente aflamencados a los punteos de guitarra más adolescentemente heavies y televisivos. La exploración arriesgada se deja para otro día.

Pero nada importa cuando el conjunto es, en sí mismo, una maravillosa tormenta. Una tormenta perfecta, de hecho. La tormenta de Malú. Impagable, siempre, el ventilador que generaba vientos de fuerza tres -cálculo aproximado- instalado en el centro del escenario para convertir la melena de la cantante en un aura mística digna de un anuncio de champú. Impagable su vestuario -que la artista cambia tres veces en cada concierto- y que se presenta con una especie de capa modelo akelarre agitándose enloquecida al ritmo de Deshazte de mí. Una gasa roja que enmarca el ceñido mono perfilado de lentejuelas que termina de dibujar a una cantante feliz de haber encontrado su identidad en un catálogo para todos los públicos y edades. Una audiencia que, por otro lado, la adoró este sábado en Córdoba.

Sus incondicionales corearon entregados, disciplinados y encantados los compases marcados por Malú y sus músicos en el momento más íntimo del concierto. Ese en el que los fans cantaron a capella grandes clásicos que Malú les puso en bandeja como Quién, Desaparecer o Que nadie.

Una vaguada melódica en forma de baladas que casi tontean con el folk pero que solo duró unos temas. Tiempo suficiente para que la cantante y los suyos cogiesen carrerilla y volviesen con Quiero ser tu ilusión a un concierto que ya no dejó de retumbar en media Córdoba con la fuerza de una tempestad cargada de aparato eléctrico, apisonadoras de vatios y la alegría de los fans.

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