¡Por Tutatis! Cuando el Caribe cayó sobre nuestras cabezas

Árbol caído por el temporal en el paseo junto al Guadalquivir | TONI BLANCO

La semana que hoy termina tiene sabor a mar, a daikiri del Rincón Cubano con regusto de taninos caribeños, de arcadas navideñas agitadas por vientos tropicales y oleajes en charcos callejeros. El combo de viento, lluvia, temperatura y humedad que la borrasca Elsa ha mantenido sobre nosotros durante tres jornadas consecutivas, ha puesto en jaque a toda la provincia y buena parte de la España peninsular. Un viaje en tres actos que quiso abrir por todo lo alto, con el estruendo de un trueno que con nocturnidad y alevosía vino a despertar a media aldea, para abrir el cielo y que el mismísimo Caribe cayese sobre nuestras cabezas. He aquí la crónica de lo sucedido y el porqué de todo esto.

Un río de humedad atmosférico

Pocas borrascas, o sus frentes asociados, tienen la costumbre de perdurar más allá de un día o dos sobre nuestro territorio. En ocasiones, danas aisladas dejan varios días de caos errático y disperso alrededor nuestra, pero muy raramente borrascas profundas afectan tan extensa y persistentemente a la Península Ibérica. En esta ocasión, el baile de bajas presiones en el Atlántico Norte ha permitido canalizar hasta la Península un prolongado flujo de vientos oceánicos en cuya procedencia encontramos el origen del evento.

Desde la madrugada del pasado miércoles, se establecía una marcada zonalidad al norte de las Azores, donde una profunda borrasca iba a ser bautizada por la Agencia Estatal de Meteorología con el nombre de Elsa. La zonalidad establece un marcado flujo lineal en todas las capas de la atmósfera, sin las habituales oscilaciones de la Corriente en Chorro o Jet Stream que marca el sentido y dirección de las borrascas atlánticas. El flujo lineal de la conocida como circulación zonal de la atmósfera, establece una clara conexión Oeste-Este entre las costas norteamericanas y europeas.

Dicho flujo, por su linealidad, permite una mayor aceleración de los vientos y una mayor carga de humedad en el amplio recorrido oceánico al que se exponen, constituyendo así auténticos ríos atmosféricos que conectan regiones geográficas separadas por miles de kilómetros. En este caso, la región fuente radicaba en el mismo Golfo de México, el Mar Caribe daba inicio a una cadena de transmisión atlántica que iba a llevar humedad tropical hasta las puertas de la vieja Europa.

Un temporal en tres actos

La madrugada del miércoles al jueves 19 de diciembre, mientras la ciudad dormía, las primeras lluvias asociadas a la borrasca Elsa empezaban a descargar a lo largo del valle del Guadalquivir. El estruendo del único rayo que iba a dejar el temporal en toda la provincia de Córdoba, hacía diana a las 5:30 de la mañana al oeste de la Barriada de las Palmeras, despertando a media ciudad, dando tema de conversación a la otra media y cubriendo parrilla de todos los medios de comunicación habidos y por haber de la aldea califal. La atronadora obertura daba inicio a una sinfonía donde el incesante goteo y el rugido del viento iban a convertirse en los nudos gordianos de tres días de caótico desenfreno meteorológico.

Las lluvias del jueves, incesantes, dejaban los primeros acumulados importantes en puntos occidentales de Sierra Morena. Los más de 100 litros por metro cuadrado que se registraban en la estación pluviométrica que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tiene en el embalse del Retortillo, en pleno Parque Natural de Hornachuelos, dejaban pequeño el aviso amarillo que AEMet tuvo activo en Sierra Morena. Primer envite del temporal que dejaba registros similares en otras zonas cercanas, y que acumulaba ya más de 35 mm en la estación principal de la provincia localizada en el Aeropuerto de Córdoba.

La tarde del jueves transcurría sin incidentes a la espera de una madrugada donde estaba previsto lo peor del episodio. Los pronósticos no fallaron y la noche se transformaba en un trasunto del paseo viejo de La Habana. El viento agitaba palmeras, ramas, y colgajos navideños. Pasadas las 1 de la mañana del viernes 20, el anemómetro del observatorio cordobés registraba una racha de 82 km/h que acompañaba a la fina lluvia que hasta entonces caía sobre la ciudad. En la provincia Doña Mencía se hacía con la palma ventosa al registrar una racha de 91 km/h a las 3:50 de la mañana.

A la misma hora dos fenómenos ocurrían en la capital. La lluvia se hacía fuerte y el termómetro registraba 16.5 °C, temperatura que 22 horas más tarde se convertiría oficialmente en la mínima de la jornada y en nuevo récord de mínima más elevada para un mes de diciembre en Córdoba. Un 20 de diciembre que pasaba a la historia meteorológica municipal por méritos propios y que iba a tener en la intensa lluvia acumulada durante la mañana el principal foco de atención de todo el temporal.

Al reguero de árboles y ramas caídas que adornaban todas y cada una de las calles de la ciudad le acompañaba una incesante lluvia que a ratos caía de manera torrencial, y que empezaba a generar balsas de agua en cada pequeño badén de la calzada. El colapso dentro y fuera de la capital empezaba a rozar la tragedia; desalojos puntuales, anegaciones  en fincas e instalaciones del municipio, parques cerrados y conexiones de tren y carretera interrumpidas.

Las crecidas de ríos y arroyos en toda la provincia era especialmente patente en los que bajan desde la sierra. Los más de 50 litros por metro cuadrado en menos de 12 horas que de manera generalizada se habían registrado en las estaciones pluviométricas de la provincia, hacían intuir que el Guadalquivir debería dar síntomas de ser el gran desagüe que desde el Cuaternario ha sido. Eran las 14:00 horas cuando el agua saltaba al paseo bajo de la Calahorra, umbral oficioso para activar alertas por riesgo de desbordamiento en áreas pobladas del cauce.

Para entonces el viento y la lluvia siguen arreciando por toda la provincia, acumulándose ya otros 50 litros en la estación del Aeropuerto de Córdoba y de nuevo más de 100 en numerosos puntos de Sierra Morena. Saltan las alarmas cuando a media tarde, el aforo localizado en la represa del Guadalquivir en El Carpio sobrepasa su umbral de desbordamiento, fijado en 825 m³/s. A las 17:00 horas el caudal en este punto se sitúa en 1022 m³/s y la preocupación en la capital se centra, una vez más, en las parcelaciones asentadas en el cauce del río.

El recuerdo de 2010 sobrevuela la ciudad y durante la madrugada del viernes al sábado 21 se efectúa el primer y único desalojo por el desbordamiento del río. La lluvia, que sigue cayendo, remite en su intensidad y sirve de alivio ante una crecida que lo ha hecho exclusivamente por las escorrentías y arroyos fuera de la regulación general de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Los pantanos aún siguen muy secos y no sueltan ni una gota más de la necesaria para sostener el caudal ecológico de sus cauces.

El sábado Córdoba huele a umbría y humedad de sótano, el viento se mantiene fuerte, y la lluvia, a ratos intensa, termina de cerrar un episodio para el recuerdo meteorológico. En tres jornadas la provincia recupera aliento para cerrar un año muy seco, pero cuya dinámica final recuerda mucho a otras similares como la del invierno de 2009-2010. Tres días donde se han llegado a superar los 200 litros por metro cuadrado en puntos como Retortillo (209.5 mm) o Bembézar (203.8 mm), o se han quedado muy cerca, como Hornachuelos (189.2 mm) , Cerro Muriano (181.8 mm) o Cardeña (179.6 mm).

El temporal decía adiós durante la noche del sábado a tres jornadas de furia inclemente, tres jornadas que trajeron hasta el corazón andaluz el sabor caribeño de la meteorología tropical. Aquí queda escrito.

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