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Turno de oficio: en las trincheras del juzgado

De izquierda a derecha, Rafael Polonio Fernández, María del Mar Ruiz de Julián y Rafael Moya | MADERO CUBERO

Manuel J. Albert

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Tres abogados narran sus experiencias en el servicio de justicia gratuita que atiende a personas que no pueden permitirse un letrado particular

Todos los abogados del turno de oficio conocen esa sensación: la de sentarse a comer y no saber si llegarán a los postres; o acostarse y preguntarse cuántas horas podrán dormir. Y todo ello, con un ojo siempre puesto en el teléfono móvil, el chivato que puede convertir una jornada, sin más, en una aventura legal.

Casi 740 letrados prestan servicio en el turno de oficio en Córdoba. Todos ellos tienen historias distintas que contar, pero nosotros nos vamos a centrar en tres profesionales unidos por la vocación de servicio y la satisfacción de prestárselo a quienes de otra forma no tendrían acceso a la justicia.

A cualquier letrado que se le pregunte por la recompensa obtenida al formar parte del turno de oficio se le escapa una sonrisa mitad triste, mitad maliciosa: “Por dinero no es, eso te lo aseguro”, coinciden todos. Pero no siempre es así. Al menos no siempre lo fue, sobre todo para los abogados que empezaban sus carreras. Es el caso de María del Mar Ruiz de Julián. “Empecé en cuanto me colegié en 1995 y lo hice por dos motivos: el económico -era el único ingreso que contaba en el despacho- y la experiencia. En los inicios, al despacho entraban pocos asuntos y la experiencia la adquiríamos del turno de oficio”, explica. Ahora, en cambio, insiste en que se paga “mal y tarde”.

Los letrados del turno reciben una retribución media por expediente de entre 125 y 250 euros, lo que supone un sueldo de entre 2 y 4 euros la hora. Es decir, no trabajan por dinero. Por tanto, el Colegio de Abogados subraya en un comunicado que “sí existe la justicia gratuita y el turno de oficio se debe a la dedicación, el sacrificio y la entrega personal de los abogados y la gestión de sus colegios”.

Entonces, ¿qué mueve a estos profesionales autónomos a dedicar un tiempo precioso a atender asuntos que no les reportan apenas ingresos? “Para mí es una experiencia muy gratificante asistir a personas que por carecer de medios económicos no pueden acceder a un representante legal”, explica Rafael Polonio Fernández, con 17 años en el turno de oficio. En el caso de María del Mar, al sentimiento de servicio se une la sensación que el turno es la mejor manera de “estar en contacto con la realidad que nos encontramos en la justicia, con las necesidades más básicas, con las trincheras del juzgado. Es Derecho puro”.

El abogado de Villa del Río, Rafael Moya, que lleva tres lustros en el servicio, reconoce el lado vocacional y altruista, pero añade dos más: el del reciclaje continuo a través de cursos de especialización que se exige para los profesionales y el del verdadero subidón que proporciona el trabajo: “El turno de oficio es una aventura cada vez que tienes una llamada. Y esa aventura te produce la adrenalina que necesita cualquier profesión”. ¿Y cómo afecta semejante montaña rusa a la familia? “Con el tiempo, la familia lo asume con la mayor naturalidad. Si un día estoy de guardia, estamos todos de guardia”, zanja Moya.

Como cada asunto, cada guardia es distinta. Un abogado puede encontrarse desde una simple denuncia por cometer delitos bajo los efectos del alcohol o todo un caso de asesinato, como le ocurrió a Rafael Polonio cuando un hijo mató a su padre en Luque. “Acababa de colegiarme y fue uno de los primeros casos que se juzgaron con jurado. Tras algunos rechazos, el caso me llegó a mí y lo acepté sin dudar. Aquello me marcó y siempre recordaré cómo me curtió”, explica casi 20 años después.

Para María del Mar Ruiz de Julián el turno también le ha servido para hacer callo incluso con quienes no empatiza. Especializada en defensa de víctimas de violencia de género, su labor como abogada de oficio también le ha llevado a defender a los agresores. “El derecho a la presunción de inocencia es sagrado y el hecho de que yo defienda mucho a víctimas no significa que actúe de otra manera cuando me toca defender a un acusado de violencia de género”.

La atención a la violencia machista ha sido uno de los cambios más importantes del turno de oficio, dentro de otros campos en los que se han ido especializado los letrados, como en asuntos de menores o penitenciaría. “Las víctimas de violencia de género son en general las personas más desprotegidas y menos informadas sobre cómo va a ser todo el proceso tras denunciar”, explica Ruiz de Julián. “Por eso, a través de un convenio con el Ayuntamiento de Córdoba, se creó en el Colegio de Abogados una asistencia jurídica previa a los procedimientos de interposición de la denuncia”, prosigue la letrada. De esta forma, la mujer que acude a denunciar y ha sido asesorada ya conoce todo el camino que le espera hasta la resolución por sentencia u otra vía. “Eso hace que vayan mucho más seguras a la hora de contar sus casos y ponerlos en manos de la justicia”, termina.

Más de siete centenares de abogados en Córdoba tienen historias de todo tipo vividas en el turno de oficio. Experiencias que en muchos casos no se les olvidarán nunca y que han llegado a atender como si su oficio les fuese en ello. “Por ética, a las personas que acuden al turno de oficio hay que tratarlas con la misma celeridad y profesionalidad que a un cliente de particular. La implicación es la misma y a veces, incluso mayor, por el sufrimiento que ves en ellos”, zanja Rafael Polonio.

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