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REPORTAJE

HBO prepara un proyecto sobre El Nani, un quinqui torturado por la Policía cuyo cuerpo se buscó en Córdoba

El Nani.

Juan Velasco

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Dos pesos pesados de la industria audiovisual española, Rafael Cobos y Alberto Rodríguez; un productor de renombre, Domingo Corral (hasta ahora responsable de ficción en Movistar Plus); y una distribuidora que es sinónimo de calidad, HBO Max, están detrás de un proyecto audiovisual que rescata la vida y desaparición de El Nani, un quinqui que fue arrestado por una mafia policial en la España de los 80 y cuyo cuerpo nunca ha sido encontrado.

Una historia con todos los ingredientes que son del gusto de la pareja responsable de La isla mínima, El hombre de las mil caras o Anatomía de un instante y que, de nuevo, los puede traer a Córdoba (donde ya estuvieron para investigar la figura del enigmático Guimerá para su película sobre Paesa y Luis Roldán).

Y es que, aunque nunca se ha encontrado su cadáver, uno de los puntos más señalados en el mapa de la búsqueda del cuerpo del primer desaparecido de la Democracia española, es la provincia de Córdoba. Concretamente, tres zonas: los embalses de Puente Nuevo y Guadanuño y una extensa finca en el término de Obejo, propiedad de un aristócrata relacionado criminalmente con los policías responsables de la tortura de El Nani en dependencias policiales.

Una imagen del proceso judicial

La historia y la desaparición de El Nani

Santiago Corella Ruiz, conocido como El Nani, nació en 1954 en Guadalajara y se trasladó siendo niño a Madrid, donde comenzó a trabajar muy pronto y entró en contacto con la delincuencia desde joven. Su trayectoria criminal se desarrolló en los márgenes de la sociedad de la época, en un contexto de precariedad que marcó su vida desde la infancia. Era lo que hoy se asocia como quinqui: un joven adicto a los opiáceos que atracaba joyerías y que entraba y salía de la cárcel.

El caso que desencadenó su detención fue un atraco a una joyería madrileña en 1983 en el que murió el propietario. Aunque inicialmente El Nani se había desvinculado del golpe, fue señalado por un testigo en unas condiciones irregulares, lo que derivó en su arresto el 13 de noviembre de ese mismo año por un grupo de policías entre los que se encontraba Victoriano Gutiérrez, El Guti, cabecilla de una mafia policial que estaba detrás de numerosos atracos a joyerías y al que El Nani había atropellado unos años antes.

Tras su detención, el joven fue trasladado a los calabozos de la Dirección General de Seguridad, donde, según relataron familiares y se probó posteriormente, fue sometido a torturas para que confesara el paradero de un oro robado en un golpe anterior en el que sí había participado. Los testimonios en el posterior juicio recogieron los interrogatorios violentos y las presiones a las que fue sometido durante horas en el interior de una comisaría de la que no se sabe a ciencia cierta si salió con vida.

El relato policial oficial fue que esa misma noche, varios agentes sacaron a El Nani gravemente herido y lo trasladaron a un descampado a las afueras de Madrid y que logró huir, a pesar de que había sido molido a palos unas horas antes. Sin embargo, la versión oficial de una supuesta fuga (que fue comunicada al resto de agentes tres horas después) fue desmontada posteriormente por la investigación judicial, que consideró imposible que pudiera escapar en el estado en el que se encontraba.

La cuestión es que, desde aquel día, nunca más se volvió a saber de él. Y que solo por el empeño de su esposa y sus hermanas, se logró activar una investigación judicial que acabó concluyendo que El Nani murió bajo custodia policial y que su cuerpo fue ocultado, y que también puso fin a la mafia policial responsable tanto de su muerte como de otros asesinatos y atracos cometidos en varios puntos de España.

Entrevista con Jaime Mesía Figueroa, implicado en la desaparición de El Nani.

La pista del aristócrata y la finca de Obejo (febrero de 1988)

Su cuerpo, eso sí, nunca ha aparecido. A lo largo de los años surgieron distintas versiones sobre su paradero -desde un enterramiento en cal viva en un descampado de Madrid hasta su traslado a Córdoba-, pero ninguna ha podido confirmarse, incluidas las que vinculan el entierro de su cuerpo en esta provincia, extraídas de una confesión a medias.

Esa confesión la había hecho Jaime Mesía Figueroa. Nieto del conde de Romanones, se le conocía como El Marqués en los ambientes delictivos de la España de la Transición. Pese a su origen privilegiado, su nombre apareció reiteradamente vinculado a investigaciones por atracos, secuestros y tramas criminales desde finales de los años setenta. Según diversas informaciones judiciales y periodísticas, habría actuado como cerebro o facilitador de golpes, aportando armas, contactos y datos sobre posibles víctimas -a menudo miembros acaudalados de la élite que él mismo conocía-. Incluso se le relacionó con el espectacular atraco a una sucursal de Banesto en 1985, para el que supuestamente proporcionó planos y garantizó cierta impunidad gracias a sus conexiones.

Su nombre emergió en la investigación de la desaparición de El Nani a raíz de varios testimonios que lo vinculaban indirectamente. Mesía Figueroa pertenecía a una familia histórica de la élite española, con patrimonio agrario relevante, entre el que destacaba la finca Campo Alto, entre los términos municipales de Obejo y Espiel, con miles de hectáreas y donde eran habituales las cacerías de la alta sociedad -y los advenedizos policías, como se contó en el juicio-. Hasta estas 4.000 hectáreas de terreno dirigió las pesquisas el aristócrata debido a unas declaraciones realizadas desde Brasil a la revista Interviú, en las que afirmó haber enterrado el cadáver de El Nani tras su muerte, aunque matizó que no lo había hecho en su finca cordobesa.

A pesar de negarlo, dos semanas después de estas palabras, se inició una investigación policial discreta en Campo Alto en febrero de 1988, en busca de indicios que confirmaran esa posibilidad. Según la información publicada por Juan José Echeverría y José Luis Rodríguez en El País, varios testigos sí que situaron en su entorno a agentes implicados en el caso. En particular, los guardas de su finca identificaron a un inspector conocido como “don Víctor” -presuntamente Victoriano Gutiérrez Lobo- como visitante habitual del lugar, donde acudía a cazar con el propio Messía. Estas visitas, a veces nocturnas y en compañía de otros hombres, alimentaron las sospechas en torno al uso de la finca. Sin embargo, pese a estas sospechas y a los indicios recabados, nunca se detectaron movimientos concluyentes ni pruebas que confirmaran la presencia del cadáver en la finca.

Central de Puente Nuevo desde el embalse.

El rastreo en los pantanos (julio de 1988)

Meses después, en julio de 1988, la búsqueda se trasladó a los pantanos de Puente Nuevo y Guadanuño, también en la provincia de Córdoba, y en las inmediaciones de la finca. La Audiencia Provincial de Madrid ordenó el rastreo tras nuevas declaraciones que situaban el cuerpo en uno de estos embalses, toda vez que la búsqueda en la hacienda del aristócrata había sido infructuosa.

El operativo movilizó a miembros de los Grupos Especiales de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil, procedentes de varias unidades, que comenzaron a explorar el pantano de Puente Nuevo, de gran profundidad y extensión. Las condiciones eran complejas: aguas turbias, presencia de residuos y hasta 37 metros de profundidad en algunas zonas.

Los equipos centraron la búsqueda en áreas cercanas a las presas, consideradas los puntos más accesibles para arrojar un cuerpo. Posteriormente, se desplazaron al embalse de Guadanuño, más pequeño y menos profundo, para continuar las labores sin interrumpir el operativo.

Sin embargo, tras dos días y medio de rastreo intensivo, los submarinistas no encontraron ningún resto humano ni indicio que confirmara la hipótesis. La acumulación de lodo, la escasa visibilidad y la complejidad del terreno dificultaron enormemente el trabajo, que concluyó sin resultados, dejando el caso, una vez más, sin respuestas definitivas y sin que la familia de El Nani pudiera recuperar el cuerpo, ni los jueces pudieran condenar por asesinato a los autores de su muerte, que sí que fueron condenados a penas superiores a 29 años por los delitos continuados de falsedad y de detención ilegal con desaparición forzada.

El caso ya se convirtió en película a finales de los años 80, coincidiendo con el inicio del proceso judicial. Se tituló Matar al Nani y se vendió como una peli quinqui, lo que no ayudó a su éxito. Más justicia al caso le ha hecho el documental Pacto de silencio, de Ángela Gallardo, disponible en RTVE, y que muestra material de archivo inédito. Los siguientes serán Cobos y Rodríguez, una pareja que ha demostrado solvencia de sobra a la hora de retratar la corrupción y las sombras de la modélica Transición española, cuyo primer desaparecido oficial fue El Nani.

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