“Ir domingos y festivos a trabajar es no tener vida con familia y amigos”
Trabajar diez domingos o festivos al año que no se pagan aparte. Encadenar siete y hasta diez días de trabajo seguidos en función del contrato. Y no ver a la familia y amigos cuando la mayoría descansa porque el trabajador tiene que acudir al comercio abierto en festivo o domingo. Estas son algunas de las consecuencias que relatan empleados de comercios sobre la libertad de horario establecida por la Junta de Andalucía en base a la Zona de Gran Afluencia Turística (ZGAT) en Córdoba y que, lejos de mejorar sus vidas y la conciliación, ven cómo ahora se va a ampliar a cinco meses del año la apertura en esas jornadas festivas.
Los trabajadores y sus representantes llevan denunciando estas consecuencias desde que la ZGAT establecida afecta a los comercios de toda la ciudad, no solo los de la zona a la que acuden los turistas, y también por los cuatro meses en los que se viene abriendo hasta ahora domingos y festivos: abril, mayo, septiembre y octubre. Tras las protestas en la calle y ante las instituciones, el Ayuntamiento y el sector consensuaron, en base a estudios turísticos, pedir a la Junta la restricción de la ZGAT solo al centro de Córdoba y durante tres meses: abril, mayo y octubre. Pero ahora se ha conocido la respuesta de la Junta: solo en la zona centro sí, pero ampliado a cinco meses: marzo, abril, mayo, septiembre y octubre.
“Ir domingos y festivos a trabajar es no tener vida con tu familia y amigos”, sintetiza Gloria -nombre ficticio-, una representante de trabajadores de una gran cadena de venta de ropa en Córdoba. “Si quieren abrir más domingos y festivos, que no sea a costa de los trabajadores”, reclama en conversación con este periódico.
Su caso y el de sus compañeros es el de empleados de un establecimiento en el centro de Córdoba, al que la ZGAT afecta de lleno. A sus 34 años, con dos hijos de 11 y 7 años, ha visto en este tiempo atrás cómo se obligaba a los trabajadores a acudir domingos y festivos, al tener contratos de lunes a domingo, donde todos los días de la semana son iguales. La consecuencia para ellos es que trabajar un domingo o un festivo no se pagaba como tal al ser un día más de la jornada laboral contemplada en el contrato.
“Ninguna oportunidad de conciliación familiar”
“Eso es estar nueve horas y media de pie, obligados”. Y, además, “no había ninguna oportunidad de conciliación familiar”. Además, en la tienda observaban que “las ventas no aumentaban, solo se repartían en más días”, señala Gloria sobre cómo la gente tiene el mismo dinero para gastar, abran todos los días o no.
En este caso, la fuerza de los empleados ha logrado que en su centro de trabajo se haya puesto coto a esa práctica. Han conseguido que solo trabajen domingos y festivos quienes lo elijan y que esa jornada se pague aparte.
Pero es una excepción. Gloria ve cómo entre amigos y compañeros de otros establecimientos, trabajan hasta tres domingos al mes y no se les paga aparte como jornada festiva. Por eso, reclama, las empresas “tendrían que contratar a más trabajadores para los fines de semana que quieran abrir”.
Eli, otra trabajadora de una gran superficie en el centro de Córdoba, coincide en cómo se están viendo afectados por la ZGAT. “Nuestros contratos están hechos de lunes a domingo, tenemos 36 festivos que se abre al público al año y cada trabajador le toca una media de diez festivos”, resume.
“El personal es el justito” y eso hace que sumen una carga de trabajo extra por abrir en esas jornadas. “Y otro problema es que el domingo no se nos paga”, constata también sobre esta práctica en su establecimiento.
Frustración: “Es lo que nos toca”
Esta empleada tiene contrato a jornada completa y cuando le toca trabajar un domingo y festivo, lo que se le ofrece es un día de descanso, no el pago de un sueldo extra por ese trabajo en festivo. Otros compañeros, relata, con contratos de menos horas, “juntan hasta siete y diez días sin descansar”. Y, además, el domingo o día festivo se presenta como una jornada de nueve horas de trabajo -con una para comer-. “Yo no disfruto. Entramos en la tienda y decimos: 'Esto es lo que nos toca'”.
Y esa situación se va a alargar ahora a cinco meses del año. “Son muchos meses, con un mes de diciembre muy complicado, con muchas horas, un mes de enero también muy complicado” por la campaña de Navidad y rebajas. “Y a eso sumamos mayo, abril, septiembre, octubre -y ahora marzo con la última decisión de la Junta- con todos sus festivos”.
“No disfrutamos de la familia”, denuncia. Porque, si trabaja el domingo o festivo, no puede ver a su familia y amigos que están de descanso. Y cuando ella descansa después de haber trabajado el domingo o festivo, “normalmente es un día entre semana en el que no puedo estar con ellos tampoco”. La conciliación de la vida familiar se hace así muy cuesta arriba.
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