Lejos del temor que infundieron las imágenes de turistas y cordobeses llenando las calles de la ciudad durante el puente del Pilar de 2020, al que se llegaba en plena escalada de casos y con la seguridad de que estaba formándose una segunda ola del coronavirus, las imágenes que está dejando Córdoba este fin de semana, con las calles atestadas de turistas y una apacible convivencia entre mascarillas y rostros al aire se están viviendo con felicidad.

De ello tiene buena culpa la vacuna, que ha golpeado con fuerza al virus, tanto como para llevarse una buena parte del miedo. Las restricciones y el virus siguen ahí, pero desde hace semanas, la ciudad respira de otra manera, sin el temor a unos partes diarios con cifras insostenibles.

Así que, en el primer puente desde que Córdoba ha entrado en la nueva normalidad, la imagen que más echaban algunos de menos, la de los turistas abanicándose en la zona del casco histórico y la judería, ha vuelto para quedarse, cuanto menos, unos días. Hasta el martes.

La sensación de hosteleros y hoteleros es de esperanza. En los bares de la Ribera hace días que las reservas brillan por su ausencia y sólo los más pacientes han podido conseguir mesa aprovechando el desfase horario entre el turismo extranjero y el nacional.

Las colas han vuelto (el Alcázar mostraba un cartel de aforo completo), y también los sonidos que se habían perdido. Porque Córdoba ha vuelto este sábado a ser un babel de acentos. Mucho más castellano que europeo o anglófono, pero también mucho más abierto. La ciudad espera que los hoteles, apartamentos y viviendas turísticas se llenen este sábado y mañana domingo. El lunes, también se espera un muy decenten 70% de ocupación.

La preocupación y la cautela siguen ahí, como el ruido que ha recuperado la ciudad de Córdoba, que ha empezado a parecerse un poco más a la que era antes del 14 de marzo de 2020.

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Publicado el
9 de octubre de 2021 - 17:11 h
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