Volver a las aulas en el colegio con menos niños de Córdoba
Volver al cole es sinónimo de gritos, risas y carreras. Las aulas se llenan de decenas de alumnos, los pasillos se transforman en ríos de niños y adolescentes, y cada tutor atiende a su clase. Pero qué diferente es la realidad cuando nos adentramos en la provincia de Córdoba; en pequeños pueblos que sufren el fenómeno de la despoblación debido a la falta de actividad económica o de servicios. Es el caso de Fuente la Lancha, un municipio de la zona norte donde que tiene la menor extensión superficial de la provincia. Según los datos del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), en 2024 había censadas 338 personas. En una década, ha perdido un 7% de población. En 2023 se fueron 27 personas, llegaron 12, murió una persona y tan solo nacieron dos niños. La historia que van a leer a continuación es de la de los diez menores que dan vida al colegio Santa Catalina, el centro con menos niños matriculados de la provincia cordobesa.
Manuel, Samuel, Aarón, Manuel, Ramón, Alejandro, Juan Martín, Alejandro, Blanca y Luna. Estos son los nombres de cada uno de ellos. Todos viven en Fuente la Lancha, donde, una vez que promocionan, deben ir a otras localidades para estudiar la ESO. Manuel es el pequeño. Tiene tan solo tres años. Es el único de esa edad. Después hay otro menor de cinco años y el resto cursa 1º, 2º, 3º y 5º de Primaria. Aunque en el registro de alumnos consten 11, a efectos prácticos hay diez porque uno de ellos, finalmente, no asiste a este centro. Hace apenas dos años que este cole fue reformado. Pese a la reducida cantidad de alumnos, sorprende la enorme calidad de sus instalaciones. Cuántos profesores y directores envidiarían todas las alternativas de juego que hay en el patio de este centro: columpios, arenero, campo de fútbol... Y hasta un pequeño rocódromo. Tras una larga charla con su director, José Manuel Valverde Romero, se llega perfectamente a una conclusión: hacen falta niños que disfruten de todo ello.
Es la primera vez que el centro tiene tan pocos alumnos matriculados. La media habitual ha viajado entre los 15 y 20 niños, lo que ha permitido al colegio disfrutar de dos unidades. Con las previsiones de cara a este curso, la Junta de Andalucía decidió cerrar una al no llegar al mínimo de 12 niños. “La causa de esta falta de alumnado se explica en que, por un lado, se han ido muchos niños de 6º de Primaria al promocionar y, por otro lado, otras familias deciden escolarizar a sus hijos en Pozoblanco o Hinojosa, donde trabajan, aun viviendo en Fuente la Lancha”, explica el director, quien añade que, pese a ser un colegio con pocos alumnos, la calidad educativa se mantiene gracias a la implicación del equipo docente.
Un día a día lleno de coordinación y flexibilidad
Y, ¿cómo es el día a día en este centro? Los diez menores están actualmente desdoblados en dos clases. En la primera están Manuel, el pequeño de tres años, un alumno de cinco años y otros cinco de 1º y 2º de Primaria. En la clase de al lado están dos alumnos de 3º de Primaria y otro de 5º. Día a día reciben conocimientos de hasta ocho profesores diferentes que comparten con otros municipios, como El Viso, Fuente Obejuna, Santa Eufemia y Villaralto. Esta organización requiere flexibilidad y coordinación constante entre los docentes. “Por un lado, es maravilloso. Es como recibir clases particulares. Por otro lado, está la complicación de atender varios niveles en la misma clase. En mi caso, mientras enseño a los alumnos de 3º de Primaria, el de 5º tiene que esperar o programar yo algún tipo de actividad para que, mientras tanto, trabaje”, explica Juanjo, profesor de Religión. Durante este miércoles, día de nuestra visita, el docente enseña a sus tres alumnos el curioso mundo de los refranes a través de El Quijote.
Es esa atención personalizada la que, en primer lugar, José Manuel pone sobre la mesa a la hora de hablar de las ventajas de un centro de este tipo. “Conoces perfectamente cómo es en su casa y dónde se desenvuelve. Un niño con problemas de lenguaje o déficit de atención recibe seguimiento desde el segundo trimestre, algo que en colegios grandes puede no ocurrir”. Además, los alumnos mayores ayudan a los pequeños, reforzando su propio aprendizaje. No hablemos ya del juego. El pequeño Manuel se desenvuelve a la perfección tanto en el aula como en el recreo, donde juega con todos y a todo.
Desafíos y limitaciones
En el otro lado de la balanza, las desventajas, que también son reconocidas por el director. Con pocos compañeros, los niños tienen menos oportunidades de socializar y jugar con iguales, lo que puede afectar habilidades sociales y la diversidad de relaciones fuera del colegio. José Manuel destaca que los alumnos del CEIP Santa Catalina, gracias a esa atención personalizada, logran excelentes resultados académicos, pero su socialización se ve limitada por el reducido número de compañeros y la vida en un pueblo pequeño. “Académicamente, los alumnos llegan muy bien al instituto, pero socialmente les cuesta más relacionarse.” Aun así, el director relativiza este fenómeno al contexto actual, señalando que la socialización limitada no es exclusiva de colegios pequeños, sino que también se observa en muchos niños de ciudades más grandes debido al exceso de tiempo frente a móviles y pantallas.
Por otro lado, y pese a ser un colegio pequeño, José Manuel lamenta que los profesores deben cumplir “con la misma cantidad de papeleo que en un centro grande. Yo, por ejemplo, hago funciones de profesor, secretario, jefe de estudios... Y sin reducción horaria”. También está la dificultad de cubrir todas las especiales, como Música, al no contar con profesores para ello.
Otra característica de este centro es el elevado número de alumnos con necesidades especiales: seis niños requieren apoyo de Personal Terapéutico (PT) y de Audición y Lenguaje (AL). En el primer caso, el profesional especializado acude solo una vez a la semana y el de AL, dos veces. En esta línea, el director sí reclama más recursos porque, además, estos trabajadores “están compartidos con más centros”. Además, el colegio tiene alumnos de compensatoria debido a las condiciones socioeconómicas de sus familias.
Este CEIP cuenta, además, con equipamiento tecnológico avanzado, tablets, ordenadores, chromebooks y otros recursos digitales cuya gestión, reconoce el director, ha requerido de negociación y esfuerzo con la Junta de Andalucía y con empresas locales, como Covap. Los niños también cuentan con un huerto escolar y el centro está a la espera de que se le autoricen dos extraescolares: deporte e inglés.
La importancia de la implicación de los padres
Las características de este colegio hacen que la relación entre docentes y padres sea clave, aunque no siempre sencilla. La mayoría de los padres trabaja fuera del pueblo, lo que limita su presencia en eventos escolares. Aun así, el colegio sigue organizando actividades culturales y educativas, como funciones de Navidad, teatro, salidas conmemorativas como el 25N y proyectos especiales, pero la asistencia parental no alcanza la misma intensidad que en otros pueblos cercanos.
En comparación, José Manuel señala la diferencia con localidades como Santa Eufemia, donde los padres participan en cada función y la involucración es total. “Allí hacen las funciones de Navidad, cualquier función que se haga en horario escolar y el colegio se llena. Aquí… cuesta mucho.”
Algunos padres también optan por matricular a sus hijos en colegios de pueblos mayores, buscando mayor socialización o recursos que perciben limitados en el Santa Catalina. Esta elección refleja no solo la disponibilidad económica y laboral de las familias, sino también la mentalidad de algunos progenitores de pueblos pequeños, quienes valoran la cercanía a servicios y oportunidades en localidades mayores.
Este centro demuestra que un colegio pequeño puede ofrecer una educación de gran calidad, con atención individualizada, proyectos innovadores y un ambiente cercano. Los niños aprenden y se desarrollan en un entorno seguro y estimulante, aunque su reducido número limita la socialización y la diversidad de experiencias. Al mismo tiempo, es un reflejo de la despoblación rural y el descenso de la natalidad. Pese a ello, el esfuerzo conjunto de docentes, familias y alumnado permite que el colegio cumpla su misión educativa, recordando que la verdadera riqueza de un centro no se puede medir por la cantidad de alumnos, sino por la calidad de la atención y el compromiso de todos los que lo hacen posible.
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