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Luz desde la Huerta de la Reina

Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías | TONI BLANCO

Rafael Ávalos

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En las miradas escrito está. Resulta sencillo leer en los ojos lo que con palabras quizá sea más complicado -a veces imposible- expresar. En todos aparece el libro abierto en esta ocasión por una página diferente. Es un negro sobre blanco único, de los que son realmente especiales. Y sin embargo es sólo un conjunto de letras visuales dentro de un capítulo inolvidable para quienes tanto esperaran una jornada como ésta. Desde el justo instante en el que las grandes puertas laterales se cierran todos los allí presentes saben que el recuerdo va a ser imborrable. La memoria es fuego vivo cuando guarda momentos como los que este sábado deja Nuestro Padre Jesús de la Redención, que reina en un barrio que desconoce de días sombríos. De hecho si uno aparece de tal modo cuando no debe es capaz de iluminarlo. Luz desde la Huerta de la Reina es la que ilumina una tarde primero oscura y después azul celeste. Como el color del cielo de Córdoba en el trayecto del Señor de San Fernando hasta la Mezquita Catedral, que con el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías goza de su más extraordinaria salida. Razón hay de peso para de dicha manera lo vivieran los hermanos de la Estrella, de la que es titular la imagen que tallara Miguel Ángel González Jurado. Ésa no es otra que el 25 aniversario de su bendición, que conmemora su corporación desde los últimos compases de 2016.

Un año más, tal y como sucediera en el anterior, la lluvia quiso tomar protagonismo en los primeros días de Cuaresma. En este caso, en el primer sábado del nuevo tiempo litúrgico. Y bien pudo hacerlo. La incertidumbre fue total entre los cofrades de Córdoba a lo largo de la mañana, dado que las precipitaciones no cesaron. No sólo eso sino que además en determinados momentos fueron intensas. Pero poco a poco se tornó el día más sereno. Eso sí, a la hora señalada alguna tímida gota caía todavía sobre un suelo que después apareció húmedo -encharcado en algunos casos-. Había, y lógico era, quien mantenía la duda sobre una realidad diferente a la deseada. Sin embargo, la decisión de la hermandad de la Estrella fue firme desde el primer momento. Apenas permitió el más mínimo interrogante. Sólo unos minutos sobre las cuatro y media de la tarde, tras unas horas desasosegantes las puertas laterales de la parroquia de San Fernando se abrieron. Decenas de personas, que posteriormente fueron centenares en otros puntos -ya con la certeza de que el cielo había claudicado-, atendían la salida de la cruz de guía y a los primeros componentes de un nutridísimo cortejo en el que también existía representación de otras corporaciones. Minutos después, el Señor de la Redención, en el 25 aniversario de su bendición, comenzaba su discurrir por las calles de la ciudad.

Primero recorrió su barrio en un trayecto en el que no dejó de estar acompañado. Los que vieron su salida siguieron sus pasos hasta la avenida del Gran Capitán. Después inició su camino definitivo hasta la Mezquita Catedral, donde poco a poco eran cada vez más los representantes de otras hermandades los que se reunían. Había que dar forma al cortejo para el rezo de las Estaciones en el interior del primer templo de la Diócesis. Hacia el corazón de Córdoba dirigió sus pasos Nuestro Padre Jesús de la Redención de manera diferente. Fue especial porque lució por vez primera su nueva túnica bordada sobre terciopelo morado. Fue especial porque caminó con música de capilla, que pusieron varios miembros de la Banda de Música Nuestra Señora de la Estrella. Fue especial porque marchó, sin las tallas del Misterio que cada Lunes Santo preside, sobre el paso de la Divina Pastora de Capuchinos. Un trono éste que mostró, para que fuera aún más especial el tránsito por el casco histórico, piezas de otras tres cofradías -Expiración, Vera Cruz y Oración en el Huerto-. Las estrecheces de Deanes o Conde y Luque fueron anchuras en esta ocasión, en la que el Señor de la Huerta de la Reina dejó una huella de elegancia y seriedad en lo que para su cofradía era una soñada salida extraordinaria. Sobria como correspondía, emotiva como cualquier otra.

Unos minutos sobre las siete, la silueta de Nuestro Padre Jesús de la Redención se dibujó con trazo firme en el umbral de la Puerta de Santa Catalina. Llegó a la Mezquita Catedral con un cielo poco a poco más oscuro. La tarde comenzaba a dejar paso a la noche, aunque antes una nube gris quiso hacer un áspero acto de presencia. Vino y se marchó. Distinto fue lo que ocurrió con la temperatura, que de un segundo para otro arrancó un descenso que ligeramente fue a más con el transcurso de las horas. El aire era diferente, de todos modos, en lo que al ánimo se refiere entre los presentes en el Patio de los Naranjos. Silencio y devoción caminaron de la mano entre los cofrades que vieron al Señor cruzar la Puerta de las Palmas. Ya en el interior de las naves del primer templo de la Diócesis se celebró el rezo del Vía Crucis, que presidió el Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. La estampa de la imagen que tallara Miguel Ángel González Jurado ofrecía mayor luminosidad si cabe a tan inigualable marco. Tras el acto central de la cita organizada por la Agrupación de Cofradías, la que da sentido a esta jornada año tras año, Jesús de la Redención traspasó de nuevo la frontera del Arco de las Bendiciones pero esta vez con los sones de la agrupación musical que tiene su nombre.

Los sones de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Redención pusieron la otra nota musical a una tarde noche memorable. La misma en la que el titular de la Estrella caminó por la Mezquita Catedral y en la que también visitó a las madrinas de su bendición. El cortejo, después de recorrer por segunda ocasión Conde y Luque y Deanes -en ese momento en ese orden- y dejar atrás la plaza de las Tendillas, llegó a la plaza de las Capuchinas. Un lugar éste de marcado carácter emocional este sábado para la corporación radicada en la parroquia de San Fernando, pues allí se erige el Convento de las Hermanas de la Cruz, ante cuyas puertas se detuvo el paso. Después comenzó realmente el regreso a su templo del Señor de la Redención, que cerró un capítulo inolvidable para sus devotos y para los cofrades de Córdoba en general sobre la medianoche. En ese momento, bajo el manto oscuro de la noche, la imagen volvía a ser, una ocasión más, la luz que alumbra desde la Huerta de la Reina.

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