“Los juegos en el hospital no curan a los niños, pero sí les ayudan en todo el proceso”

El pequeño Kevin junto a la responsable de la Unidad de Actividades Motivacionales del Reina Sofía, Ana Calvo | MADERO CUBERO

Jairo tiene 11 años y se ha quedado a las puertas de entrar al instituto. Padece dermatomiositis juvenil, una enfermedad autoinmune que provoca la inflamación de los músculos, la piel y los vasos sanguíneos. Kevin es más pequeño. Tiene tan sólo tres años y ya conoce demasiado lo que es un hospital. Tiene un tumor en la barriga, con ramificación en la médula, que tiene que ser extirpado de la mejor manera posible. Ambos comparten demasiadas cosas en común para su corta edad, aunque Jairo es más consciente de la situación por la que atraviesa. Las actividades y juegos de los que disfrutan en la planta segunda del Materno Infantil hacen que, por unas horas, olviden por qué están ahí.

En los últimos años, el Hospital Reina Sofía ha intensificado todo su trabajo de humanización en la planta de Oncología infantil. La responsable de la Unidad de Actividades Motivacionales del complejo sanitario, Ana Calvo, es buena responsable de todo lo que ocurre en la Ciberaula -la zona educativa y lúdico-pedagógica del centro- y de todos los materiales y juegos que semana tras semana llegan al hospital. Todo este trabajo incide de manera notable en la actitud de los niños, que afrontan de manera menos estresante todos los pormenores de su enfermedad

Las últimas atracciones que han llegado al Reina Sofía han sido dos coches eléctricos donados por la ONG Por la sonrisa de un niño. El objetivo principal de estos vehículos es que los menores pierdan el miedo a acudir a alguna prueba o, incluso, al quirófano. Están dotados de música, luces y control remoto que recogerán a los niños en su habitación y los llevarán hasta el lugar en el que tengan que realizarse las pruebas o intervenciones.

Junto a estos vehículos, los pacientes ingresados en Oncología infantil cuenta con dos kiciclos, una bicicleta con forma de un triciclo convencional pero con una barra vertical sujeta a la parte posterior del mismo con cuatro ganchos al final donde se cuelgan los recipientes de la medicación. Con estos triciclos portasueros, donados por Almazaras de la Subbética, los niños se divierten pedaleando por el hospital mientras reciben el tratamiento intravenoso de quimioterapia. A pesar de su corta edad, Kevin se maneja de forma rápida y segura por la tercera planta del Materno Infantil. “Como lo dejes solo, empieza a dar vueltas y ya no puedes ni cogerlo” cuenta su padre, Cristóbal, que agradece al Reina Sofía la disposición que desarrolla el personal para que los más pequeños no se den cuentan de nada. “Los padres ya somos otra historia. Somos nosotros quienes vemos todo y sabemos la realidad de la situación”, explica el padre del menor.

En este sentido, la responsable de la Unidad de Oncología Pediátrica del Reina Sofía, Elena Mateos, explica que “los niños sometidos a situaciones estresantes y tratamientos intensivos son especialmente vulnerables a multitud de secuelas a nivel emocional, de comportamiento y académico”. Con carácter preventivo, el hospital lleva a cabo toda una terapia ocupacional basada en el juego ya que “diversos estudios han demostrado que mejora el dolor, la ansiedad y la fatiga en estos pacientes”. “El juego es esencial para el crecimiento del niño y son imprescindibles para su desarrollo psicológico y madurativo”, explica Mateos, quien recalca también la importancia de que los niños interactúen entre ellos ya que resulta imprescindible para su desarrollo.

Sensi, la madre de Jairo, coincide en el esmero y el cuidado que “todo el personal de este ala del hospital desarrolla con los niños”. Ella misma lo nota en su hijo, que participa en la conversación con CORDÓPOLIS. “Yo estoy muy bien aquí y me divierto con los demás niños”, cuenta Jairo, a pesar de que no puede correr ni hacer una vida normal. Pero estas limitaciones no le postran en una cama o en una silla, al contrario. Se levanta de ellas y va en busca de los demás niños. Sensi narra un episodio que les ocurrió apenas hace unos días. “En la Ciberaula se realizó un taller de magia y mi hijo acudió. Cuando subimos a la habitación, Jairo estaba muchísimo más animado. Y no había cambiado nada en su tratamiento. Simplemente se había divertido con otros niños. Como madre, eso no está pagado”, concluye la madre el menor.

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