La información con 'f' de 'fake'

Marilín Gonzalo y Esther Paniagua | ALEX GALLEGOS

A los 20 minutos aproximadamente de la última sesión del ciclo Conversaciones en la Central, celebrada este lunes por la tarde, la periodista Marilín Gonzalo ha necesitado frenar y precisar: “Hay una cosa que no me gusta y es que, cuando se habla de estos temas, acabamos siendo apocalípticos”, señalaba.

Gonzalo, coordinadora del área de contenidos digitales de la agencia de periodismo, tecnología y verificación de datos Newtral, formaba parte de un coloquio titulado Pirateando cerebros. La desinformación en la sociedad globalizada junto a la periodista experta en ciencia y tecnología Esther Paniagua (El País, El Mundo, National Geographic) y el periodista de esta casa Juan Velasco. Y a los 20 minutos, el panorama dibujado no era demasiado esperanzador.

Así que Gonzalo, y se sumó al instante Paniagua, habían echado el freno. Sí, la desinformación es un asunto que hay tomarse en serio como sociedad. Sí, los grandes conglomerados nacidos en Silicon Valley y diseminados por todo el mundo tienen unos intereses que están por encima del contenido. Sí, los grandes poderes son conscientes de dónde colocar sus mensajes para llegar a un público objetivo y cambiar y moldear en la medida de lo posible el estado de opinión. Todo esto estaba ya sobre la mesa.

Pero la solución a todos estos males está en el bolsillo, como en el truco de magia de la llave y la moneda que escenifica Orson Welles en el inicio de la película Fraude, y que ha servido como introducción a un coloquio que ha empezado con las invitadas confesando algunos de los “bulos” que más les han llamado la atención de cuántos se mueven por las redes y que ha acabado con un alegato cristalino sobre la libertad de expresión e información como principio inequívoco que debe regir cualquier medida que vaya a luchar contra la propagación de fake news y movimientos interesadamente desinformadores.

Por el camino, Marilín Gonzalo ha explicado la importancia de los fact checks -verificadores de hechos- en las redacciones del futuro -y del presente, que es futuro en movimiento-, así como la importancia de que los propios ciudadanos vayan protegiéndose ante la desinformación haciendo criba entre sus propias redes sociales. Paniagua, por su parte, ha dado algunas claves para combatir el aislamiento informativo al que pueden llegar a someter plataformas como Youtube, Facebook o Google con las mal llamadas “sugerencias de contenido”, que no son otra cosa que contenido seleccionado para el usuario y que, ¡sorpresa!, se pueden desactivar con facilidad.

Paniagua no se ha quedado ahí: ha advertido de la importancia que va a tener la educación para la relación entre el ciudadano y el móvil por parte de las generaciones futuras que, como ha apuntado, ahora se plantean como opciones laborales profesiones como youtuber o influencer. Ante este porvenir, un consejo: que maestros, educadores y padres intentar ahondar para poder comprender mejor un fenómeno, el de internet y las redes sociales, que, como Gonzalo y Paniagua han reconocido a preguntas del público, ha acabado convertido en algo completamente distinto a lo que parecía hace algo más de una década.

Y no mucho más, porque la charla ha durado poco más de una hora. Una hora en la que, como decía Orson Welles al inicio de Fraude, todo lo que se ha escuchado ha sido “verdad” pero a cuyo término se ha podido constatar que los titulares que utilizan anglicismos como fake para enganchar a los lectores siguen dando clicks.

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