#Héroes sin capa | Médico de Atención Primaria: “Este es un virus muy traicionero, se vuelve muy agresivo sin que te lo esperes”

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Igual que al resto de los mortales globales en algún momento de los últimos tiempos, a Jorge Martínez, médico de Atención Primaria en el Centro de Salud Lucano de la Axerquía cordobesa, la vida le dio la vuelta la semana del 16 de marzo. Madrileño de nacimiento y médico cordobés desde hace 35 años, Jorge dejó de ver en consulta al 95% de sus pacientes a partir de ese día para solo escuchar la voz de la mayoría de ellos por teléfono y comenzar a hacer uso, como nunca lo había hecho, de su ojo clínico.

Su paisaje de aquellas primeras semanas de crisis fueron el miedo, la falta de recursos y de protección, la descoordinación y la improvisación en su lugar de trabajo, además de sentir, puede que de manera hipertrofiada como nos ha pasado a casi todos con el virus, que en algún momento tenía síntomas. “Pero a quién no le duele un día la cabeza o tiene mal cuerpo”, se pregunta este médico en una época en la que la astenia primaveral también ayuda a sentirse de este modo.

Aunque en Córdoba capital el virus no ha golpeado duramente, Martínez asegura que la gran mayoría de los casos que ha visto o sospechado han sido de pacientes menores de 65 años, “aunque también ha habido casos en gente mayor”, puntualiza. “Teníamos que diagnosticar cuadros con solo la entrevista clínica y dejarnos llevar y derivar a Urgencias casi por intuición”, explica ante la falta de tests y de pruebas fiables.

Tanto a él como a muchos compañeros de Atención Primaria les ha ocurrido lo mismo: que un paciente asintomático por la mañana derivaba en una neumonía por la tarde. “Venían o te llamaban y solo tenían 37.5 de fiebre, pero no te quedabas tranquilo y los mandabas a hacerse una placa. La frase que más ha corrido entre nosotros es que este virus es muy traicionero. Se vuelve muy agresivo sin que te lo esperes”.

Durante las primeras semanas todos estos profesionales de primera línea han pasado miedo, “cuando vimos que nos enfrentábamos a algo potencialmente agresivo con carencia de medidas de protección. Eso unido a la falta de organización que hubo en los centros de salud, nos hizo sentir como pollos sin cabeza”, confiesa Jorge.

En la cara positiva, este médico de Atención Primaria cree que la cercanía con la que trabaja este colectivo sanitario con sus pacientes, el hecho de conocerlos bien, “ha servido mucho para enfocar lo que te cuentan y así establecer una estrategia de negociación, saber como evoluciona en 24 horas”.

El ánimo colectivo de a quienes atiende y que ha registrado Jorge en estos cuarenta y tantos días es de “mucho miedo”. “La personas mayores son muy conscientes de la gravedad, algo bueno en un sentido porque ha favorecido el aislamiento, no han acudido al servicio de Urgencias y eso ha frenado la evolución”.

Un virus muy peligroso

Este domingo el ministro de Sanidad, Salvador Illa insistía en que no había que perderle el respeto al virus. Es muy contagioso y falta información sobre su comportamiento. De hecho, el Washington Post contaba este pasado fin de semana la experiencia en hospitales sobre los casos de infartos causados por coronavirus en personas sanas de entre 30 y 40 años, que están muy graves o incluso han muerto por esta manifestación del virus.

“Puede dar múltiples síntomas”, explica Jorge, “aunque los comunes son los síntomas respiratorios”. El médico también se centra en cómo a los problemas digestivos y de diarreas no se les daba demasiada importancia al principio y esa parte “traicionera” del virus les ha hecho comprobar que existe Covid “con otra clase de sintomatología”. De hecho ya se están viendo distintas cepas con diferente virulencia, “que pueden dar más o menos gravedad en el cuadro”.

La falta de liderazgo en la Atención primaria

Ante lo que este facultativo describe con la imagen de haberse sentido como “pollo sin cabeza”, puntualiza que es algo que viene de largo. “Desde Atención Primaria llevamos tiempo en que los cargos intermedios no tienen necesariamente el apoyo del personal de base y ahora se ha notado, se ha desconfiado de la toma de decisiones”, declara sobre una forma muy piramidal en la toma de estas decisiones.

Y lo que ha ocurrido es que la base de esa pirámide, los médicos con cuya opinión no se contaba, “hemos actuado antes de que llegara la orden ministerial sobre lo que teníamos que hacer”. Una aplicación del sentido común y de la experiencia de estos facultativos frente a “la improvisación” y a una organización “sin directrices claras”.

De hecho, España es el país con más sanitarios contagiados por coronavirus, según un estudio del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades. Con respecto a que Andalucía posea una de las más altas tasas de sanitarios infectados, con alrededor de los 2.000, este dato representa un 23% de los contagios que se han producido en la comunidad.

El gran golpe para los sanitarios cordobeses llegó a finales de marzo con la muerte de Manuel Barragán, un médico de Atención Primaria de 63 años que ejercía en el centro de Salud de Levante Sur. “Fue impactante”, recuerda Jorge, “y aumentó nuestro sentimiento de vulnerabilidad”.

Por fortuna, esa tendencia ha ido cambiando, “ya que el contagio inicial fue antes de los medios de protección que en el último mes han mejorado mucho, por eso es importante que las pruebas se hagan a todos los sanitarios”, aclara.

Estudio de seroprevalencia

El estudio que esta semana se ha puesto en marcha -que en Córdoba elegirá a 1.800 personas, aleatoriamente pero con datos del Instituto Nacional de Estadística para que sean representativas de la población- dará pistas para entender dónde y cuánto hay grupos de personas con mayor nivel de inmunidad. Es decir, el estudio de la presencia del coronavirus en la población en este momento a través de un análisis de sangre, ya que la serología estudia la presencia de anticuerpos en la sangre, que son la prueba de que esa persona ha pasado la enfermedad.

A comienzos de esta semana los médicos de Atención Primaria de la capital cordobesa no tenían “ninguna información” acerca de esta pruebas, en palabras de Jorge Martínez. “Ni si quiera sabemos si nuestros centros de salud van a participar o no ni cómo. Hay mucha desinformación en todo este proceso”. Lo que sí les dijeron esta semana es que empezarían a hacer estas pruebas a los profesionales sanitarios, “pero no sabemos con qué cadencia, si comenzarán por nosotros o por los hospitales o las urgencias”, añade.

Más allá del coronavirus: Las otras enfermedades

Otra de las preocupaciones que mantienen en vilo estos días de los médicos de Atención primaria es la gestión de un miedo al coronavirus que hace que personas con patologías graves no acudan a consulta o a los servicios de Urgencias. “Hay infartos o infecciones graves que nos están llegando muy tarde, con cuadros muy  evolucionados que pueden derivar en complicaciones”, relata este médico. “El miedo a la Covid no puede frenar el tratamiento de estas enfermedades”, alerta.

La prueba está en que la certificación de pacientes que mueren en los domicilio y no a causa del coronavirus “ha aumentado mucho”. “Desde primera hora indicamos la necesidad de ir a Urgencias por otro patología y muchos se negaban”, relata, lo que derivaba en tratamientos “a ciegas”, sin pruebas complementarias y solo con la exploración, a pacientes que se negaban a acudir al hospital.

Se ve la luz, pero queda mucho por hacer

Jorge no se considera demasiado optimista ante el futuro inmediato. La sensación principal, aunque nadie sabe cómo evolucionará el virus, es que habrá “casos con cuentagotas hasta el otoño” y que entonces “haya un repunte”. Lo que espera es que cuando ese momento llegue poder “hacer un diagnóstico real” y contar con los medios necesarios “para no trabajar solo con la sospecha y poder detectar a los casos pronto”.

Una petición llena de sentido, ya que se presume que la siguiente fase de control de la pandemia prolongará la exigencia extra sobre todo el sistema sanitario español con la obligada detección y rastreo de casos más la asistencia a nuevos pacientes, lo que obliga a mantener la presión durante meses sobre la Atención Primaria y los hospitales.

No es nada nuevo. “Llevamos 35 años hablando de la importancia y el refuerzo de la Atención Primaria, algo que solo se queda en palabras”, se lamenta Jorge. Un hecho que lo demuestra es la noticia que Jorge conocía esta misma semana. “A los 22 médicos residentes de familia que terminan en un mes su período de formación, todavía no les han propuesto ningún tipo de contratación y en todo caso puede que contraten a alrededor del 50%. Con lo cual a los que no contraten, probablemente emigren a otras provincias o comunidades autónomas. Aquí radica nuestro escepticismo sobre la posibilidad de cambios”, apostilla.

Este facultativo también es de los que se abonan a que la vacuna aún tardará en llegar, “pasará un año o año y medio”. No tiene claro aún si sobre el virus influirá a estacionalidad, la temperatura o la humedad, pero sí asegura que el coronavirus “ha venido para quedarse”.

“Nunca me he sentido tan reconocido”

“Nunca me he sentido tan reconocido como médico como en el último mes”, confiesa el doctor Martínez. Cree que esta confianza de sus pacientes se vincula al conocimiento previo mutuo y ha notado “preocupación sincera” por su salud. “Se despedían diciéndome, cuídese mucho”.

A pesar de esto, a Jorge no le gustan demasiado los aplausos de las ocho de la tarde. “Me da pudor”. Pero más allá de la incomodidad, este médico quiere que los aplausos salgan de “lo folclórico” y se conviertan en “responsabilidad para los próximos meses”. Sobre todo, que no se olviden cuando haya que “respaldar” a la Sanidad Pública y se pida movilización ciudadana.

Aunque él sí aplaude toda la solidaridad que ha visto alrededor estas últimas semanas. “La respuesta de la comunidad ha sido impresionante. Cuando no teníamos nada un grupo de personas, mujeres, imprentas, farmacias... nos han ayudado desinteresadamente, dándonos pantallas, mascarillas, lo que podían. Ha sido una experiencia muy positiva”.

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