Un estudio de la Universidad de Cordoba sitúa el origen del árbol clado 'Daniellia' hace 50 millones de año

Bosque tropical de Guinea Ecuatorial, uno de los lugares en el que crecen los clado 'Daniellia' | UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA

La Universidad de Córdoba (UCO) ha colaborado en un estudio que sitúa el origen de un grupo de árboles de África y Madagascar hace 50 millones de años. Concretamente, el trabajo ha investigado la evolución del clado 'Daniellia', un conjunto de árboles con valor ecológico, confirmando que más de la mitad de sus especies están en peligro de extinción.

Así lo ha indicado la institución universitaria en una nota en la que ha detallado que en el Eoceno surgieron algunas de las cordilleras más importantes del mundo y tuvieron lugar grandes cambios climáticos que marcaron el futuro del planeta. En esta época en la que aparecieron grandes grupos de mamíferos y otros animales, hace aproximadamente 50 millones de años, surgió el clado 'Daniellia', un conjunto de plantas leguminosas relevantes por su valor ecológico.

Esta es una de las principales conclusiones de un trabajo en el que ha colaborado la Universidad de Córdoba y que ha situado los orígenes de estos árboles en el Norte de África. Según ha subrayado el único investigador español que ha participado en el estudio, Manuel de la Estrella, este tipo de leguminosas “goza de interés científico por motivos sistemáticos y ecológicos”.

Aunque la mayoría habitan en bosques tropicales húmedos, algunas han conseguido adaptarse a terrenos secos completamente distintos como las sabanas o los bosques suculentos de Madagascar, dominados por los icónicos 'Baobabs'. Además, a diferencia de lo que ocurre en otras plantas tropicales, la diversidad de sus especies es mayor en África que en las otras regiones tropicales de Asia o América.

El trabajo, que ha seguido la pista a este grupo desde sus inicios, ha desvelado algunas de las incógnitas sobre su distribución y diversidad. Según apunta la investigación, surgió en el norte de África cuando las selvas tropicales inundaban el norte del continente e incluso Europa, siendo la cuenca de París el lugar en el que se encontró el fósil más antiguo del grupo.

La aparición de un clima más seco propició un nuevo linaje que se dispersó hasta llegar a Madagascar, lugar en el que ahora se encuentran especies adaptadas a la escasez de precipitaciones. Varios cambios climatológicos que vinieron después propiciaron diversificaciones que dieron lugar a las diez especies descritas en África.

Para trazar esta evolución, ha explicado Manuel de la Estrella, “se han estudiado el registro fósil y se ha empleado una técnica de datación conocida como 'reloj molecular', un método filogenético que deduce el cronograma de eventos a partir de las secuencias de ADN de especies distintas”.

El trabajo también ha evaluado el estado de conservación de este grupo de leguminosas de acuerdo con las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) con el objetivo de establecer prioridades de conservación, y si bien estos árboles han demostrado una gran capacidad de adaptación durante los últimos 50 millones de años, ocho de las 14 especies de África y Madagascar están actualmente en peligro de extinción, debido, entre otros factores, al cambio climático.

“Aunque muchas de estas especies surgieron precisamente como consecuencia de cambios climáticos pasados, estos se produjeron de manera gradual a lo largo de millones de años, por lo que les dio tiempo a adaptarse”, ha puesto de manifiesto el único autor español de la publicación.

La sobreexplotación humana, además, es otro de los factores principales que amenazan el futuro de estas especies. La deforestación y dependencia de la madera para su uso en la construcción o como combustible ejerce una fuerte presión, especialmente en zonas de la sabana con menor presencia de árboles.

El estudio, según ha destacado Manuel de la Estrella, “nos permite entender cómo surgió este grupo de plantas y comprender cómo de amenazada está su diversidad, lo cual nos ayudará a tomar decisiones más acertadas”. Las medidas de conservación como el almacenamiento de semillas y la reintroducción de individuos genéticamente diversos en hábitats adecuados y protegidos podrían a ayudar a garantizar la supervivencia de estas especies a largo plazo.

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