Emoción singular junto al Nazareno de Priego

Nazareno de Priego de Córdoba | RPGP

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La mañana del Viernes Santo hay que vivirla en algún momento de la vida en Priego de Córdoba en torno a la imagen de mayor devoción de la localidad: Nuestro Padre Jesús Nazareno. En este bello pueblo de la Subbética cordobesa, que cuenta con una de las mejores Semanas Santas de la provincia, se viven en la procesión del Nazareno momentos únicos, inolvidables y de mucha emoción que atraen la atención de miles de personas no solo de la localidad, sino de otros puntos de la geografía andaluza y española, además de muchos extranjeros. Da fe de ello el cronista oficial de Priego de Córdoba, Manuel Peláez del Rosal, que habla para EL CIRINEO de lo que supone la procesión de Jesús Nazareno en aquella ciudad. Es el Señor de Priego sin lugar a dudas y no es algo reciente. Ya en el siglo XVII escribió el franciscano Alonso de Torres en su Chrónica de la Santa Provincia de Granada de la Regular Observancia de N. Seráfico P. San Francisco que la imagen de Jesús Nazareno “es tan devota que no la ve criatura que no se aficione a su belleza”.

La imagen del Cristo llegó a Priego en 1592 y es obra de Pablo de Rojas, de la localidad jiennense de Alcalá la Real. Tiene pelo natural. En el siglo XVII se le hizo la primera túnica de vestir y en la actualidad posee varias “de terciopelo o tafetán, porque Priego fue un gran centro de producción serisícola”, es decir, de seda, según cuenta Peláez del Rosal. En 1855 se le confeccionó una nueva con terciopelo de Lyon con diseño de un extranjero apellidado Vitini y bordados de la sevillana Patrocinio López.

El Señor, que recibe culto en su capilla del siglo XVIII en la iglesia del antiguo convento de San Francisco, procesiona dos veces al año: el Viernes Santo por la mañana y en los Domingos de Mayo. En Semana Santa la procesión sale a las once de la mañana para llevar al Cristo a un monte cercano que se llama El Calvario. Durante la procesión el Señor recorre algunas de las principales calles de Priego como son Carrera de Álvarez, Ribera, Carrera de las Monjas, Palenque, Vereílla, Calvario, Amargura, Río, Mesones, Obispo Caballero y San Francisco. El paso sobre el que va la imagen cargada con la cruz es de madera tallada y dorada, obra del tallista Francisco Tejero, que lo hizo en 1942, y es portado por el pueblo, o lo que es lo mismo, que todo el que quiera puede ponerse bajo los varales de las andas pues no se lleva a costal sino sobre los hombros.

El inicio de la procesión es ordenado, con filas de penitentes que visten túnica morada y cubrerrostro blanco. Sin embargo, todo cambia al llegar al Palenque. Allí, el capitán de los llamados Soldados Romanos del Escuadrón manda el denominado paso redoblao. Es entonces cuando comienza la subida al Calvario, que es acompañada por miles de fieles de manera informal “y podría decirse frenética”, detalla Peláez del Rosal. El ritmo lento que hasta ese momento ha llevado la procesión se torna en marcha ligera y empiezan a correr con el paso sobre el que va el Señor, que no siempre va en dirección recta debido al caos al cogerlo y llevarlo sus portadores, por lo que a veces va hacia atrás, hacia los lados o se inclina incluso.

Esta subida al Calvario fue recogida en la película de Joselito titulada La Saeta del Ruiseñor, dirigida por Antonio del Amo en el año 1957, aunque no identifica la procesión con Priego sino con un pueblo ficticio llamado “Villalegre”. En la misma película se recoge el momento culminante de la jornada, que es la bendición que el Señor hace con su mano a las gentes allí congregadas. Además de la bendición, son destacables los momentos de la salida y entrada de la iglesia y el paso redoblao en el Palenque para subir al Calvario, hasta donde algunos penitentes suben con cruces de madera.

La hora de la bendición es sobre las 13.30 y es un momento de especial emotividad e intensidad que ya se vivía en Priego a mediados del siglo XVII, según escribe el cronista franciscano P. Torres, quien indica en sus crónicas que al Señor “vuélvenle su cara al pueblo y bendice sus casas y frutos”. Entonces la multitud de varios miles de personas vitorea a la imagen, cuenta a este periódico el actual cronista de Priego, que conoce bien el devenir de la corporación que rinde culto a la imagen más querida en Priego pues en 1993 publicó el libro Historia de la Cofradía y hermandad de Jesús Nazareno (1593-1993). Cuatro siglos de Historia Nazarena.

El Señor, que porta la cruz sobre el hombro izquierdo, bendice varias veces con la mano derecha mientras suena la Marcha Real. Y es que la música es un elemento que está presente durante toda la procesión, en la que se escuchan desde un campanero en solitario, hasta un conjunto de Miserere (quinteto de voz, púa y cuerda, violín, flauta) pasando por el dúo de Pestiñez y el Bacalao (tambor y corneta rajada), ‘Los chaquetillas colorás’ y una banda de cornetas y tambores llamada ‘Los Turutas’. Hasta el Calvario suben también en la actualidad los otros dos titulares de la cofradía, la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista con las tres Marías en su paso.

Jesús Nazareno ha subido muchos años al Calvario aunque haya llovido. De hecho, en algunos vídeos de los que circulan por Internet se ve al Señor rodeado de una capota de plástico deslizable para cubrirlo y dando la bendción y en fotos antiguas se le puede ver tapado por plásticos. Pero este 2018 ha sido bien distinto. La procesión, que estuvo a punto de suspenderse, salió finalmente pero tuvo que regresar al templo antes de tiempo, por lo que la bendición la hizo el Señor a las puertas de San Francisco.

Tras la bendición, cuando el Señor baja del Calvario para recogerse en torno a las cinco de la tarde, las filas de penitentes se recuperan en la calle del Río. El recorrido de la procesión suele ser siempre el mismo aunque “algún año llegó hasta la misma Fuente del Rey y antiguamente iba a la parroquia de la Asunción y a la iglesia de San Pedro”, explica el cronista prieguense, quien cuenta también que los emigrantes de la localidad que no pueden ir a su pueblo natal en Semana Santa viven su particular momento fuera de él. Por ejemplo, en la Pobla de Claramunt (Barcelona) los prieguenses que viven allí suben a un monte próximo el Viernes Santo “con nostalgia del pueblo de su naturaleza”, señala el cronista de Priego.

Una de las tradiciones que rodean a esta procesión es la de los hornazos. Se trata de un alimento propio del Viernes Santo. Su elaboración a base de harina, agua y sal, sin levadura, es muy sencilla y tradicionalmente corre a cargo de abuelas y madres que los elaboran como ofrendas para el Señor, a cuya bendición los llevan mayores y niños, que suelen regalar uno a los visitantes. El origen de esta tradición es muy reciente, ya que comienza a desarrollarse en el segundo tercio del siglo XX, aunque es a partir de los años 80 cuando aumenta su elaboración y consumo. Las formas más vistas son el cestito con una gallina o un cochino con el huevo cocido dentro. Cuando el Señor bendice al pueblo, los prieguenses levantan sus hornazos hacia la imagen.

Pese a la lluvia de este Viernes Santo, 2018 es especial para la hermandad de Jesús Nazareno, ya que celebra el 425 aniversario de su fundación y ha recibido la concesión por parte del Vaticano de un Año Jubilar que comenzó el 17 de Febrero pasado y en el que se van a desarrollar cultos y procesión extraordinarios, un encuentro de Centurias Romanas y de jóvenes cofrades, conferencias, un concierto y el congreso internacional de la advocación de Jesús Nazareno. Además, con motivo del Año Jubilar la hermandad ha puesto en marcha esta Semana Santa el ‘Hornazo solidario’ que venderá a 2,50 euros y cuya recaudación irá destinada a proyectos en Colombia de las Hijas del Patrocinio de María y en Huelva y Bolivia de los Hermanos Maristas de Priego de Córdoba.

https://youtu.be/IDSlnnryhB4

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