Ecologistas alertan de la “turbidez” del Guadalquivir que “lo aboca al colapso ecológico”

Panorámica del río Guadalquivir | MADERO CUBERO

La organización Ecologistas en Acción ha alertado este miércoles, y “dará traslado a la Comisión Europea”, de que la situación del Estuario del Guadalquivir “en cuanto a la turbidez de sus aguas no mejora”, y “no se están adoptando ninguna de las medidas de corrección recogidas en el informe de referencia sobre su situación”, lo que “lo aboca al colapso ecológico”.

En un comunicado, la organización ecologista ha advertido así de que “un estuario con el grado de turbidez que viene presentando el del Guadalquivir, durante tantos años ya, está condenado a la muerte ecológica”.

De esta manera, Ecologistas en Acción incide en que “esto tiene graves consecuencias para el mantenimiento de los servicios ecosistémicos, pero también para los económicos, que van desde la conservación de las zonas de alevinaje de las pesquerías del Golfo de Cádiz al mantenimiento de aguas de calidad para hacer viables la importante industria de piscifactorías que viene desarrollándose en sus orillas”.

Así, Ecologistas alude al citado informe de referencia sobre la situación del Estuario del Guadalquivir, coordinado por Losada y Sánchez, de la Universidad de Granada y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), respectivamente, que “supuso una de las mayores campañas de análisis y seguimiento de las condiciones fisico-químicas y biológicas del tramo final del río”.

Una de las principales determinaciones del informe científico fue que “la alteración física ocurrida en los últimos 100 años, mediante cortas, ciegue de brazos, limitación de llanuras mareales y dragados, han supuesto una alteración radical de la dinámica de mareas”.

El efecto de las mareas se ha visto “reforzado aguas arriba por el mayor calado y el acortamiento del cauce originado por todas estas actuaciones”. Se ha pasado de un calado medio de dos metros a uno de más de seis, y de un recorrido entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) de 120 kilómetros a uno de menos de 80 kilómetros, según explica Ecologistas.

La marea entra desde la desembocadura “con una fuerza inusual y remueve el fondo cada seis horas poniendo los propios sedimentos del río en suspensión, independiente de la carga de transporte que se origine en la cuenca como cabría esperar”, añade Ecologistas, que apunta que se trata de “un mecanismo intrínseco dependiente de la estructura física del estuario y que afecta al tramo que va desde Sanlúcar hasta la presa de Alcalá”.

Los sedimentos en suspensión provocan “turbidez, provocando que los procesos fotosintéticos del fitoplactón y la flora acuática se vean enormemente reducidos al no llegar la luz más allá de los primeros centímetros”. Estos microorganismos son “la base de la cadena trófica del estuario, con su reducción la productividad del estuario decae, y su colapso ecosistémico está cada vez más próximo”.

Desde Ecologistas destacan que el estuario es una Zona de Especial Conservación dentro de la Red Natura 2000 de la Unión Europea y, por tanto, “precisa de un plan de gestión que garantice su conservación, pero, sobre todo, la recuperación de todo su potencial biológico, que está lejos de lograrse si no se actúa”.

Ecologistas en Acción entiende que “la dejadez respecto a las actuaciones constituye una irresponsabilidad más grave si cabe, ya que el informe no se limitaba a diagnosticar, sino que también indicaba las actuaciones a emprender si se quería un estuario vivo”.

“Grave dejación”

Estas actuaciones “pasaban por revertir parte de las acciones que lo han llevado a esa situación”, según Ecologistas, que agrega que el informe “definía como viables los dragados de mantenimiento si se mantenía el control de variables estudiadas en balizas para su reevaluación, que no se está realizando por el abandono de toda la infraestructura de balizado”.

Así las cosas, Ecologistas en Acción “trasladará a la Comisión Europea esta grave dejación que está condenando a la pérdida de la calidad ambiental del estuario y que se relaciona directamente con la reducción de la capacidad productiva de actividades económicas dependientes de una buena calidad de sus aguas”, como “caladeros, piscifactorías y arrozales”.

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