Chano y Josele: excusas para la improvisación

Chano y Josele, anoche | TONI BLANCO
Chano Domínguez y Niño Josele, por primera vez juntos en Córdoba, ofrecieron ayer en el Gran Teatro un concierto sin pretensiones para presentar su último disco 'Chano & Josele', producido por Fernando Trueba

Dijo Paco de Lucía sobre la cualidad de los encuentros de fusión y sus efectos sobre la música: “La fusión puede dar resultado, aunque yo no creo en ella. En mis trabajos con Larry Coryell, John McLaughlin, o Al DiMeola, la música no era flamenco ni jazz, era una fusión de músicos más que de música”. Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar nunca abandonaron su orientación musical originaria, la estética flamenca, al igual que Chano y Josele, pianista autodidacta uno y guitarrista flamenco el otro, que con raíces sentimentales flamencas se embarcaron en aventuras artísticas de jazz en solitario y acabaron encontrándose por iniciativa de Fernando Trueba, quien les ha producido su último disco Chano & Josele.

Abre el concierto Django, homenaje al gran guitarrista Django Reinhardt compuesto por el pianista John Lewis para el Modern Jazz Quartet. Piano contra guitarra más tirando a jazz que a flamenco, con una impronta de improvisación que parece estar presente en todo el disco. “Música del siglo XXI -dice Chano- para la que los periodistas os tendréis que inventar alguna etiqueta nueva”. En efecto sería imposible hablar de género musical más allá del eclecticismo con que compadrean sus respectivos estilos. Como dos buenos actores secundarios que se entienden en escena sin llegar a la excelencia de un papel protagonista.

Ni uno hace pop ni el otro rock, pero el concierto sigue con Because, versión de la canción

de Lennon y McCartney, con esa curiosidad por lo distinto que predispone al encuentro con otros músicos y sus músicas. A Josele, cuando grabó Paz -su primer escarceo en el jazz- le decían los flamencos ortodoxos: “¿Y tú para qué haces esto con lo bien que tocas la soleá?”. “Porque me gustan Bill Evans, Charlie Parker y John Coltrane”, respondía, “yo me pasé dos años escuchando jazz, no lo entendía, era como si me hablaran chino y cuando hice el disco sólo dos personas me dieron ánimos para seguir: Enrique Morente y Paco de Lucía”.

Su atrevimiento se incrementa con Je t’attendrai, variación del tema de de Michel Legrand para la banda sonora de Los paraguas de Cherburgo. Aires de funk y esa primera influencia común en Bill Evans, que Josele descubrió cuando andaba por los 30 y le hizo meterse de cabeza en el jazz. Con Flamenco Sketches (1956), Bill Evans y Miles Davis desarrollaron las primeras transgresiones basadas en la explotación de la estética flamenca por parte de jazzistas, así como

Miles Ahead, Lionel Hampton, John Coltrane o Charlie Mingus. Aquello, como el piano de Chano, no era fusión, sino más bien asimilación de elementos del flamenco y su duende por parte de músicos que entraron en él por feeling o afinidad electiva.

Chano se levanta y presenta otro pacto del dúo con Trueba para el disco: cada uno tocará una canción del otro -y añade- intentando no destrozarla. Josele arranca con Alma de mujer, un tema de Chano Domínguez de corte muy flamenco que interpreta con buena voluntad; técnica correcta; y un guitarreo final anhelando la ovación con que el público siempre aplaude los grandes aspavientos. Chano se atreve con ¿Es esto una bulería? al piano solo, y se convierte en un Bill Evans disfrazado de duende que improvisa el final con su libre albedrío. Es un reto lograr identidad, personalidad y un sonido propio, pero la técnica de Chano sorprende y su versión resulta agradable y rítmica.

El concierto acaba con blues, bolero, tango y bossa, repleto de guiños a grandes compositores brasileños en temas como Two for the road de Mancini,Lua Branca de Gonzaga, y Luiza nueva versión del tema que hicieran en su día el violinista Federico Britos y el pianista Bebo Valdés en Beautiful music, producción de Calle 54. Chano lleva, sin duda, la batuta y mayor parte del peso musical en este dúo, pero no olvidemos reseñar lo difícil que resulta para un instrumento como la guitarra clásica competir con el piano si el intérprete no posee un gran conocimiento de la armonía.

Dediden acabar con un bis dedicado a Paco de Lucía, al que ambos consideraban maestro y amigo. Josele, que lleva una foto de Paco en su guitarra, comienza a tocar, visiblemente emocionado, Canción de amor ya sin miedo a la crucifixión purista o las carencias musicales propias. Como parte de toda una generación de jóvenes que vieron estimulado su trabajo creativo por la fuerza transgresora de Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar.

Sin dejar finalizar el aplauso del público, Josele arranca un segundo bis, empujado sin duda por sentimiento y entusiasmo. Chano, que conoce bien al público asiduo a sus conciertos, le acompaña improvisando al piano, “Es un ejercido de libertad total -dice-, de sentir tú que a través de tu instrumento puedes decir lo que quieras y nadie te va a decir nada, al contrario”. No se equivoca, el éxito comercial resulta indiscutible y Chano se convierte en ese Charlie Parker realista que retratara Julio Cortázar en El Perseguidor:

“Y no es culpa tuya no haber podido escribir lo que yo tampoco soy capaz de tocar. Cuando dices por ahí que mi verdadera biografía está en mis discos, yo sé que lo crees de verdad y además suena muy bien, pero no es así. Y si yo mismo no he sabido tocar como debía, tocar lo que soy de veras... Ya ves que no se te pueden pedir milagros”

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