En Capuchinos, Paloma de Paz

Besamanos a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza | ÁLEX GALLEGOS

Desde primeras horas de la mañana, decenas son las personas que acuden a la plaza empedrada. Lugar emblemático, estampa reconocible, el Cristo de los Desagravios y Misericordia, o de los Faroles, aguarda. Lo hace siempre, pero especialmente cada año cuando la Semana Santa tiene su comienzo ya próximo. En Viernes de Dolores, una marea humana recorre las estrecheces desde Conde de Torres Cabrera y Bailío para llegar a la blancura de este espacio. Devoción a caudales acoge la iglesia hospital de San Jacinto, donde centenares y algún que otro millar de fieles veneran a Nuestra Señora de los Dolores. Un fervor que también es expresado en la vecina iglesia conventual del Santo Ángel. Esta vez para mostrar su fe a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza. De Capuchinos es Paloma.

La religiosidad popular es incontenible este día, por muy oscuro que pueda estar el cielo -como ocurre en esta ocasión-, en la plaza de Capuchinos. Largas colas se dan desde media mañana siempre en este rincón, donde Nuestra Señora de la Paz y Esperanza espera a una multitud de cordobeses. Como sucede cada año en Viernes de Dolores, la imagen que tallara Juan Martínez Cerrillo permanece expuesta en besamanos. Un devoto acto para el que, este 2018, la talla luce nueva saya. Es la que donara su cuadrilla de costaleros y su equipo de capataces y que fuera bendecida el pasado 10 de marzo.

Se dibujan palomas y buganvillas en la prenda de la Virgen, diseñada por Rafael de Rueda y ejecutada en los talleres del ecijano Jesús Rosado. El besamanos a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza se prolongará durante todo el día. Una jornada ésta en la que el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, también oró a las plantas de la Virgen del Santo Ángel. El prelado también dedicó rezos a Nuestro Padre Jesús de la Sangre y Nuestra Señora Reina de los Ángeles, titulares de la cofradía de la Sangre, con sede en el mismo templo.

Etiquetas
stats