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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Y si la Luna…

Y si la Luna...

Ana Fernández

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EE.UU. quiere volver a la Luna en una misión tripulada. La Artemis 2. Para primeros de abril han anunciado el lanzamiento del cohete y su cápsula, que no será como las de café. “¡Despierta, Ana, despierta!”, me dice Soko, compañera de estudios, cotizada escritora de guiones. ¿No te das cuenta de cómo están desplegando las armas del aturdimiento?“. Contesto que no sé bien a qué refiere, que estoy bastante feliz con mis series y la divertidísima escritura de Las jefas, novela de Esther García Llovet, una grande de las letras y así constará en el canon de las décadas venideras. 

“El mundo -añade-, desangrándose en guerras, vapuleado por el caos. Una minoría ha trucado y maneja el sistema, para enriquecerse obscenamente. Trilerismo criminal. Les dejan. Cunde una sensación de impotencia. Un sabor metálico de derrota. Las miradas, lógicamente, enfocan a la Tierra. Pero, ¿y la Luna?”, pregunta abriendo mucho los ojos, que miran al cielo. “Con el escenario internacional en llamas -prosigue en modo río-, quién iba a pensar que, delante de nuestra cara, a lo peor van a robarnos, a conquistar y a monetizar nuestro satélite, patrimonio universal lunar (PUL). ¿Permitiremos que la potencia del nuevo matonismo, sus aliadas y las corporaciones amigas se lo merienden?”. Ya se ha venido arriba, pienso. Quiero ponerme un té y paladear ese queso alto en proteínas que dicen tan estupendo para no perder la masa ósea y la muscular que los años y las hormonas quitan. La amiga guionista continúa lanzando preguntas retóricas y dice que sí a un café americano con leche de arroz. Veo que estamos preparadas para hacer vida en una colonia lunar. ¿O mejor no? Quiero decir que ni querríamos ni pasaríamos el control de pasaportes ni el escrutinio de hipotéticos ICE o islas Ellis.

Ahora sí. Despierto (no literalmente, que estoy despierta) y entro en el tema. “Lo que no puede ser, Soko, es que lleguemos tarde: que la imposición por la fuerza y su carcajearse de la ONU, de la comunidad internacional y sus convenios lograsen, de hecho, quedarse con territorios y recursos de la Luna. Hay que exigir a tiempo y firmar acuerdos internacionales sobre lo que se puede hacer y lo que no; y cumplirlos, claro. Han gastado millonadas en la nueva misión. Existe competencia entre países con enorme poder económico y tecnológico. EE.UU. plantea construir una base lunar… Cuando queramos caer en la cuenta se han repartido la Luna y la han tapizado y excavado de explotación, defensa, espionaje, secretos, turismo de lujo, robots, vehículos autónomos, drones, ojos-Palantir que todo lo ven”. Ella sonríe porque me ha llevado a su terreno apocalíptico, que, por otra parte, tampoco anda lejos de mi paisaje mental. 

Voy a la estantería y traigo el ensayo Misión economía, de Mariana Mazzucato, sobre el modo en que la carrera espacial moldeó el capitalismo en el último tercio del siglo XX y la urgencia de innovar para transformar el que tenemos (o padecemos). Toneladas de dinero público sirvieron para desarrollar la industria aeroespacial y la sociedad de la información (y de la entonces futura manipulación digital) a partir de una red de comunicación, Internet, la www, creada inicialmente para uso militar. Mi amiga comenta que habría que ver en profundidad qué se está cociendo ahora. “Ha sido aterrador, daba miedito, no me lo niegues, que la señora Trump abra una cumbre acompañada por un robot de trazas humanas, aliñando todo con loas al desarrollo tecnológico y el empleo de la bendita IA, que será bendita si la usamos éticamente”. 

“Fíjate -me dice- la acidez disparatada de Luciano de Samósata y la ficción de Verne viajaron a la Luna”. Tiempo después, en 1969, los EE.UU. llegaron al satélite. Nos contaron -añado-, con la archisabida frase, que había sido un gran paso para la humanidad. Otro astronauta, gremio que se muestra reflexivo y sabio, dijo que, al llegar a la Luna, lo que se descubre es la Tierra, su bella vulnerabilidad en medio del espacio. “Es nuestro nido común. No hay otro. No existe un plan B para nuestro planeta. Desconfiemos de los señuelos, de las maniobras de distracción de sus expoliadores, gente de espaldas a la emergencia climática y el calentamiento global. La Tierra, un nido azul con su Luna blanca”. Y en esa retahíla nos explayamos. 

Soko comenta que nos estamos poniendo trágicas, que ensayemos lo cómico-dantesco. “Quieren que pongamos los ojos en cohetes espaciales y cerremos los párpados a la amenaza nuclear y a la realidad de los nuevos genocidios. Que nuestra imaginación se pierda en la inmensidad aún vacía de las regiones lunares, el Mar de la Tranquilidad, los metales, los basaltos, y no se ofusque en el estrecho de Ormuz. O que nadie ponga el grito en la galaxia si la multinacional del comercio aluniza su logotipo y su división de turismo, se organizan festivales de la cerveza en Seleneland y un presidente sin filtro ni freno quiere esculpir su rostro en la ladera de honor de la Luna”. Hemos visto y leído mucha ciencia ficción, afirmo. Risas. Puede que risa nerviosa. También de esa. 

Vamos a leer algo poético, ancestral. Sirvámonos más té. Traigo El libro de la Luna. Historia, mitos y leyendas, de la astrónoma Fatoumata Kébé. Las tres diosas: Artemis, Selene y Hécate, la luna creciente, llena y nueva. Relatos de culturas milenarias de distintos continentes. Avanza la noche. La Luna hace su trabajo. Nos dormimos en el sofá. Yo creo que sueño con Un mundo feliz, cantada por Masiel y Rodrigo Cuevas, y Space Oddity, de Bowie. A Soko la veo más de Rosalía o de darle vueltas a Proyecto Salvación, la última de Ryan Gosling, que va de salvar el Sol, de afrontar la soledad y saberse parte de una comunidad en el tiempo y la Historia. 

Es muy tarde, de madrugada. Las dos amigas tenemos el símbolo lunar, el arco de plata, en nuestras cabezas. Como diablas. ¡Y han vuelto a cambiar la hora! 

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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