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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Paleobull

Raquel Welch en Hace un millón de años y barritas Paleobull

Ana Fernández

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La OMS habla y nosotros ponemos toda nuestra atención. Nos va la salud en ello. Recientemente ha alertado sobre los edulcorantes, clase, así en general, que levanta sospechas, pues la edulcoración como figura retórica desdibuja situaciones injustas y a personas perjudicadas. Pero no voy a desviarme, que el propósito es tratar la cuestión relativa a una larga lista de sustancias que endulzan sin ser azúcares y que el sentido común ya dice que es imposible que hagan por nosotros tareas como seguir una dieta sana, hacer ejercicio y situar bajo control médico problemas de salud, si se tienen.

El sistema capitalista traslada constantemente el foco, la llave, la causa, la solución, la madre del cordero, la responsabilidad, la puerta, la esperanza, la alegría, al lugar donde no están realmente ninguna de estas cosas. (La iluminación me sobrevino en Londres tomando una pinta en el pub que frecuentaba Carlos Marx). Esa tendencia perversa afecta a cómo la sociedad puede llegar a recibir una necesaria advertencia de la OMS sobre los edulcorantes. Lo mismo al rebaño nos da por pensar que constituyen el gran problema (cuando hay estómagos hambrientos y cestas de la compra que parecen un robo); que podría ser que todos los edulcorantes sean siempre malos; que nos quedamos sin alternativas para las personas diabéticas… Más la dosis de temor, confusión, ascuas arrimadas a la sardina y bla-bla-bla.

Lo cierto es que estábamos en nuestro sueño de barra libre de moléculas que tienen las ventajas del dulzor y supuestamente no engordaban ni eran malas para la salud, cuando la OMS ha hecho bien en despertarnos.

La cuestión es hasta qué punto estamos dispuestos a elegir la lucidez en temas cotidianos que nos están moldeando la vida y de qué manera.

Nunca los alimentos procesados debieron tener tanto peso ni estar diseñados como lo están. Nunca la humanidad debió considerar el hambre y la desigualdad atroz respecto al ejercicio de los derechos de la alimentación como un problema enquistado con el que se puede convivir a través de los siglos. Nunca el ser humano debió dejar de escuchar su sabia voz interior respecto a la necesidad esencial de estar en armonía consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza.

Si se come mal, si se trabaja y se vive en condiciones manifiestamente mejorables, y aquí no pasa nada porque nos hemos acostumbrado a las precariedades, tenemos un problema. Por eso, hay que agitar el árbol para recolectar cambios y nuevos puntos de vista, redes ciudadanas y actuaciones.

En mi personal pequeño experimento sobre alimentación y edulcorantes he probado esta semana unas barritas tentempié 100% naturales, del tipo que, por fortuna, está creciendo en nuestro entorno. Enlazan con la cultura de la dieta paleo, que reconstruye la paleolítica (a mí esta cuestión ni les suma ni les resta): son de la marca Paleobull, se fabrican en Palencia y las consumen deportistas de élite como Lydia Valentín y Carlos Alcaraz.

Se siente la saciedad de las proteínas (clara de huevo o guisante), de los dátiles y los frutos secos, y si llevan fruta deshidratada no se le incorpora azúcar en el proceso. Mejorar en algo es más fácil de lo que se piensa. Basta analizar alternativas y dar el primer y revolucionario paso.

 

Nota: Las menciones a marcas y productos no llevan aparejada ninguna contraprestación

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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