Coger apuntes

¿Recuerdan cómo se le quedaba la mano después de las clases de historia? ¿A que no se han olvidado de aquel profesor de Filosofía que no paraba de hablar y hablar desde el minuto 1 al 60? Bien, pues que sepan ustedes, queridos adultos de hoy en día, que ya los estudiantes no cogen apuntes. Estoy seguro de que todos los chicos terminan el curso con el mismo boli con el que lo empezaron (si no lo mordieran, algo que hacen todos sin excepción. Me he preguntado seriamente si están buenos).

Soy consciente de que mis clases distan muchas de las magistrales tradicionales en las que el profesor entraba, decía buenos días, como mucho, y se ponía a contarnos su película sin pestañear. Aunque creo que captar la atención de la mayoría de los alumnos, es una tarea que se me da muy bien, a veces me he preocupado por su tirria al boli. ¿Seré yo? Pues no. Preguntando a compañeros resulta que es lo normal. Los chicos solo cogen los bolígrafos para corregir algún problema numérico, como mucho.

En alguna ocasión me han pedido permiso para poner una grabadora, algo que me incomoda, pues no saben la de burradas (qué le voy a hacer, soy de la Fuensanta) que suelto a la hora: si alguno se olvida de un concepto clave, si se equivoca en un cálculo sencillo, si directamente está pero no está...; pero eso de tomar apuntes nada. Ni siquiera poniendo mi cara de científico, dejando un par de segundos para hacerme el interesante y levantando el dedo como si me fuera a caer un dónut, son los tíos capaces de agarrar el puñetero bolígrafo para apuntar la gran verdad que estoy a punto de decir. Insensatos.

Etiquetas
Publicado el
2 de abril de 2014 - 02:01 h