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Sobre este blog

Javier Jiménez (Córdoba 1976) es un empresario cordobés con más de 25 años de experiencia en los que ha iniciado proyectos de todo tipo en diferentes sectores. Futurista empedernido y adicto a la búsqueda y desarrollo de oportunidades y alianzas estratégicas tanto en el ámbito nacional como internacional. Un líder creativo y optimista con excelentes habilidades para el desarrollo de productos innovadores y mercados basados en tecnología. Actualmente dirige la empresa Grayhats en la que hace consultoría estratégica y de ciberseguridad.

Tecnología y exclusión

Photo by Sina HN Yazdi

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Ya hemos comentado aquí varias veces que la tecnología es muy buena creando desigualdades. Proporciona "una ventaja injusta" en cualquier competición a quién sabe usarla, como si en una carrera para el desarrollo de una vacuna unos equipos tuviesen microscopios y otros no. El dilema surge cuando tratamos de eliminar esa desigualdad. Permitimos los microscopios? O los prohibimos.  

Si miramos un poco atrás, hubo un tiempo donde la tecnología era “exclusiva” fundamentalmente por dos motivos; uno era su precio, para poder jugar con ella se requería una inversión significativa probablemente de varios cientos de miles para empezar a hablar. El segundo era la dificultad de acceso al conocimiento necesario para su dominio. 

Hoy en plena era de la información, los servicios cloud, mediante los cuales se puede acceder a casi cualquier sistema de cómputo de información sin necesidad de inversión y por menos de 1€ la hora, han solucionado buena parte del primero; e internet, donde se puede acceder a cualquier contenido gratis o casi, ha solucionado el segundo. 

La tecnología se ha convertido en un bien común, sólo que no todos saben sacarle el mismo partido.

Esta "democratización", ha hecho que la tecnología sea a las empresas lo que el oxígeno para los humanos. Nos rodea en abundancia pero hasta que no la respiramos no somos capaces de extraer energía o valor de ella. En un mundo marcado por la competitividad, la ventaja de los que saben respirar sobre los que no, es grande, injusta y casi siempre definitiva.

Entonces, ¿cómo hacemos para que la tecnología no cree desigualdades?

Puesto que el problema no está tanto en el acceso sino en el buen uso y saber hacer, para mí la clave está en la formación continua. Y aquí, con la iglesia hemos topado.

 ¿Una persona adulta de más de 30 aprendiendo algo nuevo? "La gente estudia para conseguir trabajo y yo ya tengo uno!". Me dijo una persona en cierta ocasión. Sí, lo has adivinado, esta persona tiene ahora más de 50 y está en paro. Ahora está frustrado y culpa de su desgracia a “los políticos”, al capitalismo, y por supuesto, a la tecnología. A este le hubiese venido bien que se prohibiesen los microscopios

Yo soy un libertario, pero para que esto no ocurra tal vez "los políticos" deberían imponer formaciones obligatorias "de actualización y repesca", no sólo en tecnología por supuesto, para adultos por ejemplo, una a los 40 y otra a los 60. Todos al pupitre otra vez. Quien no se matricule o suspenda pierde derechos como el apreciado derecho a la queja, paro o pensión. Es sólo una idea.

La tecnología es una herramienta muy buena para hacer que el mundo avance y al mismo tiempo, también es una herramienta muy buena excluyendo a los que se quedan cómodamente sentados y no avanzan con el mundo.

Justicia divina tal vez.

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Javier Jiménez (Córdoba 1976) es un empresario cordobés con más de 25 años de experiencia en los que ha iniciado proyectos de todo tipo en diferentes sectores. Futurista empedernido y adicto a la búsqueda y desarrollo de oportunidades y alianzas estratégicas tanto en el ámbito nacional como internacional. Un líder creativo y optimista con excelentes habilidades para el desarrollo de productos innovadores y mercados basados en tecnología. Actualmente dirige la empresa Grayhats en la que hace consultoría estratégica y de ciberseguridad.

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Publicado el
9 de julio de 2021 - 06:01 h
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