Cuando ruge la marabunta

Cuando escribo estas líneas, los medios de comunicación dan cuenta de la importante temporada de lluvias que llevamos, que se refuerza con la semana que ahora acaba, también intensa de precipitaciones. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha empezado a desembalsar agua de los pantanos y el río Guadalquivir vuelve a mostrar su ancho cauce, incrementando su caudal de forma amenazante para la ciudad. Bueno, alguien pensará, que para la ciudad, no, sino para aquellas parcelaciones levantadas en zona inundable, de forma irregular, consideradas como una plaga a las que les está bien empleado los que les pueda pasar.

Tras las riadas de 2009 y 2010, que tanto daño causaron, nada ha cambiado. Los propietarios de las parcelas de la Altea, Guadalvalle, Fontanar de Quintos, … han vuelto a ocupar sus casas, y han recuperado una vida más o menos normal. La Plataforma de afectados por las inundaciones se han puesto al frente de un proyecto de 7.000.000 de euros que ninguna administración está dispuesto a sufragar, y la prometida continuación de la remodelación del cauce del río sigue dormida en un cajón del Ministerio de Medioambiente. Lo cierto es que de nuevo hay una amenaza para una parte de nuestro vecindario, sin que parezca que haya más solución que desalojar las viviendas cuando el peligro se haga inminente.

Tengo la sensación de que esta "plaga" de parcelaciones que ha asolado la vega del Guadalquivir, incluyendo el cauce del mismo, son, para algunos, nuestros dirigentes entre ellos, como esas hormigas de "Cuando ruge la marabunta", de Byron Haskin, que devoran el suelo que encuentran a su paso y que solo pueden ser aniquiladas mediante la rotura de una presa que se las lleve por delante. Ninguna medida de las que establece el dueño del latifundio (Charlton Heston) consigue frenar su avance, y opta por la decisión drástica de que sea la naturaleza, que no lo humano, la que exija recuperar el terreno que era suyo. De igual manera, parece que estemos esperando a que un día el río acabe por arrastrar las viviendas irregulares, sin darnos cuenta de que detrás hay dramas personales.

En esta dura situación sorprende que a Mr. Chance Nieto se le haya ocurrido, en su búsqueda de enfrentamientos con la Junta de Andalucía, reabrir la posibilidad de darles servicios básicos, lo que consolidaría los núcleos ya existentes. Los peperos tienen mucho que agradecer a los parcelistas desencantados de las promesas de Cleopatra Aguilar, que contribuyeron, y mucho, a la victoria electoral, bien votando directamente a los de la gaviota, bien dándole su voto a Ciudadano Gómez. Pero lo cierto es que solo desvía la atención, pues, en estos veinte meses de mandato, desde el gobierno municipal no se ha hecho nada para asegurar lo fundamental: la seguridad y la vida de esas personas; porque son personas... y no insectos.

Edgar H Martín se ha entretenido mientras en anunciar que vamos a recalificar terrenos inundables propiedad de Tremón en la zona del Arenal. De acuerdo en que será una operación, cuestionable, pero legal,  sin embargo, no deja de ser paradójico que se juegue con la inundabilidad de los terrenos y que se demuestre claramente que hay dos varas de medir en Capitulares, según quien sea el que haga la petición. En cualquier caso, finalmente tendrá que ser la Junta de Andalucía, o sea PSOE e IUCA, la que tendrá que mojarse, nunca mejor dicho, en este asunto. Los partidos de la izquierda sufrieron durante su gobierno lo que significa una ríada y, por ahora, no han sido capaces de aportar soluciones reales alternativas.

A favor de los peperos, hay que señalar que han sido capaces de recuperar el convenio con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para la regulación de cuatro arroyos con el fin de evitar que se desborden con facilidad. Ese convenio había quedado a medio desarrollar, al no haber aportado el Ayuntamiento la partida a la que se comprometió debido a las dificultades económicas agudizadas por la crisis de ingresos municipales. En ocasiones, en zonas plenamente urbanas, las inundaciones se han producido por la falta de cuidado de la red de arroyos, tal y como se demostró hace unos meses en san Rafael de la Albaida.

En cualquier caso, cuando alguien espera que sea la naturaleza quien imponga su ley, ha de saber que, como le pasó al protagonista de la película, puede perder mucho más. El terrateniente destrozó su plantación entera y se perdieron muchas vidas de indígenas. Es de esperar que, en nuestro caso, pase lo que pase este fin de semana, o el próximo, alguien decida poner fin a este desgobierno.

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9 de marzo de 2013 - 07:00 h