La prima africana

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Llegó como el Gurb de Mendoza, sin que nadie la esperase y cuando ya había comenzado el Apocalipsis, como esas primas lejanas que nos presentan en la boda de un  familiar.

-Es sobrina del tío Enrique, el de la frutería, cuando erais niños jugabais  juntos los veranos en la parcela de los abuelos. Va a quedarse con nosotros una temporada, se ha matriculado en el Conservatorio.

Te esfuerzas en recordar y la miras con curiosidad buscando ese gesto, una entonación, un movimiento que os hermane. Parecía una ocurrencia, estábamos todos pendientes del zarandeo que el nuevo gobierno municipal podía dar a la herencia ociocultural del 2016 y se descuelga con una nueva cita, el Festival de Cine Africano. La recibimos extrañados, no sé nada de cómo ocurrió aquello, ni de los avatares de sus gestores, lo cierto es que vino desde Tarifa y parece que para quedarse.

Todo eso ahora me da igual, veo lo que hacen y pienso que creen en Córdoba, que por azares del destino pueden convertirse en ese espejo en el que debemos decidir si realmente queremos ser lo que decimos ser. África es mucho más que el mediterráneo, pero también es el mediterráneo, el diálogo que invocamos, la alteridad, el futuro. Su llegada, desvinculada de la cultura y las organizaciones de la ciudad en una Córdoba con un sector audiovisual casi inexistente, no resultaba fácil, pero veo que están trabajando con las organizaciones de solidaridad, con creadores locales y en los espacios públicos, están en los barrios educando a nuestros hijos en la tolerancia y la curiosidad. Una pena ese incidente con la Filmoteca de Andalucía que nunca debió ocurrir, con los poquitos que somos…

África es mujer, veo en el Festival muchas historias de mujeres y a  mujeres en la organización convenciéndonos de que seremos mejores si nos dejamos seducir por un cine distinto, y sólo eso debía bastar para verlo de otra manera, con una confianza especial. Apenas tenemos sector audiovisual, pero tenemos inquietud, historia compartida, y creo que ganas de ser diferentes. Ellas están haciendo lo que tienen que hacer, pero veo a la ciudad despistada (cuando te están zarandeando pierdes capacidad de concentración) sin ser consciente de que este festival no es una actividad más, puede ser uno de los asideros con el que levantarnos de la lona, una forma de salir a la intemperie y superar nuestra agorafobia. Todo el que visita África dice que ya nada vuelve a ser igual, y sólo por vivir ese desvarío deberíamos volcarnos con esta prima africana que se nos apareció un día, hace ahora dos años, por sorpresa.

Nota: Escena de La bicicleta verde, de la directora saudí Haifaa Al Mansour

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15 de octubre de 2013 - 06:48 h